‘El Presidente debe meterse directamente
en la reforma tributaria’

En su discurso, el director de Portafolio, Ricardo Ávila, habló de los desafíos del país. Lea el texto completo.

Premios Portafolio

Ricardo Ávila, durante su discurso en los Premios Portafolio, celebrados en el Club El Nogal.

Gerardo Chavés

Negocios
POR:
Portafolio
noviembre 24 de 2016 - 10:31 p.m.
2016-11-24

Quiero darles la más cordial bienvenida a esta cita anual, en la cual exaltamos la labor de un puñado de personas y empresas que con su trabajo diario hacen de Colombia un mejor país. A veces, en medio de los retos propios de la coyuntura, es fácil perder el ánimo, pero el ejemplo de aquellos que fueron nominados debería servir para convencernos de que contamos con la gente, las ganas y la capacidad de salir adelante.

Para Portafolio, líder indiscutido en el cubrimiento de la economía y los negocios, es un verdadero privilegio reconocer el tesón de quienes merecidamente son objeto de este homenaje. Nos gusta publicar buenas noticias y más si estas nos permiten enorgullecernos de las calidades de nuestros compatriotas.

Deseo saludar al señor Presidente de la República, quien en medio de su ocupada agenda siempre logra acompañarnos. Coincide la ceremonia de hoy con el que bien se puede calificar como un día histórico, por cuenta de la firma del acuerdo modificado cuyo propósito es la dejación de las armas por parte de las Farc y su transformación en un partido político.

El camino no ha sido fácil, a quién le cabe duda. Solo alguien con la tozudez que viene de la convicción de estar haciendo lo correcto era capaz de sortear los obstáculos y entender el llamado de la gente que abogaba por una salida negociada al conflicto interno. Por insistir y lograr conducir la nave a puerto cuando el naufragio se veía inminente, se merece usted todos los reconocimientos, señor Presidente, comenzando por el Premio Nobel.

Se ha dicho, con razón, que la paz es el mejor negocio que podemos hacer como sociedad. Los diferentes análisis muestran que acabar con esta fuente de violencia abre nuevos espacios de inversión en las zonas rurales, a favor de sectores como la agricultura y la minería formal.

No obstante, ese dividendo no está garantizado a menos que el Estado haga la labor que le corresponde, la cual incluye llenar los espacios que dejan los grupos armados no solo con la presencia de la Fuerza Pública, sino con herramientas de justicia, educación, desarrollo social y construcción de infraestructura. La etapa que ahora comienza demanda ante todo buena gerencia, pues solo así se conseguirá que los hechos les demuestren a los escépticos que este era el paso que valía la pena.

Soy de aquellos que creen que el texto suscrito hoy supera en calidad al del 26 de septiembre y que los cambios introducidos son de fondo. Pero decir que el documento está bien construido no me impide reconocer que los cimientos sobre los que se apoya son débiles, pues el que debería haber sido un motivo de unión entre los colombianos, desembocó en una polarización que me inquieta, porque sus efectos pueden prolongarse en el tiempo.

Reza el conocido dicho que la diferencia entre un estadista y un político es que el primero piensa en la próxima generación y el segundo en la próxima elección. Me entristece ver que las dudas legítimas de muchos que votaron por el No, hayan sido aprovechadas por quienes desean posicionarse frente a los comicios del 2018, dándole otra acepción al conocido “todo vale”.

Aun así, hay que seguir adelante. Los nubarrones que hace un año se cernían sobre la economía colombiana vienen en aumento, comenzando por los que vienen del exterior. El Brexit fue el primer campanazo de alerta con respecto a las resistencias que genera la globalización en las naciones más ricas, pero el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales en Estados Unidos confirmó que los paradigmas son distintos ahora, pues muchos se sienten excluidos de una fiesta en la que otros se divirtieron a su costa.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca es motivo de incertidumbre en todas las latitudes. Nosotros, que estamos dentro de los países potencialmente más expuestos a la toma de medidas proteccionistas por parte de la administración que comienza el 20 de enero, deberíamos mantener la guardia en alto para evitar sorpresas.

Incluso si parte de las promesas que se escucharon en la campaña norteamericana no se cumplen, vienen sobresaltos que influirán sobre los flujos de inversiones hacia esta parte del mundo y sobre la propia liquidez internacional. La volatilidad en los mercados será más notoria, tanto por las dudas sobre lo que viene en Washington como por la personalidad de alguien como Trump, quien no posee el callo que da el ejercicio de la política ante las críticas y que en más de una ocasión reacciona en caliente.

Para resistir a la turbulencia externa, la única salida posible es tener la casa en orden. Los vientos en contra que vienen de afuera hacen más complejo ese objetivo, pues hay una desaceleración en marcha que supera los cálculos que hacían los analistas al comenzar el año.

La lista de indicadores que no se comporta bien aumenta. Los datos más recientes de la industria y el comercio muestran un declive, sobre todo si en las manufacturas se excluye el efecto de la Refinería de Cartagena. En lo que atañe al crédito, las colocaciones descienden y los índices de cartera vencida muestran cierto deterioro.

