Visitar Moscú bajo cero grados

No importa si el termómetro marca hasta 35 grados bajo cero, no hay que quedarse en el hotel. Yates

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diciembre 10 de 2010 - 11:56 p.m.
2010-12-10

Cuando en Moscú no hay forma de librarse de una ola de frío, con temperaturas de hasta 35 grados bajo cero, no hay que quedarse en el hotel. Yates rompehielos ofrecen la posibilidad de viajar por el congelado río Moscova y descubrir la ciudad.


De esta manera, se goza de una visión diferente de la capital rusa, y los visitantes se sienten poco menos que exploradores del Ártico, pero con confort y seguridad.


‘Ferdinand’, ‘Scarlet’, ‘Bon Voyage’, ‘Celebrity’ y ‘Capella’ son cinco níveos barcos de paseo construidos con inversión privada en Turquía, con capacidad de abrirse paso entre los hielos, lo que permite la navegación por el Moscova durante todo el año, cuando antes sólo era posible de abril a octubre.


Cada buque tiene capacidad para 200 pasajeros, a los que ofrece durante dos horas y media una cita romántica con la ciudad, que se revela totalmente diferente, enigmática, fascinante y elegante, incluso para aquellos que creían conocerla bien.


La idea surgió como parte del proyecto de reconstrucción del histórico hotel Ucrania, uno de los siete rascacielos estalinistas de la capital rusa, de 29 plantas y 200 metros de altura, en su día uno de los más altos de Europa, que ahora ha sido reformado y se acaba de sumar a la cadena Radisson Royal.
El propósito de los autores del proyecto era encontrar una alternativa a los vetustos y oxidados barquitos que desde hace años pasean a moscovitas y turistas por el río en verano. Además, aprovecha las particularidades del legendario invierno ruso para ofrecer a sus clientes una diversión tan tradicional como los paseos en la nieve en trineos tirados por caballos o perros.


En esencia, el objetivos es brindar a moscovitas y turistas una diversión tan habitual y obligatoria como las que ofrece cualquier ciudad europea con agua, desde París y Londres, atravesadas por sus respectivos ríos, hasta Venecia y Amsterdam, perforadas por los canales.


Desde el amarradero del hotel Ucrania en el malecón del Moscova, cerca de la plaza de Europa y de la estación de trenes Kíevskaya, una de las nueve de la capital rusa, el yate rompehielos se dirige hacia la Casa Blanca, actual sede del Gobierno y antiguo Legislativo de Rusia, bombardeado por el Ejército en 1993 durante la rebelión parlamentaria contra el primer presidente ruso, Borís Yeltsin.


Siguiendo los meandros del río, el itinerario va luego del oeste de Moscú hacia el sur; luego, hacia el este de la capital rusa, hacia el estadio olímpico de Luzhnikí, el rascacielos de la Universidad Estatal Lomonósov, las Colinas de los Gorriones (antes, de Lenin) y el legendario Monasterio de las Doncellas, donde se encuentra el histórico cementerio que acoge las tumbas de los personajes más ilustres de Rusia, desde el escritor Nicolás Gógol hasta el dirigente soviético Nikita Jruschov.


Rompiendo el hielo, el barco pasa luego frente a la Casa del Pintor, que alberga una filial de la galería de arte Tretiakov, y a lo largo del parque de recreo y atracciones Gorki. Aquí, junto a la montaña rusa -llamada en este país ‘americana’-, se expone uno de los símbolos de la conquista del espacio, la nave soviética Burán, símil de los transbordadores cósmicos norteamericanos que hizo su único vuelo orbital en noviembre de 1988.


La ruta pasa luego junto al monumento al zar Pedro el Grande, una de las faraónicas obras del escultor ruso-georgiano Zurab Tsereteli -la tercera estatua más alta del mundo, de 96 metros de altura-, y la emblemática Catedral de Cristo Salvador. Este templo es el mayor de la Iglesia Ortodoxa Rusa, erigido con donaciones del pueblo para honrar la victoria sobre Napoleón en 1812, luego destruido tras la revolución bolchevique de 1917 para ser convertido en una piscina al aire libre y, finalmente, reconstruido tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991.


Siguiendo los contornos del río, se abre ante el navegante un fascinante panorama del conjunto arquitectónico del Kremlin, con una singular vista de sus catedrales, del Gran Palacio, del Campanario de Iván el Grande y de las cúpulas multicolores del templo de San Basilio.


Después, el yate pasa junto a otro de los rascacielos estalinistas, ubicado en el malecón Kotélnicheskaya, para dirigirse hacia el punto de retorno situado frente al monasterio Novospasski, donde yacen los antepasados de la dinastía de los Románov y que en 1918 fue convertido en uno de los primeros campos de concentración del régimen bolchevique.

 

16 puentes vestidos con nieve son cruzados por los yates durante su recorrido por el río Moscova.

 

 

Cuatro viajes diarios

 

Cada yate, capaz de romper hielos de hasta diez centímetros de grosor, la media del Moscova durante el crudo invierno moscovita, ha costado dos millones de dólares, tiene 50 metros de eslora por 9,5 de ancho y puede alcanzar una velocidad media de 10 nudos (18,5 kilómetros por hora).
Los yates realizan cuatro viajes diarios (cinco los fines de semana), durante los que, por un precio adicional, los turistas pueden recibir un exquisito almuerzo o cena y elegir bebidas a su gusto en el bar.

 

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