Mauricio Cabrera Galvis
columnista

Los negociadores

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
junio 27 de 2016
2016-06-27 09:08 p.m.
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En medio de la alegría y la emoción que ha producido en la gran mayoría de los colombianos –no en todos por desgracia– la firma del acuerdo para el cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, es lógico que todas las miradas se concentren hacia el futuro, pues son muchos los interrogantes sobre cómo se va a construir la paz, amplias las expectativas por los beneficios que traerá y considerables los temores por los obstáculos que se enfrentarán.

Sin embargo, en medio de la satisfacción por el acuerdo y el debate sobre su futuro, es bueno mirar un poco al pasado, recordar el camino para construirlo y, sobre todo, tener presente al grupo de personas que con su esfuerzo y dedicación, a lo largo de casi cuatro años de trabajo intenso, tejieron como filigrana la multitud de detalles implícitos en unas cuantas páginas de texto.

Colombia tiene una inmensa deuda de gratitud con los negociadores y todos sus equipos de apoyo que han hecho posible avanzar tanto en el camino hacia la paz.

Con un adversario muy difícil y a partir de posiciones diametralmente opuestas lograron construir un consenso, llegar a un terreno común donde la guerrilla tenga la confianza para entregar las armas, y el Estado la certidumbre de que no se ha sacrificado ninguno de los elementos esenciales de nuestro sistema democrático.

No se trata acá de felicitar por el resultado a Humberto de la Calle y los demás negociadores que lo han acompañado, tampoco de analizar los méritos o defectos del acuerdo, sino de resaltar el trabajo realizado y reconocer el enorme sacrificio personal y familiar que tuvieron que asumir para lograr el objetivo.

En el imaginario popular, La Habana es un sitio de vacaciones y turismo, de playa brisa y mar, pero ni los salones del Palacio de Convenciones son un spa recreacional, ni las casas del barrio El Laguito son un resort cinco estrellas con todo incluido.

Por el contrario, ir y venir a Cuba durante 43 meses, encerrarse miles de horas en tensas e intensas conversaciones, convivir y compartir semanas enteras bajo un mismo techo con conocidos que no son familiares ni amigos íntimos, y sobre todo el costo emocional de dejar por muchos días familia e hijos –o nietos los más veteranos–, son cosas que, como dice una propaganda, el dinero no puede pagar.

Mención especial merecen los altos oficiales de las Fuerzas Armadas y la Policía que han participado activamente en el proceso, haciendo aportes decisivos en temas como el alto al fuego, la desmovilización y la entrega de armas.

Han sido acusados por unos pocos fanáticos de traidores y de mancillar el honor militar, pero como alguna vez dijo el general Óscar Naranjo, no es humillante para los militares negociar con la guerrilla, sino indispensable para garantizar la preservación de las instituciones.

Con el mismo empeño y decisión que combatieron durante toda su vida a la guerrilla y la delincuencia aceptaron la compleja misión de sentarse en la misma mesa con sus enemigos, mirarlos de frente, escuchar sus argumentos, a veces rebatirlos y a veces aceptarlos, construir consensos, llegar a acuerdos y, al final, estrechar las manos que antes empuñaban los fusiles en el combate.

Aunque suene desgastada la frase de Churchill, en este caso tiene total vigencia: “Nunca tantos le debieron tanto a tan pocos”.

Por el empeño, profesionalismo y dedicación de estos negociadores, hoy tenemos la posibilidad de dejar a nuestros hijos y nietos un país mejor. Muchas gracias.

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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