Asambleas: es hora de poner al día su gobierno corporativo

La cita anual de accionistas de las compañías debe ser real y no de papel. Las empresas necesitan un presidente de junta directiva que haga una buena gestión.

Asamblea

En Colombia se menosprecia la asamblea de accionistas como uno de los principales eventos de control.

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marzo 09 de 2018 - 07:10 p.m.
2018-03-09

Un buen Gobierno Corporativo, entendido como las normas, los sistemas, los procesos de gestión y control en las empresas familiares y no familiares, es el medio más eficaz para garantizar la transparencia y el mejoramiento de los resultados.

(Lea: Las empresas que más pagarán dividendos en 2018)

Durante las últimas décadas, el mundo y Colombia en particular, ha sido testigo de desfalcos y crisis financieras, precisamente por la ausencia de un gobierno corporativo eficiente que evalué la gestión directiva y ejerza control interno en los sistemas de responsabilidades y de remuneración para evitar conflictos de intereses.

(Lea: ¿Por qué es importante asistir a las asambleas de copropietarios?)

Para Gonzalo Gómez Betancourt, doctor en management y política de empresa, profesor de gobierno corporativo, en el país persiste la informalidad y las malas prácticas relacionadas con este tema del quehacer empresarial. En especial hay tres, entre muchas otras, que se deben erradicar de las organizaciones.

Una que se debe eliminar es la de no realizar la Asamblea general de Accionistas como lo indica la ley. Esta recomendación es clave, si se tiene en cuenta que por estos días las empresas están en sus tradicionales citas anuales de socios.

Con base en el estudio “Gobierno Corporativo. Prácticas sugeridas e implementadas por empresas familiares y no familiares colombianas”, realizado en 2016 por un equipo de investigación de Gómez, se encontró que del 100% de las compañías familiares colombianas, el 80% no realiza anualmente la asamblea general de accionistas de manera real, a pesar de ser uno de los principales mecanismos para mantener y acrecentar el ánimo societario.

Para el experto, no obstante, la falta de conocimiento de lo que significa la asamblea por parte de los propietarios e incluso de la administración, hace que terminen siendo realizadas por quienes no conocen el arte de gobernar, o lo que es peor, no realizándolas de manera real aunque sí “legal” mediante un acta de ocurrencia de un evento que no sucedió.

Infortunadamente, esta tendencia es llevada a la segunda generación por aquel miembro de familia que ejerce el poder y es el momento en el cual muchas familias empresarias no suelen continuar.

Es absolutamente necesario hacer la asamblea, incluso más de una reunión al año, porque los socios no sólo son socios, sino que están vinculados por aspectos familiares y emocionales. “Si uno no es prudente en el manejo de estos órganos de gobierno tarde o temprano termina acabando con la empresa y distanciando a la familia”, comenta Gómez.

En las empresas no familiares ocurre algo similar, señala. En la misma investigación se evidenció que únicamente en el 10% de las compañías del país en las que existen juntas directivas se prepara previamente la asamblea general de accionistas.

Considera que en muchos casos tampoco hay una gestión acertada de estos encuentros, básicamente porque hay desconocimiento de sus verdaderos fines, dado que en las universidades no enseñan en las carreras afines a la administración una materia sobre la gestión de los propietarios o dueños de negocio, que son quienes conforman el órgano superior de la empresas en la asamblea general de accionistas y son responsables de las decisiones más importantes.

Casi nadie les explica a los propietarios de manera formal sus responsabilidades, y los límites que deben tener con la junta Directiva y la administración.

Para Gonzalo Gómez, en Colombia se menosprecia la asamblea de accionistas como uno de los principales eventos de control, lo que genera una cultura de confrontación, de discusiones eternas e incluso leguleyas, sin que se dé la oportunidad de reflexionar en cómo darle al accionista mayores mecanismos de participación.

Por tanto, la recomendación es realizar asambleas incluyentes, pluralistas, de respeto por aquellos socios que pusieron un capital y tienen todo el derecho a controlarlo, a estar informados sobre lo que sucede en las empresas y a participar en las decisiones que atañen a su responsabilidad y derecho.

NO PUEDE EXISTIR UN PRESIDENTE DE JUNTA DE POCA EFECTIVIDAD 

Otro de los aspectos fundamentales para modernizar el gobierno corporativo, es la de contar con un Presidente de Junta eficiente que no se limite a presidir la reunión.

