Miguel Gómez Martínez
columnista

Lamento bogotano

En materia de movilidad, no parece haber nada novedoso, ya que los remedios caseros llegaron hace tiempo a su límite.

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
noviembre 29 de 2016
2016-11-29 09:04 p.m.
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Llega el final del primer año de Enrique Peñalosa como alcalde de la capital. Ha sido un periodo con pocos logros visibles, pues el estado en que se encontraba Bogotá era desastroso. Las locuras y estupideces de su antecesor consumieron el presupuesto distrital y desmoronaron la capacidad administrativa de la ciudad. A Peñalosa le ha tocado, sin recursos y sin mucho apoyo, intentar enderezar los entuertos que dejaron sus lamentables predecesores Gustavo Petro, Samuel Moreno y Lucho Garzón. Doce años perdidos en medio de la inoperancia, la corrupción y la ineptitud.

Pero dicho lo anterior, la verdad es que los bogotanos añoramos la capacidad de ejecución del Peñalosa del primer mandato y su visión de metrópoli. Este final de año ha sido terrible. En medio del invierno, hemos visto imágenes de automóviles que los arrastra la corriente como si fuese en Barranquilla. El estado del alcantarillado de Bogotá es deplorable, pues en los cuatro años del alcalde anterior la Empresa de Acueducto fue utilizada para financiar las locuras de esa administración. Se les olvidó que hay que mantener la infraestructura, limpiar los canales y destapar las bocas cubiertas de basura y barro.

En materia de movilidad, no parece haber nada novedoso, ya que los remedios caseros llegaron hace tiempo a su límite. El pico y placa es inoperante, Transmilenio sigue desbordado, el caos de las motos peor que nunca y la apuesta de promover el uso de la bicicleta se enfrenta al tema de la inseguridad y el riesgo de circulación. No hay obras nuevas y, aún si el reparcheo ha logrado hacerse visible, los huecos de la ciudad son infinitos. Las vías están en muy mal estado al igual que los puentes y la señalización.
Petro dejó en el SITP una verdadera bomba fiscal, pues decidió incorporar a todas las busetas viejas poniéndoles el cartel de ‘provisional’. Volvemos a ver las vías inundadas de buses azules, sin ninguna racionalidad y con un costo presupuestal que hará temblar las finanzas municipales.

Los temas de seguridad han mejorado, ya que la nueva administración dejó de desconfiar en la Policía. Hay avances en Transmilenio, que el gobierno anterior entregó al hampa. Pero queda mucho por hacer, porque las estadísticas del Observatorio de la Universidad Sergio Arboleda confirman que el panorama de criminalidad no es bueno, y aumentan los atracos masivos y el robo de vehículos, a viviendas y celulares.

El Concejo ha ayudado a Peñalosa, y por ello el 2017 debería ser mejor que el año que termina. La venta de la ETB, que no es aún una realidad y tendrá mucha resistencia política, le dará un oxígeno para que se empiecen a ver algunos cambios. Pero el retraso es enorme y ya son varias las ciudades del país que avanzan mientras Bogotá permanece en crisis. Medellín, Bucaramanga, Cali, Barranquilla, Montería, Manizales son solo algunas de las capitales que muestran mejorías significativas.

En Bogotá, para el nivel de impuestos y contribuciones que se pagan, la calidad de vida es pésima y no mejorará en el corto plazo. A los bogotanos solo nos queda no perder la fe en que Peñalosa logrará, en su segundo año, poner en marcha la ciudad y devolvernos algo de esperanza.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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