Germán Umaña Mendoza
columnista

Mambrú no va a la guerra

Acuérdese de Bolívar: “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”.

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
julio 27 de 2016
2016-07-27 09:10 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/05/56b4b9015f86f.png

En general, y en la madrugada, escucho los programas de la Agencia Colombiana de la Reintegración y, en especial, un aparte que se llama ‘Mambrú no fue a la Guerra, este es otro cuento’, e inmediatamente y mecánicamente recito: “ni dolor, ni dolor, ni pena”, y me acuerdo de todos esos muchachitos uniformados para el combate, armados de fusiles, que por instrucciones de sus superiores me saludan en las carreteras.

De inmediato, los imagino vestidos de civil, estudiando y al lado de sus padres y familiares. Es que si usted los mira bien, sabrá que son niños jugando a la guerra, muchos muriendo en ella, o con heridas físicas o psicológicas, casi que irreparables. A los del otro lado no los veo, pero son los mismos adolescentes, cuando se vistan de civil, será imposible saber a qué bando pertenecieron.

Y, más tarde, cuando sale el sol y tomo tinto en mi pequeña terraza, espero ansioso que se levante mi compañera de los últimos treinta años para contarle que se va a firmar la paz con los ‘viejitos’ de las Farc, que de pronto los ‘no menos ancianos’ del Eln deciden morir en la cama de su casa ataviados con pijamas Kelvin Klein, y que los generales de nuestras fuerzas armadas, que de verdad combatieron, también están hartos de la guerra y quieren conocer y jugar con sus nietos.

Cuando le habló, ella sonríe y me mira como siempre, con el escepticismo de quien contempla un soñador, un Quijote que se parece a Sancho, y con la clarividencia me dice: son los malos, Germán, todavía quieren la guerra. Acuérdese de Bolívar: “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. Todavía los manipulan, los llenan de miedo y de odios ajenos.

Son los ‘perros de la guerra’, los compradores y vendedores de armas, los que expulsaron de las tierras a sus legítimos propietarios, asesinando o imponiendo el poder de grupos de matones al servicio de inmorales políticos en las regiones, los que se lucran del chantaje, el soborno, la extorsión, el secuestro y el narcotráfico.

Y, me llama en ese momento un amigo de la infancia: él y su familia no han sufrido la guerra, ha vivido siempre en Bogotá, de la Avenida Chile hacia el norte, y me dice: estoy sumamente preocupado por el acuerdo de paz, las elecciones se van a resolver con votos, habrá democracia, mis amigos poderosos tendrán que confesar que participaron y financiaron la guerra, los van a igualar con esos otros que hicieron lo mismo. Imagínate la vergüenza.

Y, yo pienso: que barata es la verdad. Como a los otros, les aplicarán la justicia transicional, no repararán nada y van a tener impunidad. Y, le digo a mi compañero: ¿cuál es la diferencia entre un bárbaro y otro, aunque sean de distinto bando? Me cuelga ofendido.

Y, yo, miro los hermosos ojos azules de mi mujer y la obligo a tararear conmigo: “Mambrú no va a la guerra”, “ni dolor, ni dolor, ni pena”.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado