Las dos caras del negocio de la 'fiesta brava'

Cada corrida le deja a la ciudad $811 millones y genera 15.000 empleos indirectos y 1.200 directos. Ambientalistas proponen alternativas.

Plaza de toros

Este domingo inició la temporada taurina en Bogotá.

Carlos Ortega

Negocios
POR:
Portafolio
enero 25 de 2017 - 02:58 p.m.
2017-01-25

Por cada corrida de toros que se realiza en Bogotá, la ciudad recibe cerca de $811 millones por concepto de arrendamiento, impuesto al azar y espectáculos públicos. Así lo sostiene Felipe Negret, director de la Corporación Taurina de Bogotá, quien asegura que, por cada boleta vendida, 33 centavos son destinados al Distrito.

Los precios de la boletería por cada corrida de toros para esta temporada, oscilan entre $130.000 y $728.000, mientras que las entradas para las novilladas se encuentran desde $26.000 hasta $65.000.

Estas cifras son apenas una parte del dinero que mueve el negocio de la tauromaquia en la ciudad. Y es que la industria taurina representa una amplia cadena de procesos que inciden sobre la economía de las ciudades donde se desarrolla cada corrida. 

(Lea: Industria taurina, motor de empleo en Colombia)

Es una actividad que mueve hotelería, transporte aéreo y terrestre, restaurantes de todo tipo, venta de comestibles, bebidas y gaseosas. En algunas partes de la ciudad las personas hacen condumios –celebración previa al evento– y remates. Además, hay impresiones de listas de precios y afiches”, explica Harold Ronderos, secretario técnico del consorcio Colombia Taurina, compuesta por la Corporación Plaza de Toros de Manizales y la Corporación Taurina de Bogotá.

Sin embargo, las actividades que más generan dinero para la tauromaquia es la crianza de toros de lidia, la cual requiere, entre otros aspectos, un espacio extenso y cinco años para que el animal se encuentre apto para ingresar a la plaza.

Para el empresario Carlos Barbero, la crianza de toros de lidia es costosa y poco rentable. Él, quien heredó esta actividad de su padre, asegura que la venta de los animales en las corridas apenas cubre la inversión. El precio de un toro puede alcanzar en promedio los $13 millones.

“Esto es apenas un ‘hobbie’ y es uno muy costoso, porque los gastos y la alimentación del toro son mayores que el ingreso que se puede obtener por la venta del animal. No es como criar caballos”, explica.

Para sacar a la plaza una corrida de toros de siete ejemplares, es necesario tener como mínimo 34 vacas de vientre y un semental. La ley obliga a que los ejemplares sean mantenidos durante esos años en óptimas condiciones sanitarias y de alimentación, lo que a su vez garantiza un buen comportamiento en el ruedo.

Pero, además del comercio y la crianza del toro, la tauromaquia genera, por temporada, cerca de 15.000 empleos indirectos y 1.200 directos, entre las ganaderías y las empresas que se relacionan con el negocio.

La sola contratación de un torero que llega del exterior puede llegar a superar incluso los 280 millones de pesos por actuación, mientras que un torero local percibe cerca de 38 millones de pesos por corrida, esto dependiendo el renombre del torero.

Además, cada empresario debe garantizar por corrida tres toreros, nueve banderilleros, seis picadores, tres ayudas y un puntillero; se deben contratar un transportador que moviliza a los animales desde la ganadería hasta la plaza, dos caballos para el paseíllo, ocho más para las picas y dos para el arrastre final.

EN OTRAS LATITUDES

En Barcelona (España), el negocio en torno a la fiesta brava dejó millonarias cifras durante décadas hasta la reciente suspensión de la tauromaquia.

En esa ciudad, el dinero que movía la actividad era del orden de los 1.600 millones de euros por taquilla.

El diario El Mundo de ese país citó el informe de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (Anoet) a la Universidad de Extremadura el cual cita la cifra anterior y concluye que la tauromaquia fue una industria clave para las finanzas de la ciudad.

No obstante, la situación en Bogotá es diferente, además de que los grupos animalistas han hecho presión para quitarle legitimidad a la tauromaquia, no es una industria tan grande como lo fue en otros países.

