Miguel Gómez Martínez
columnista

A las malas

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 17 de 2016
2016-05-17 08:33 p.m.
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Cuando el pasado jueves 12 de mayo escuché la declaración de Humberto de la Calle sobre el blindaje del acuerdo de paz, supe que el Gobierno había capitulado ante las Farc. Detrás de la sucia jugada de incorporarlo como “acuerdo especial del Derecho Internacional Humanitario”, está implícita la idea de que lo negociado en La Habana se impondrá a los ciudadanos a las malas. Impedir que los colombianos, que son las víctimas de las Farc, puedan objetar o modificar algo de lo acordado es el golpe más bajo que se le ha dado a la democracia colombiana en su historia. Como si el siniestro Sergio Jaramillo o el despistado nadadista De la Calle fueran perfectos, y lo acordado no pudiese ser controvertido.

Muchos colombianos son conscientes de lo sucedido. Hay sincera indignación por la falta de claridad y las trampas de la negociación. Otros, fatigados por este proceso oscuro, secreto y desbalanceado, solo intuyen que el Gobierno cederá lo que sea con tal de obtener el soñado Nobel. Nada más importa. Cedió en el desarme y aceptó la dejación, cedió en las zonas de despeje, cedió en el tema de narcotráfico, en la impunidad, en la participación política, en las curules a dedo, aceptó la reforma de las fuerzas armadas que ya se inició, permitió la creación de un tribunal compuesto por extranjeros que juzgarán a colombianos, y todos los demás temas secretos sobre los que seguro tendremos sorpresas desagradables.

Mientras esto sucedía, los gremios, cada día más insustanciales, permanecieron callados y doblegados. La prensa cumplió con disciplina su labor de aplaudir a este gobierno, generoso en publicidad oficial. Los parlamentarios, como eunucos, entregaron sus prerrogativas y están dispuestos a sacrificar su autonomía por más mermelada. Las Cortes, corruptas y comprometidas con el gobierno, aceptan que el Estado de Derecho sea violado, la Constitución desconocida y las garantías legales pisoteadas por los negociadores en La Habana.

Algunos juristas, atortolados por lo que leen, previenen que la democracia está en riesgo. Álvaro Uribe, consciente de lo que sucede, llama a la resistencia civil, pues entiende que las instituciones están cooptadas y amenazadas por el Ejecutivo. Santos, demostrando su intolerancia, se autodenomina como honesto y transparente, mientras amenaza a la oposición con un lenguaje que desdice de su discurso de “hombre de paz”. Gaviria arrecia contra todo el mundo porque no le nombran sus recomendados. Los conservadores, atascados de mermelada, no pronuncian palabra.

Yo, por mi parte, el jueves pasado reuní a mis hijos, que son mayores de edad y les dije, de forma solemne: “si mañana sus hijos les preguntan cuándo las Farc se tomaron el poder, respondan sin dudar: el 12 de mayo de 2016”.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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