Ricardo Villaveces P.
columnista

Lo ocurrido en La Habana

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
junio 26 de 2016
2016-06-26 06:05 p.m.
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Sobre lo sucedido en la Habana, seguramente habrá diferentes puntos de vista y estará lejos de ser un acuerdo perfecto, pero, de modo alguno, no se puede desconocer que se trata de un hecho que supone un punto de quiebre en la historia del conflicto colombiano y abre un camino hacia la superación de esa maldición que nos ha afectado en los últimos 50 años.

La sabiduría popular dice que ‘lo mejor es enemigo de lo bueno’, por eso el país no podía darse el lujo de seguir la situación de violencia que hemos vivido por cuenta de tratar de lograr un acuerdo ideal.

De otra parte, hay algo que no se puede olvidar cuando se piensa en lo ocurrido: esto no es una rendición, es un acuerdo entre dos partes. Dos partes que no pudieron vencer a la otra. En las épocas del gobierno Samper, las Farc tuvieron en jaque al Estado colombiano, y si no hubieran sido tan ciegas, quizás en el Caguán habrían conseguido mucho más de lo que soñaban. Luego, con el Plan Colombia y el inicio del fortalecimiento del Ejército, las cosas empezaron a cambiar y, sin duda, en el gobierno de Uribe se logró debilitarlas de forma significativa, y se recuperó gran parte del territorio, pero no estuvimos cerca de lograr su derrota, como se ha comprobado a lo largo de los últimos años.

Teniendo en mente lo anterior, es de gran relevancia observar que se ha alcanzado un acuerdo en el que prima el reconocimiento de las instituciones, como se ve en el caso del mecanismo de refrendación, y se logran fechas y procedimientos concretos para asuntos tan difíciles como el de la disposición de las armas. Pero es más, contar con la comunidad internacional en todos sus matices, como testigos y garantes del cumplimiento de lo acordado, le da al proceso una solidez que hubiera sido impensable de otra forma.

Seguramente, habrán muchas cosas en el acuerdo final que hubiera sido deseable que se hicieran diferentes, y habrá que ‘tragarse sapos’, pero la lectura de lo hasta ahora acordado lleva a concluir que, hasta donde se conoce, no son imposibles de tragar, si a cambio se logra la desmovilización efectiva de un grupo tan dañino.

Que habrá problemas a futuro, es indudable. Lo importante es que sean manejables. La
tropa, seguramente, será absorbida por la sociedad sin mayores traumas, pues en un país de casi 50 millones de habitantes, seis o siete mil personas se diluyen fácilmente, si lo que buscan es un modo de vivir sin tantas privaciones. Otros irán a la delincuencia y habrá que tratarlos como tales, pero ya no tendrán ese reconocimiento internacional de quienes, ingenuamente, los veían como parte de un ejército que lucha contra la opresión. Y la cúpula irá a hacer política, y bienvenidos sean, si es sin armas.

Habrá que ver como es el tema del castigo en algunos casos, pero lo relevante es que no se conciba este proceso como un mecanismo para la venganza, pues eso solo nos llevaría a otros 50 años de guerra.

Ricardo Villaveces
Consultor privado
rvillavecesp@gmail.com

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