Consultado sobre si existe una alternativa económica para reemplazar lo que percibe la ciudad por estos eventos, Eduardo Peña representante de Animal Defenders International para Colombia y miembro de la coalición de Colombia Sin Toreo, explica que una propuesta es destinar más actividades culturales en la plaza Santamaría.

Conciertos y eventos culturales son la respuesta. Cada semana Bogotá tiene una agenda cultural muy amplia. Ahí también se recogen impuestos: el empresario de espectáculos paga impuestos y eso debería pasar con esta industria”, explica Peña, quien indica que el peso de los eventos taurinos no son una suma contundente en el presupuesto de la ciudad.

¿SE ACABARÁ DEFINITIVAMENTE 'LA FIESTA BRAVA' EN BOGOTÁ?


Este miércoles la Corte Constitucional estudiará dos demandas contra la ley de maltrato animal con las que se podrían tomar una nueva decisión frente a las corridas de toros.

Las ponencias que debatirá la Corte son contradictorias. La primera, del magistrado Alejandro Linares, establece que las corridas deben mantenerse por respeto a las minorías taurinas, y para mantener el precedente que fijó la misma Corte en el 2010.

En un fallo de ese año del magistrado Humberto Sierra Porto, el alto tribunal dijo que el rejoneo, coleo, las corridas de toros, las novilladas, corralejas, becerradas y las riñas de gallos eran la excepción frente al deber de proteger a los animales, por entenderse como manifestaciones culturales, que son practicadas desde hace “largo tiempo y están arraigadas dentro de las costumbres sociales”.

En ese momento la Corte también dijo que esas expresiones están reguladas por decretos, leyes o por los mismos fallos de altas cortes, e indicó que suprimirlas o limitarlas le correspondía al Congreso.

Pero esta vez la Corte podría cambiar su decisión, pues varios magistrados que en esa ocasión salvaron su voto como María Victoria Calle, Jorge Iván Palacio o Gabriel Eduardo Mendoza, hoy no solo son minoría, sino que además están acompañados de por una mayoría liberal de la Corte. De hecho, en fallos pasados la Corte ya ha prohibido el uso de animales en circos.

Sobre la materia, el Consejo de Estado le permitió al científico Manuel Elkin Patarroyo usar primates en sus investigaciones científicas contra la malaria con la regla de que se "cumplan todas las condiciones impuestas por las autoridades ambientales competentes".

La ponencia del magistrado Alberto Rojas, que podría ser acogida por la mayoría de sus colegas, dice que la tauromaquia ha perdido fuerza como actividad cultural.

Incluso, su propuesta tendría en cuenta uno de los requisitos que puso el fallo del 2010, en donde indicó que las corridas se podían mantener en los municipios donde tradicionalmente se han realizado y debía ser una actividad con “arraigo cultural con la población mayoritaria del municipio en que se desarrolla”.

Fuentes dicen que, según la ponencia de Rojas, las corridas deberían desmontarse de forma gradual, teniendo en cuenta que en municipios en los que hoy se practica –por ejemplo Bogotá- no hay una mayoría que las tome como expresión cultural. El magistrado también propondría que el espectáculo taurino se siga por ahora realizando pero sin causarle daño al toro.

La ley de maltrato animal, 1774 del 2016, que fue demandada el año pasado fue la que penalizó conductas de maltrato contra los animales, pero excluyó las mismas actividades que la Corte había declarado como excepción en el 2010, como la tauromaquia.

La demanda que estudia Rojas, interpuesta por Roy de Jesús Peñarredonda y Yeison Ronaldo Plata, dice que esta ley prohibió los actos de maltrato contra los animales que sean “injustificados”, por lo que dejó abierta la puerta para que otras actividades que implican el sufrimiento animal sí tuvieran justificación. Esto, a pesar de que la Declaración Universal de los Derechos de los Animales dice que “ningún animal será sometido a malos tratos ni actos crueles”.

Por su parte, la demanda que estudia Linares dice que la ley de maltrato animal facilita y permite que “continúe la conducta agresora de varias personas que maltratan, abusan, desconocen por completo la calidad de seres sintientes de los toros, novillos, becerros y gallos”, lo que a su juicio es “totalmente contrario a la protección cultural”.

Entre la mayoría de magistrados también tendría fuerza la tesis que indica que con esas prácticas se afectan los derechos al ambiente y a la protección animal, por mantener un sufrimiento y dolor innecesario para los animales.

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