El nuevo nombre de Licorera de la 85 | Negocios | Portafolio

Licorera de la 85 cambia de nombre y se volvería cadena

A partir de ahora se llamará 15-85 y abriría locales en Usaquén, Chapinero Alto y el centro de Bogotá.

Paulo Calderón, gerente de la Licorera 15-85, de Bogotá.

Paulo Calderón, gerente de la Licorera 15-85, de Bogotá.

Édmer Tovar Martínez

POR:
Portafolio
octubre 09 de 2017 - 09:01 p.m.
2017-10-09

La licorera de la 85, en Bogotá, tiene claro que los factores que han afectado el negocio de los licores en el país, en el último año, deben ser vistos como una oportunidad.

Por eso, la empresa Disportal, la razón social de este establecimiento comercial ubicado en la carrera 15 con calle 85 de Bogotá, decidió no quejarse del guayabo que les está generando por la nueva ley de licores.

Paulo Calderón, su gerente, habló con Portafolio y explicó el plan estratégico de la compañía luego de 40 años de operación, que incluye desde cambio de nombre, hasta el montaje de una cadena de licores en el país, y fortalecer las ventas online.

¿Cómo se ha comportado el mercado de licores, con la entrada en vigencia de la ley aprobada el año pasado?

La Ley ha afectado mucho al mercado. Hemos identificado dos efectos. Los productos premium han subido mucho sus precios, y esto afecta la demanda y favorece al contrabando porque el negocio ilegal se vuelve más rentable. Es un incentivo para los contrabandistas.

El segundo problema es la dificultad que tenemos los comerciantes para la liquidación del impuesto, debido a que ahora se hace de acuerdo al precio de cada producto, según una encuesta que realiza el Dane en todo el país. Esto se ha vuelto muy engorroso y muy caro no solamente para los comercializadores sino para el propio Dane, que tiene que hacer esta encuesta para determinar los precios de cada producto.

¿La queja no es por el impuesto sino por la complejidad del proceso?

Efectivamente. Eso de remitirse a un listado que le entrega el Dane. Eso se presta para errores. El sector de los licores no necesitaba que se le bajaran los impuestos, pero tampoco que le complicaran la declaración. Este procedimiento se aplica para licores y vinos.

¿Qué otro problema les generó la Ley de Licores?

Hay un tema muy complicado que no lo creó la Ley, sino que se abstuvo de solucionarlo. Se trata del monopolio de los departamentos. Nosotros somos importadores y, además de la nacionalización de productos, tenemos que tramitar las estampillas en cada departamento a donde queramos llegar. En este caso, el problema no es el costo del trámite sino la lentitud y la ineficiencia con la que se hace.

¿Por qué se encareció el vino?

El vino pasó de tener un impuesto que se liquidaba según el grado alcohólico a uno ad valorem, y esto lo hizo subir de precio. Además se le aplicó un IVA del 5%, adicional al impuesto al consumo. Nosotros tenemos unas 500 referencias y cada uno tiene un tributo diferente.

¿Y cómo están enfrentando la menor demanda?

El negocio lo estamos reinventando. Estamos remodelando la Licorera de la 15-85. La idea es eliminar el mostrador y convertirnos en un sitio donde los clientes puedan mirar las etiquetas, caminar por los pasillos y escoger los productos que quieran. Tendremos atención directa con asesores para los usuarios. Haremos muchos eventos, catas y otro tipo de actividades para atraer nuevos clientes. Nosotros sabemos que no es cierto que si alguien toma un determinado licor no cambia su marca por el solo hecho de que ese producto suba $20.000 o $50.000 por botella. Efectivamente, la gente sí cambia de marca.

¿Qué otros planes tienen para mejorar las ventas?

Tenemos otras iniciativas. Una de ellas es impulsar las ventas online, pues cada vez hay mayor demanda a través de este canal. Ya lo estamos haciendo y hemos tenido muy buenos resultados porque la Licorera de la 15-85 es muy conocida en Bogotá. Estamos analizando la posibilidad de convertirnos en una cadena de licoreras, que sería la primera de este tipo tan especializada, en el país. Inicialmente, nos expandiremos en Bogotá, con la Licorera 15-85 en Usaquén, en Chapinero Alto y el centro. También llevaríamos 15-85 a Medellín y Bucaramanga.

Mantendremos nuestra política de atender al público entre las 10:00 de la mañana y la media noche.

¿Qué novedades tendrán en materia de productos?

Tenemos alianzas con los grandes productores y distribuidores globales para ofrecer en el país las últimas tendencias de licores premium como los wiskys de malta y la ginebra. La idea es traer las versiones más puras de este tipo de debidas.

¿Cuál es el licor que más consumen los colombianos?

La gente está tomando mucho wisky, porque los precios se han nivelado con el aguardiente. Los consumidores están dando el salto. Los promotores están haciendo todo para que las tiendas de barrio ofrezcan wiskies de $40.000 o $50.000, es decir, muy similares a una botella de ron.

El consumo de aguardiente es muy estable en Colombia, es decir, que también se mantiene. El ron tuvo un ‘boom’ pero ha cedido terreno.

El problema es que en Colombia no se sabe que el país produce unos rones de muy alta calidad, que incluso son muy reconocidos en el mundo.

¿Cómo cuáles?

Quienes estamos en el mercado sabemos que Colombia tiene al menos tres marcas de ron con mucho prestigio internacional. Hay un ron en Cartagena, que nosotros vamos a vender en el país. Se trata del ron Dictador. Esa es la marca colombiana más vendida en el mundo, pero acá no lo conocemos, con excepción de la costa Caribe. Está en más de 60 países y es un producto premium que ha ganado muchos premios. Lo fabrica la empresa Destilería Colombiana, en Cartagena. Es un producto cuya botella vale más de $100.000

Otro es el ron Hechicera, de Barranquilla, y Parce, de Armenia. Es una lástima que los colombianos no sepan que tenemos estos productos de alta calidad.

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