Además, no podemos olvidar que nos encontramos en la incómoda categoría de “perspectiva negativa” por parte de las firmas internacionales de calificación de riesgo. Perder el grado de inversión nos saldría costoso y más todavía en el contexto global de ahora.

Debido a ello, es indispensable que la reforma tributaria salga adelante pues cruzarse de brazos sería la peor opción de todas. Quienes se ven afectados de manera directa preferirían que las cosas se queden como están, pero pocos hacen las cuentas de lo que pasaría si caemos en una recesión, si el desempleo se dispara o si la tasa de cambio sube a nuevos máximos.

Como siempre sucede, la propuesta que planteó el Gobierno es susceptible a mejoras, por lo cual es de esperar que el juicioso trabajo que se adelanta con los ponentes así lo compruebe. Sin embargo, también es posible que el cabildeo desemboque en un verdadero Frankenstein que lleve a un aumento en el recaudo, sin que mejore nuestra competitividad.

Ojalá los dirigentes gremiales, que tradicionalmente han sido parte de los que buscan soluciones, no descalifiquen el trabajo de los expertos y en cambio aporten su grano arena, orientado a hacerles entender a sus afiliados que nada sirve más que una economía sana. Quien lo dude no tiene sino que mirar el ejemplo del Brasil en donde no hubo precisamente samba ni carnaval, sino ajuste a las malas, dictaminado por la fuerza de los mercados.

Dejar para mañana lo que se puede hacer hoy también sería una mala salida, sobre todo si quedamos abocados a otra reforma en uno o dos años para tapar los agujeros que se abrirían esta vez. Veo inevitable, entonces, que la Casa de Nariño se involucre directamente en un trámite parlamentario de pronóstico incierto, del cual no puede estar ausente.

Una vez se superen los escollos inmediatos en el Capitolio, es menester trabajar en fortalecer la confianza de empresarios y consumidores. Ello exige que los integrantes del gabinete ministerial aparezcan más, actúen de manera coordinada y den muestra de una capacidad de liderazgo que hoy brilla por su ausencia en más de una cartera. La lista de problemas urgentes es larga y el Gobierno necesita demostrar que tiene las manos en la rienda.

El sector privado también tiene que desempeñar su papel, consistente en saber aprovechar las oportunidades que aparecen dentro y fuera de nuestras fronteras. No hay duda de que la época es difícil y se nos han juntado varias tormentas, pero no nos queda más remedio que ponerle buena cara al mal tiempo y salir adelante.

Un motivo de esperanza es que la tan mentada locomotora de la infraestructura viene aumentando su velocidad, lo cual debería influir positivamente sobre el comportamiento de la economía a partir del año que viene. Por otra parte, la mejora en el precio del café, combinada con una cosecha prevista en más de 14 millones de sacos, servirá para que medio millón de familias que derivan su sustento del grano logren su ingreso más alto en lo que va del siglo.

Ese par de ejemplos son tan solo una muestra de que no todo son malas noticias, así a veces el pesimismo nos desborde. Se ha convertido casi una moda quejarse de la situación, pero se nos olvida recordar que la clase media se duplicó en los últimos 12 años o que la inversión extranjera directa subió en el primer semestre mientras caía en el resto de América Latina.

Aquellos que traen su dinero aquí no lo hacen solamente porque les caemos bien o porque escucharon cuando eran estudiantes que tenemos récord como el de la esmeralda más grande o la anaconda más larga del mundo. Quienes invierten en Colombia lo hacen porque saben que este es un buen lugar para hacer negocios, en donde se obtienen rentabilidades atractivas y en el cual las perspectivas son llamativas.

Más de un empresario extranjero me ha dicho que no entiende esa especie de depresión colectiva que nos invade, cuando los logros que hemos obtenido hablan por sí solos y serían motivo de orgullo colectivo en otras latitudes. Por ese motivo, yo los invito a que utilicemos el ejemplo de quienes hoy serán premiados como motivo para decir que sí hay con qué.

A lo largo de nuestra historia, hemos enfrentado enemigos que habrían doblegado a sociedades menos luchadoras que la nuestra. Supimos vencer a los carteles de la droga y conseguimos llevar a la guerrilla a la mesa de negociación, lo cual es una señal de fortaleza.

Esa misma fortaleza es la que requerimos para volver a pensar colectivamente, llegar a consensos sobre las reformas pendientes y conseguir que la paz se sienta en todos los rincones del territorio. Entenderse con los contradictores no es sencillo, pues lo más fácil es seguir en la trampa de las recriminaciones mutuas, pero es lo más inteligente que podemos hacer.

Cada uno de los galardonados hoy podría contarnos cómo su mérito es también el de otros. Detrás de cada trofeo que entregamos esta noche se encuentra la guía de los padres, el respaldo de la familia, la inspiración del maestro, la compañía de los socios, el compromiso de los colaboradores o el consejo del colega.

Todos aquí son mejores porque supieron sumar y no restar, porque entendieron que la competencia, mientras sea leal, es la que lleva a alcanzar metas cada vez más altas, Confío en que sus historias de éxito sirvan para convencernos de que 48 millones de colombianos unidos por propósitos comunes valen mucho más que el mismo número de individuos, cada uno por su lado.