Xi Jinping ha cambiado la fórmula ganadora de China

Las tres revoluciones del país han sido revocadas por su ‘hombre fuerte’.

Xi Jinping

Xi Jinping está conduciendo a su país hacia nuevas direcciones radicales y arriesgadas.

Internacional
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Portafolio
junio 04 de 2016 - 12:46 a.m.
2016-06-04

La política en Occidente es actualmente tan dramática que China puede tener la apariencia de ser un país relativamente serio y estable en comparación. Pero esa impresión es engañosa. Xi Jinping está conduciendo a su país hacia nuevas direcciones radicales y arriesgadas.

Si las nuevas políticas del Presidente tienen éxito, la era Xi se recordará por el logro de su frecuentemente declarada meta de un “gran rejuvenecimiento” de la nación china. Pero si los experimentos de Xi no funcionan, es probable que su legado sea la agitación política, el estancamiento económico y la confrontación internacional.

Lo que Xi ha hecho es esencialmente abandonar la fórmula que ha impulsado el crecimiento de China durante los últimos 30 años. Deng Xiaoping creó esa estrategia después de llegar al poder a finales de 1978, y sus sucesores la refinaron posteriormente. La fórmula consistía de tres ingredientes claves: los políticos, los económicos y los internacionales.

Con respecto a la economía, Deng y sus sucesores hicieron énfasis en las exportaciones, la inversión y la búsqueda de un crecimiento anual de dos dígitos. En política, China se apartó del modelo carismático y dictatorial creado por Mao Tse-tung y se enrumbó hacia una dirección colectiva. Y en asuntos exteriores, adoptó un enfoque modesto y prudente en cuanto al mundo que llegó a ser conocido coloquialmente en Occidente como “ocultar y esperar”, inspirado en el famoso consejo de Deng dirigido a sus colegas de “ocultar las capacidades, esperar el momento oportuno”.

Tres grandes cambios de política

Bajo Xi los tres ingredientes claves de la fórmula del Deng han cambiado. En cuanto a política, China ha vuelto a un modelo basado en un ‘hombre fuerte’: el mismo Xi. En economía, los años de crecimiento de dos dígitos se terminaron y China está buscando un nuevo esquema, uno impulsado más por el consumo interno que por las exportaciones. Y en asuntos internacionales, la era Xi ha presenciado un alejamiento del “ocultar y esperar” hacia una política exterior que desafía la dominación estadounidense de la región de Asia y el Pacífico.

Los tres grandes cambios de política tienen diferentes orígenes. En economía, el viejo modelo de crecimiento basado en las exportaciones, en las altas tasas de inversión y en los bajos salarios no podía continuar eternamente. Simplemente el tamaño de la economía china hizo que el cambio fuera inevitable. Pero el cambio hacia un nuevo patrón es peligroso. En el período posterior a la crisis financiera de 2008, China puso en marcha un derroche insostenible de crédito y de inversión que aún pudiera culminar en una crisis financiera.

En lo que atañe a la política, durante la era pos-Mao el Partido Comunista ha buscado seguir un camino intermedio entre la dictadura y la democracia. La idea era adoptar un estilo colectivo de gobierno, con suaves transiciones de liderazgo gestionadas por el propio partido. Hu Jintao, el precursor aburrido de Xi, representaba el epítome de este sistema. Él nunca alentó un culto a la personalidad.

Xi se ha apartado de este modelo. En la actualidad, él se considera ampliamente como el líder más poderoso de China desde Mao. A los aduladores medios de comunicación oficiales se les anima a que alaben su liderazgo. Al mismo tiempo, ha lanzado una ofensiva contra la corrupción que ha dado lugar a cientos de miles de condenas, aterrorizando a una gran parte de la élite empresarial y política de China. El resultado es una febril especulación en Beijing, incluyendo rumores de purgas e intentos de golpes de estado y de asesinato. Numerosos expertos creen que el mandatario ahora está decidido a ocupar el cargo durante más de dos períodos, un desarrollo que anularía el modelo de liderazgo colectivo.

Al mismo tiempo que las tensiones económicas y políticas dentro de China han aumentado bajo Xi, la política exterior del país se ha vuelto más nacionalista y más dispuesta a arriesgar un enfrentamiento con el Occidente y con los vecinos asiáticos de China. La reivindicación cada vez más severa por parte de Beijing de sus derechos territoriales y marítimos, personificada en su “construcción de islas” en el mar de China Meridional, ha llevado a confrontaciones con las fuerzas navales estadounidenses y japonesas. Es probable que estos cuasi enfrentamientos cumplan un propósito político. Durante períodos económicos más difíciles, puede que el Partido Comunista necesite nuevas fuentes de legitimidad, y una disputa con Japón y con EE. UU. en el mar es bastante probable que motive un patriótico apoyo del Gobierno.

La clave de la fórmula de Deng que creó la China moderna fue la primacía de la economía. La política nacional y la política exterior se construyeron con el fin de crear el ambiente perfecto para que se diera un milagro económico chino. Con Xi, sin embargo, los imperativos políticos y de política extranjera parecen frecuentemente superar a los de la economía. Ese cambio en la fórmula parece ser riesgoso tanto para China como para el mundo.

Tasas de crecimiento más bajas

Incluso si se evita ese desagradable destino, China todavía tiene que acostumbrarse a tasas de crecimiento más bajas. Los líderes del partido solían promover la idea de que China tenía que crecer en un 8 por ciento, pero actualmente un crecimiento del 6-7 por ciento se consideraría un buen resultado.

Una economía sana es crucial para la estabilidad interna. El Partido Comunista de China todavía rechaza cualquier movimiento hacia unas elecciones democráticas.

Financial Times