Guía práctica para no dejarse 'embaucar' en Colombia

Conozca algunas claves e historias para no caer en las mentiras de embaucadores en las ciudades.

Bogotá

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julio 09 de 2015 - 03:34 p.m.
2015-07-09

En las ciudades de Colombia es común encontrarse con historias que narran situaciones de pobreza, desplazamiento e incluso mala suerte. Hechos que, si bien pasan en el país, son utilizados por personas que en realidad no padecen estas circunstancias y en cambio aprovechan estas realidades para sacar ventaja, además de ganarse algunos pesos.

El grupo de ciencia del comportamiento y perfilación criminal de la Dijín de la Policía explica que culturalmente los colombianos somos unas personas bondadosas, colaboradores, razón por la que estos criminales, que pueden aparecer en un bus, un semáforo o un parque, tienen un componente psicológico en la psicopatía bastante fuerte, la gran mayoría de ellos tiene la gran habilidad de engañar, persuadir, e incluso manipular los sentimientos de las demás personas.

Por eso, cada vez que abordan a una de sus víctimas, cuentan apesadumbrados sus supuestos momentos de crisis, para lo que crean un personaje en el que se meten por completo. De esta manera, simulan el dialecto de alguna región, se visten con atuendos que pertenezcan a esa cultura y sus gestos apoyan esa caracterización.

La teniente Francy Lozada, del grupo de perfilación criminal, explica que dentro de sus habilidades psicológicas está el generar una reacción emocional favorable para ellos. “Fácilmente son personas que vienen con historias de desplazamiento, sin recursos, entonces desde eso refuerzan sus comportamientos y demuestran un contexto que para muchos puede ser real y doloroso”, cuenta.

Agrega que el presunto criminal, al ver que a través de estas historias pueden recibir dádivas, ilustran historias con componentes específicos, le imprimen llanto, en su apariencia intentan reflejarse como la persona que narran, y en su lenguaje utilizan palabras propias de una región.

En el análisis de la Policía se indica que se trata de una persona que ‘inocentemente’ no le está haciendo daño a nadie, aunque se está inventando una historia no les está hurtando a nadie, pues son las personas que de manera voluntaria le dan dinero, una recompensa. Así, se dan cuenta que a la medida que empiezan a perfeccionar la historia la ganancia aumenta, dejando de recibir una moneda y obteniendo un billete.

Según Lozada, la infracción que estarían cometiendo estas personas sería de estafa, debido a que hay una planeación y uno organización frente a ese gran escenario de estafar.

No obstante, dentro de la estafa, por la cuantía que reciben, no representa delito. “Sabemos que el hecho de que se vea vulnerado el patrimonio de las personas y que parta de la mala fe y el engaño, de alguna manera es burlar a las personas y contaminar el buen corazón de quienes desean ser solidarios”, señala la teniente.

EL TIEMPO les muestra dos historias, una en la Costa Atlántica y otra en Bogotá de presuntos 'engatusadores'.

EN BARRANQUILLA, DICE QUE ES TURISTA, LO ROBARON Y NECESITA DINERO

Raudo, como alma que lleva el diablo, es habitual ver correr en el norte de la capital del Atlántico a un sujeto caucásico, de 1, 80 metros de estatura, cabello negro y corto que a simple vista da la sensación de parecer nacido como en Londres, Liverpool, Manchester o cualquiera de las demás ciudades inglesas.

Se trata de un joven que no corre porque se dedique al atletismo o a cualquiera de las disciplinas deportivas. Lo hace para salvaguardar su integridad cada vez que lo descubren intentando timar a los desprevenidos con el cuento de que llegó a Barranquilla en calidad de turista con tan mala suerte de haber sido robado mientras intentaba conocer el Parque Tayrona, en el departamento del Magdalena.

Vestido de camisa tipo polo que, aunque maltrecha, da la impresión de ser de marca, yin sucio prelavado y unos zapatos de gamuza como de la década de los años 80 y que dan la impresión de haber sido costosos, explica a quién se lo permita que tuvo que separarse de una excursión para conseguir dinero que le permita ir a la embajada británica y gestionar los pasaportes de él y sus amigos que, supuestamente, también fueron a parar a manos de los amigos de lo ajeno.

Óscar Fernández, un ingeniero de sistemas que reside en el barrio el Tabor, norte de la ciudad, y quien admitió haberle creído y entregado 50 mil pesos, relató que el sujeto de unos 35 años, es hábil, aborda en inglés, pero de ese que es aparentemente fácil de percibir para cualquiera que vio series como Friends a través de la televisión por cable.

