Miguel Gómez Martínez
columnista

Momento amargo

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
abril 05 de 2016
2016-04-05 09:55 p.m.
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Llegó el predial, y pronto lo hará el impuesto de vehículos. Para quienes vivimos en Bogotá es un momento depresivo. El aumento promedio fue de 10,4 por ciento, pero en ciertas localidades populares como Bosa (+20,19%), Sumapaz (+18,12%), Candelaria (+17,82%) o Usme (+16,44%), los incrementos estuvieron bien por encima del promedio. Cuando se compara la inflación del 2015 (+6,77%), los prediales aumentan en promedio 54 por ciento más que los precios de la economía. ¡Para los habitantes de Bosa, el aumento porcentual del predial es 198% más elevado que el del Índice de Precios al Consumidor!

A nadie le gusta pagar impuestos. Pero esa tarea es más amarga cuando se vive en una ciudad, en la cual todos los aspectos relacionados con la calidad de vida se han deteriorado. Pagar más para vivir peor resulta absurdo, lo que explica el mal genio de los habitantes de la capital. Ello sin tener en cuenta el impacto patrimonial que se traduce también en más tributos para muchos. El nuevo alcalde, Enrique Peñalosa, asumió su cargo hace apenas 100 días. Dada la magnitud de los problemas heredados de la inepta administración de Gustavo Petro, no ha resultado fácil para el nuevo burgomaestre poner en marcha muchas de las iniciativas. Sin lugar a dudas, el mayor reto de Peñalosa es lograr que los bogotanos volvamos a creer que la ciudad puede mejorar.

El tema tributario es de los más complejos en cualquier sociedad. En Colombia, todos los expertos pregonan por un aumento de la presión fiscal. Los políticos, que son los que aprueban las leyes de impuestos, tienen interés en que aumente el recaudo, porque les da más oportunidades de incorporar partidas para beneficiar a sus grupos de interés. A ello hay que sumar la ‘mermelada’, esa abierta corrupción inventada por el actual presidente cuando era Ministro de Hacienda y perfeccionada en sus mandatos. Subir los impuestos es, entonces, el remedio milagroso que cerrará las brechas de desigualdad, financiará la paz, permitirá la educación de calidad, nos dotará de un sistema judicial eficiente, traerá la seguridad y nos llevará a la prosperidad.

Pero el ciudadano, el que paga los tributos, sabe que su dinero es dilapidado, desviado y que la eficiencia del Estado es bajísima. Cuando al exalcalde Samuel Moreno lo condenan a 18 años por corrupción en uno solo de los negocios del ‘carrusel’, los ciudadanos de Bogotá tenemos razones de sobra para pensar que nuestro predial no ha sido utilizado de forma eficiente y transparente. No es siempre cierto que más impuestos produzcan mayor bienestar. Lo que se requiere es un sector público pequeño, pero eficiente, que use la tecnología para reducir sus costos de operación, tenga capacidad de control efectiva y preste seguridad. Ello es posible, pero va en contra de los intereses burocráticos de los políticos, el apetito de los contratistas y los voraces sindicatos del sector público.

A los que pregonan por más impuestos, conviene recordarles que la legitimidad de su cobro reside en que el contribuyente vea, de forma concreta, los resultados benéficos de los tributos. En Bogotá, hace años que la plata se va en corrupción, ineficiencia y clientelismo. De progreso, muy poco se ha visto.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
Migomahu@hotmail.com

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