Agro, entre el pasado y el futuro

Productores rurales del país tienen historias exitosas de emprendimiento para mostrar.

Varios de los proyectos presentados por empresarios innovadores ya están en mercados externos.

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Varios de los proyectos presentados por empresarios innovadores ya están en mercados externos.

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agosto 23 de 2014 - 02:16 a.m.
2014-08-23

El mundo anda maravillado con un producto colombiano que se llama Quinoasure. La empresa que lo produce, Factoría Quinoa, fue catalogada como una de las 40 compañías que pueden cambiar el mundo, y el programa global New Ventures, que apoya a los emprendedores que generan un impacto positivo en el medio ambiente y en sus comunidades de influencia, la eligió como una de las 30 mejores firmas de América Latina.

Muchos otros, como yo, sencillamente nos quedamos sin palabras ante la hazaña que lograron Luis Felipe Avella, un ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, especializado en la investigación de cadenas de comercio justo, y su socia Inés Patiño, una ingeniera química experta en procesos agroindustriales innovadores, quienes desarrollaron un suplemento alimenticio ciento por ciento natural, elaborado con quinua en polvo, que ha ganado premios de innovación a nivel mundial en las Ferias SIAL de Alimentos en Francia, China y los Estados Unidos

El camino no ha sido fácil para Factoría Quinoa. Estos emprendedores, con intenso trabajo de investigación, lograron adaptar los cultivos a las condiciones climáticas de un valle de Boyacá, entre Paipa y Sogamoso, negociaron con algunos productores ya existentes de Nariño, invirtieron en innovación y tecnología y les brindaron a los campesinos productores semillas y asistencia técnica para la cosecha y poscosecha.

Casos como este muestran que no es cierto que nuestro agro esté en la edad de piedra. Y es que, desde Bancóldex y sus programas especiales: iNNpulsa Colombia y el Programa de Transformación Productiva (PTP), nos hemos esforzado por apoyar y replicar casos de empresas de crecimiento extraordinario dedicadas a la agroindustria.

Emprendedores que están revolucionando la forma de aprovechar cultivos de cebolla, flores, palma, café, frutas, miel y coco, entre otros. ¿Quién iba a creer, por ejemplo, que hay estudios que demuestran que la mayor productividad por hectárea de la cebolla no está en Boyacá, sino en Cesar o La Guajira?

Otro ejemplo es Solar Ciencia Agrícola, una compañía familiar de Ibagué, de campesinos en Converse, que se dedica a solucionar diferentes problemas de la agricultura en el mundo mediante productos nuevos e innovadores.

Actualmente, Germán Andrés Castaño, cofundador y gerente general de esta empresa, se encuentra en proceso de patente de un fungicida desarrollado a partir de materias primas residuales de otros sectores de la industria, que puede ser empleado en cultivos orgánicos y que, además de acabar con plagas y hongos, promueve el crecimiento de plantas.

Conocemos una empresa con una tecnología notable como es Celotor, un novedoso collar diseñado por ingenieros colombianos que detecta el celo de las vacas y envía las alertas a los móviles de los ganaderos.

APROVECHAR LAS HABILIDADES Y LAS VENTAJAS NATURALES

Estos casos de éxito son ejemplo del potencial agrícola colombiano si se hacen apuestas con innovación. Incluso, como lo recordaba el profesor Ricardo Hausmann, de Harvard: “Tenemos que ser más audaces y dejar de hablar de productos de mayor valor agregado para comenzar a aprovechar nuestras habilidades y la ventaja natural de nuestra localización y geografía para crear productos provenientes del agro”.

Catalina Ortiz

Gerente general de iNNpulsa Colombia