“Excuse me Sir. I have a real emergency because I will stole by persons que golpearme en el Parque Tayrona”, es parte del libreto aprendido por el joven, del que se dice no nació en Inglaterra ni en un país del primer mundo, pues se rumorea que es oriundo de Zapatoca, Santander.

“De ahí que parezca como extranjero, pero en realidad se trata de un joven del norte de la ciudad que aprovecha su imagen para pedir dinero con el argumento de que fue robado mientras fungía como turista, pero ese cuento es mentira y así logra reunir fondos para el vicio o la comida. De su identidad poco se sabe y se le ha visto tanto en Santa Marta como en Cartagena”, relató el ingeniero.

Agrega que solo hasta que lo vio huir despavorido una vez que disfrutaba de un chuzo desgranado en uno de los restaurantes del norte de la ciudad, mientras otros dos sujetos querían golpearlo por haberlos timado, entendió que se trataba de un estafador más que se vale de la sensibilidad de los ciudadanos, de esos que abundan en Barranquilla.

“Es que sabe expresarse y logra dar lástima. Lo más seguro es que ese sujeto ni lo sepa, pero es excelente para persuadir, pero obvio que cada vez son más las personas que conocen a lo que se dedica y lo insultan una vez se les acerca con su cuento en inglés”, sostuvo Fernández.

La Policía, por su parte, asegura no tener al sujeto reseñado en sus registros. Lo que sí es cierto es que cada vez este tiene un campo de acción más limitado, puesto que las personas son más incrédulas.

EN BOGOTÁ, ES DESPLAZADO, ACABA DE LLEGAR A LA CIUDAD Y SU HIJO ESTÁ EN LA CLÍNICA

“Que pena tener que incomodarlos, pero está es la única solución que tengo”, cuenta un supuesto desplazado por la violencia del Huila, que acaba de llegar a Bogotá con su mujer y sus 4 hijos menores de edad, uno de ellos está en una clínica del centro de la capital internado por una grave enfermedad, la cual no puede costear.

Ante las 15 personas que están en el bus que transita de sur a norte por la avenida Boyacá, a la altura de la calle 53, el hombre - que viste con una camisa blanca desteñida, una vieja chaqueta de cuero y un sombrero descolorido- no puede de la vergüenza, pero a pesar de esto narra los pesares de su vida y cómo tuvo que huir de sus tierras en Garzón (Huila).

Su voz entrecortada y los ojos rojos como si llevara semanas llorando refuerzan su triste historia, en el bus, que se sigue llenando, todos escuchan atentos por 10 minutos las palabras del huilense, con un léxico que no deja dudas que es de esa región.

Este triste momento, contado por Jorge Herrera, un universitario que todos los sábados toma esta ruta por competencias deportivas, logró que todos en el bus, incluso el conductor, sacaran un par de monedas para darle al hombre de unos 60 años - que además tiene bigote afinado en las puntas- más aún cuando sacó el papel de la clínica que demostraba que su hijo estaba internado y que necesitaba comprar un medicamento carísimo para salvarle la vida.

El universitario Jorge Herrera también le dio un billete de 1.000 pesos y el hombre se despidió: “mi Dios les pague”.
Después de dos años de esta historia, Jorge regresaba a su casa, esta vez de norte a sur por la misma avenida Boyacá, cuando un hombre de 60 años, con bigote afinado a las puntas, chaqueta de cuero y camisa blanca desteñida, se subió al bus.

“Buenas noches, disculpen por incomodarlos, me da mucha pena con ustedes”. Jorge, sin dudarlo, se acordó que era el mismo hombre, con la misma historia y el mismo documento que les mostro sobre su hijo enfermo hace dos años.

No le cabía ninguna duda que su buen corazón había sido engañado por el supuesto huilense desplazado.

TIPS PARA NO CAER EN LA TRAMPA

Según la Policía, el delito se podría manejar como contravención, pero como las circunstancias de modo, tiempo y lugar son difíciles de comprobar. Por eso tenga en cuenta estos concejos para no caer en la trampa.

- Si se quiere ayudar a esas personas realmente necesitan colaboración debe encontrar otros mecanismos para ayudarlos a través de una entidad o fundación, y no de esta manera.

- Analice bien las historias, en muchas de ellas no hay profundidad en los contextos, no se siente una correlación entre su comportamiento no verbal y lo que habla.

- Realmente le está aportando algo a esa persona que le pide dinero con una moneda.

- Piense en que cada vez que se da una moneda se refuerza el comportamiento y con esto puede haber más personas que empiecen a ‘trabaja’ de esta manera.

ANDRÉS ARTUZ y CRISTIAN ÁVILA

EL TIEMPO