Es usual ver en las salas de juntas que dentro del orden del día se escoja como presidente a la persona de mayor edad y experiencia para ejercer la presidencia, seguramente por respeto a la jerarquía.

El elegido preside la reunión y el objetivo es que dé la palabra, maneje los tiempos, llegue a conclusiones, revise el acta.

Un mes después tendremos la misma escena, porque no se espera nada más del presidente.

Esto es el pasado. El nuevo gobierno corporativo invita a que el presidente de la junta sea mucho más que un facilitador de las reuniones, que realice gestión para que su equipo funcione, que esté atento no solo a la forma de la sesión, sino a trabajar en equipo con el resto de los miembros en actividades como establecer agendas, conversar con la gerencia entre las sesiones de junta, incluso que pueda ser una figura que hacia afuera tenga un papel visible de la independencia de los órganos del gobierno versus la independencia del presidente ejecutivo de la empresa.

Un buen presidente de junta directiva es aquel que siempre tiene claro que el objetivo de la junta es la estrategia de la organización, el seguimiento a la misma, el encaje de la estructura de responsabilidades con la estrategia, los sistemas de dirección.

Tampoco puede perder de vista temas de interés para la compañía como la compensación de las personas y la evaluación del desempeño, la alta dirección, la sucesión ejecutiva de las personas claves de la organización y evidentemente los aspectos legales y de transparencia que debe tener la organización.

Si el empresario tiene en la mente que su junta debe abordar todo los aspectos mencionados, como presidente puede ser la guía, el capitán del barco.

Por lo tanto la sugerencia para todos los que juegan el papel de presidentes de juntas directivas es que realmente entiendan su rol y que reaccionen inmediatamente cuando alguna de las piezas no esté funcionando bien.

LOS PROYECTOS SE DEBEN APROBAR POR BUENOS Y NO POR DÁDIVAS 

Otro de los aspectos claves en la modernización del gobierno corporativo es erradicar la práctica por parte del gerente o administrador de la empresa de hacer cabildeo, entendido como la forma de influir o presionar sobre las decisiones políticas o económicas. La situación típica que se presenta en muchas empresas colombianas es la de una persona o grupo de la administración que con el ánimo de influir en una decisión de junta, de manera individual invita a cenar o le envía un regalo al miembro de junta para lograr su objetivo.

Para evitar que existan estas relaciones de poder, lo indicado es realizar comités internos donde la administración o gerencia pueda exponerles a los miembros de junta la conveniencia de los proyectos que presenta y dejar lo discutido en estos encuentros en actas formales, para no generar suspicacia de acuerdos privados.

“He sido profesor de gobierno corporativo en escuelas de negocios y una de las principales afirmaciones que me han hecho muchos alumnos que se desempeñan como gerentes es la necesidad de hacer lobby con aquellos miembros de junta que son los más difíciles de convencer cuando se trata de aprobar proyectos presentados por la administración, como pueden ser una alternativa de inversión o un movimiento estratégico en la empresa. Frente al hecho siempre les digo que esa práctica está mandada a recoger: la reacción inmediata de las personas es de rechazo y no de reflexión”, explica Gonzalo Gómez.

Ante esto, señala, hizo talleres para que los participantes calificaran la actuación de los administradores haciendo lobby Vs. la actitud de los que deben ir a los comités de un órgano de dirección. Los resultados fueron contundentes.

En el primer grupo, las percepciones que se generaban por parte de los observadores eran negativas porque reflejaban suspicacias, se daba a entender que habían acuerdos implícitos entre los administradores con algún miembro de la junta.

Por su parte, el otro grupo generó una percepción positiva en un escenario de formalidad de tema y con actas.

Esto, sin duda, genera mayor transparencia en la toma de decisiones y hace juntas eficaces.

Como conclusión, Gómez recomienda a los empresarios ser conscientes de que en materia de gobierno corporativo todavía hay un largo camino por recorrer antes de cumplir con los requisitos jurídicos.

Además de los aspectos mencionados, hay otros temas que deben estar en el radar de una junta. Por ejemplo, la concentración de poder en el dueño cuando se trata de empresas familiares, no delegar funciones primordiales en la junta directiva, con miembros carecen de profesionalización y de independencia.

Así mismo, en términos generales, Gonzalo Gómez, resalta que las empresas familiares y no familiares que han alcanzado un buen desarrollo en los órganos de gobierno, como juntas directivas y comités gerenciales, perciben su influencia positiva en el desempeño de las organizaciones que lideran.

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