Rodolfo Segovia S.
columnista

La tercera vía

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
julio 07 de 2016
2016-07-07 10:42 p.m.
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El consumo de bicarbonato ha ido en aumento para digerir sapos y sapitos. Cuatro años de cuidadosa preparación de la opinión pública han facilitado la digestión, a pesar del casi universal rechazo de las Farc y la enormidad del detrito oculto bajo la alfombra. Se equivocan, sin embargo, los que piensan que la paz es apenas una cuidadosa filigrana de Juan Manuel Santos para obtener el premio Nobel de la Paz.

El Presidente se ha preparado toda una vida para transformar la sociedad colombiana.
Los diálogos de paz han sido su vehículo y las Farc la excusa, a comenzar por la naturaleza de la agenda que pactó el hermano de Juan Manuel. En la mesa de La Habana, Sergio Jaramillo, el más afín de sus colaboradores, ha sido su vehículo. Paso a paso, se han sentado las bases de una Colombia diferente, pero sin ceder en el modelo económico y con fe en las instituciones democráticas, tal como lo preconiza la ‘tercera vía’ que, con tanto bombo y la presencia de Tony Blair, Santos lanzó en Bogotá hace una década.

Todo ha sido premeditado. El Presidente, conocedor como ninguno de las mermeladas características de la clase política, la ha mantenido ahíta de dádivas para que no interfieran con su causa. Le ha aprobado todo cuanto ha querido, incluidas las facultades para gobernar por decreto, una vez se apruebe –se da por descontado– el plebiscito. En el entretanto, se han pospuesto difíciles decisiones económicas ante una crisis imprevista (se pagarán caro las demoras) y se ha toreado a las altas cortes, primero retándolas y luego arropándolas en una nube de halagos. Todo en aras de un gran designio con aristas constitucionales.

No se había visto nada parecido, dice don Sancho, el héroe de Cartagena en 1697, desde cuando Luis XIV, urdiendo la más refinada diplomacia y haciendo caso omiso de los vetos sucesorios que condicionaron su propio matrimonio con la hija de Felipe IV de España, sentó en ese trono (1701) al nieto de ella, Felipe de Anjou (Felipe V). La movida tuvo enormes consecuencias geopolíticas, y por estos lados ocasionó el hundimiento del San José por los ingleses, que se oponían al nuevo orden dinástico.

Con su urbanidad y fácil simpatía, que no carisma, Juan Manuel Santos es el político más completo en varias generaciones. Ni se arruga ni se descompone. Oculta sus cartas en la faltriquera.

Ha sabido sumarse a todos los gobiernos donde ha servido con distinción, a la espera de la oportunidad de implementar sus ideas para una Colombia más equitativa en oportunidades.

Si la Constitución del 91 fue el texto de los derechos y la laicidad, la subrepticia que está naciendo es la de la movilidad social. El último toque se lo está dando la reforma electoral anunciada.

Las Farc terminarán siendo un pie de página desde sus refugios campestres, campesinos todavía en un país abrumadoramente urbano.

Abrirán eso sí la puerta a la izquierda seria, ya deslastrada de ser auxiliares de la guerrilla. El experimento santista podría dar frutos, pero no si continúa la captura del Estado para beneficio propio por empresas electorales familiares. Son cientos en las posiciones de elección popular. Ese es el verdadero enemigo del esquema que despunta con los acuerdos de La Habana. Y es su corrupta dispersión, no las Farc, la que abriría, de no extirparse, las puertas del populismo socialista del siglo XXI por un pueblo hastiado.

Presidente: para completar su visión, cerrado el capítulo de la paz, faltaría envenenar la mermelada y perseguir sin tregua a los malandrines de la política.

Rodolfo Segovia
Exministro - historiador
rsegovia@sillar.com.co

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