Mercado a domicilio

Mercadoni le lleva la mejor versión de lo que quiere en menos de una hora.

Pedro Freire, cocreador de Mercadoni.

Pedro Freire, creador de Mercadoni.

Archivo particular

Emprendimiento
POR:
Portafolio
marzo 27 de 2016 - 11:59 p.m.
2016-03-27

Un capitalino suele invertir cuatro horas semanales en hacer mercado. La opción más cómoda siempre va a ser que alguien lo haga por él. Es ahí cuando aparecen los domicilios, un servicio con el que cuenta la mayoría de comercios.

El problema es cuando lo hacen mal: le llevan el tomate magullado o el queso vencido porque, como explica Leonardo Díaz, coordinador de marketing de Mercadoni, algunas grandes superficies aprovechan esta modalidad para deshacerse de los productos que no pueden vender.

Siendo conscientes de esta realidad y de lo poco amigable que es Bogotá con la tarea de hacer mercado, Pedro Freire y Antonio Nunes se dedicaron a ingeniar logaritmos que les permitieran a los consumidores ordenar toda clase de productos desde una aplicación: Mercadoni. Desde esta app, usted escoge qué quiere y de dónde. Ellos se aseguran de adquirirlo en las mejores condiciones y llevárselo a su casa en menos de una hora.

Cuentan con 250 ‘pilotos’ –como ellos bautizaron a quienes entregan el domicilio– que saben cuál es la mejor lechuga, qué tan maduro debe estar el aguacate, qué tipo de queso es mejor para su ensalada y qué clase de vino iría bien con su cena. Mercadoni los entrena durante un mes.

“En la aplicación, determinamos qué tipo de transporte tiene cada uno de nuestros pilotos, su disponibilidad y cuál es su cercanía con el cliente. Así, decidimos quién debe atender cierto pedido”, explica Díaz.

Los pilotos podrán contactarse con su cliente para asegurarse de que está cumpliendo con sus requerimientos. Ganan por domicilio y podrían hacerse hasta $900.000 mensuales.

El cliente paga los productos a sus precios originales y el cargo del domicilio, que se calcula dependiendo de la distancia recorrida, el número de productos comprados y el transporte utilizado para movilizar lo adquirido.

“Y si usted quiere que su piloto entre a la casa y le ayude a organizar la mesa, puede hacerlo sin lío. Antes de contratarlos, nos aseguramos de que sean personas en las que usted puede confiar”, añade Díaz.

Con cinco meses de haber sido creada, 250.000 personas ya descargaron Mercadoni. La startup tiene contratadas 40 personas fijas, está creciendo cerca de 30 por ciento semanal y ya ha facturado más de 4 millones de dólares. En su plataforma están disponibles los productos de más de 50 cadenas, como D1, Colsubsidio, Makro, PriceSmart y Surtifruver. También cuenta con las farmacias Locatel, La Rebaja y Salud Market.

Hace tres meses que Pedro y Antonio montaron la versión mexicana y van por más, pero prefieren guardarse para ellos su próximo destino.

Ya tienen un voto de confianza que los ayudará a impulsar algunos de sus sueños: 2 millones de dólares que Axon Partners Group, a través del fondo de inversión Amerigo Ventures Pacífico, depositó en la compañía. “No son suficientes, pero podremos avanzar”, contesta Freire, restándole entusiasmo a la noticia.

CREAR ‘STARTUPS’, SU VERDADERA AFICIÓN

Pedro lo confiesa sin tapujos: hoy, su amor es Mercadoni, pero mañana puede ser otro. Y más que de la app, se enamoró del nicho que consideró más desafiante: domicilios en una ciudad tan caótica como Bogotá.

Así ha sido siempre, pero no ha tenido éxito en todas las ocasiones. La primera startup de este par de amigos portugueses de 27 años fue una aceleradora de pequeños empresarios en el norte de África, cuando “eran muy jóvenes y no sabían lo que hacían”, acepta Freire.

Luego, sus proyectos fueron perdiendo altruismo y volviéndose más ambiciosos. Incursionaron en el e-commerce de Asia y decidieron venirse para el otro lado de ese mundo: Latinoamérica.

Aquí emprendieron su mayor éxito, Linio, el portal web que muchos califican como el Amazon de la región. “En un inicio, éramos cinco personas en una oficina y nadie nos creía. Hoy es una empresa que factura millones”, cuenta Pedro para ejemplificar el ritmo de crecimiento que tiene el comercio en línea en Colombia y por qué decidieron trabajar desde esta esquina norte del continente.

“Bogotá es la ciudad perfecta para el e-commerce: el trancón, la lluvia y los hábitos de consumo son abono para una cultura en la que se busca solucionarlo todo desde una app”, narra, con el portugués que arrastra en su acento y que le exige precisión en sus palabras.

Un día, Linio dejó de apasionarlos y ya no quisieron seguir encargándose de ese emprendimiento. Vendieron parte de sus acciones y se entusiasmaron con Mercadoni.

“Va a ser mucho más grande que Linio y eso estábamos buscando. Mercadoni va a ser sinónimo de comprar. Va a conectar Bogotá en un clic”, dice, sin nostalgia por lo que hicieron crecer y hoy anda solo.

Nadie duda de que tienen puesta la camiseta de esta app –literalmente, no se la quitan-, pero Freire es honesto: dice que en cinco años, cuando este emprendimiento ya no los necesite, su consentida puede ser otra startup.