El pago por horas es más estresante que el tradicional

Darle valor monetario al tiempo genera más incertidumbre, revela informe.

Bruselas

Trabajadores en Bruselas protestaron contra prácticas que consideraron afectaban su seguridad social.

EFE

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Portafolio
abril 29 de 2017 - 11:08 a.m.
2017-04-29

Siguiendo el pensamiento personal y la práctica empresarial que se enmarca en la popular frase de que “el tiempo es oro”, trabajadores y ejecutivos andan en una carrera endemoniada dominada por el estrés, que al mismo tiempo, merma el bienestar y deja a mucha gente insatisfecha.

El estrés nos está matando, es la conclusión general a la que han venido llegando diferentes investigadores, y lanzada por la Asociación Americana de Sicología, al analizar la influencia de monetizar el tiempo.

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Los ejemplos abundan: el profesional que calcula cuánto le cuesta dejar el trabajo para llevar a su hijo a un entrenamiento de fútbol; el trabajador que prefiere laborar hasta los fines de semana, a cambio de sumar unas horas extras; el ejecutivo que induce a violar las normas del tránsito, porque el desplazamiento le está haciendo perder tiempo y dinero.

Sobre el tema, lleva horas y años de estudio el profesor de gestión empresarial y liderazgo, de la universidad de Stanford, Jeffrey Pfeffer, autor y coautor de más de una docena de libros sobre la materia.

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En su más reciente trabajo, en asocio con los profesores Dana Corney, de la Universidad de California en Berkeley, y Sanford E. DeVoe, de la Universidad de Toronto, probaron el grado de estrés que le produce a las personas la forma de como invierte su tiempo.

En un experimento que incluyó a un poco más de 100 personas, demostraron el nivel de estrés asociado al pago por horas. Se les dividió en dos grupos y a ambos se les dio un formato escrito donde se estipulaban las condiciones, entre ellas una asignación de US$57,50 por una jornada de dos horas.

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No obstante a uno de los grupos se le instruyó para que calcularan el pago por minuto trabajado. La idea era que contribuyeran con ideas para el éxito de una nueva empresa que buscaría el bienestar de los niños de África. A todos se les tomaron muestras de saliva al comienzo y al final de la jornada, para medir los niveles de cortisol, la hormona que dispara el estrés ya sea por motivos imaginados o reales, según los expertos; no obstante, a ellos se les matizó el mensaje, para no alterar la prueba, diciéndoles que se trataba de probar de forma complementaria, el comportamiento de la “hormona de la energía”.

Al final del ejercicio, a quienes les tocó calcular el pago por minutos, mostraban un desproporcionado nivel de estrés, cuantificado en un 25%, por encima de quienes no lo hicieron.

Pfeffer explica que cada vez el factor monetario del tiempo, influye más sobre las personas, especialmente las que trabajan por cuenta propia o los contratistas que trabajan por horas, que aquellas que están por nómina y se les asigna un salario anual, que son un número cada vez más reducido.

Al mismo tiempo, tal condición mental hace a esas personas menos pacientes.
De ahí la aparición en los hábitos laborales, de la comida rápida, de consumir algo que no quite tiempo en el trabajo, sin importar qué tan saludable es.

Aspecto igualmente dañino, citado por Pfeffer, que ha sido calificado por el sociólogo George Ritzer, como la “Mcdonalización de la Sociedad”. Pfeffer, estima que se trata de prácticas impulsadas por las empresas con miras a buscar la mayor productividad, pero que crean valores personales y sociales, de los cuales ellas mismas resultan perjudicadas, y que se traducen en mayores gastos de salud. Más crecimiento, mayores ingresos, pero menor bienestar general, concluye el investigador.

Germán Duque Ayala
Miami

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