Alce la mano el que conozca los valores corporativos

Los empleados fallan al enumerar fundamentos éticos empresariales.

Alce la mano el que conozca los valores corporativos

Shutterstock

Alce la mano el que conozca los valores corporativos

Empresas
POR:
octubre 10 de 2015 - 12:50 a.m.
2015-10-10

Hace unas semanas me paré frente a un grupo de gerentes de 24 reconocidas compañías y los obligué a participar en un juego de salón.

Previamente yo había visitado los sitios web de cada uno de sus empleadores y había recopilado listas de sus principios y valores corporativos. Entonces se las leí una tras otra, y les pedí a todos que levantaran la mano cuando reconocieran los de sus propias compañías.

Yo sabía que este era un truco sucio. Estaba segura de que la mayoría fallaría, y en realidad esperaba ansiosamente el espectáculo. No salí defraudada.

De 24, solamente 5 identificaron correctamente los principios de sus compañías, y en tres de los casos fue porque habían formado parte de los comités que los habían redactado. Los restantes 19 levantaron la mano con confianza –y fallaron.

A estos honrados gerentes no se les puede culpar de su mal desempeño, puesto que en general todos los principios corporativos son ‘el mismo perro con diferente collar’.

TRES PRINCIPIOS

Maitland, la compañía financiera de relaciones públicas, acaba de finalizar una auditoría de los principios de las compañías del índice FTSE 100, y descubrió que tres palabras –integridad, respeto e innovación– surgen una y otra vez.

Qué espléndido suena ese trío. Lamentablemente, es un fiasco. La integridad es especialmente poco convincente. No tiene sentido sostener la integridad como principio, puesto que nadie nunca soñaría con sostener lo contrario. El respeto suena bien, pero es insignificante a menos que quede claro (como nunca sucede) a quién hay que respetar. Algunas personas merecen respeto; otras no. Y la innovación llega a la lista más bien como un deseo de las anticuadas compañías de ser consideradas más modernas.

Parte del problema de los principios es que no está claro qué se supone que hacen. Se podría decir que existen para informarle al mundo exterior cómo se comporta la compañía (o cómo le gustaría comportarse) y cómo se diferencia de otras compañías. Este es un buen propósito, pero no funciona por tres razones.

En primer lugar, la autodescripción siempre es sospechosa. Si alguien se toma el trabajo de decirme que es honesto o creativo, inmediatamente pienso lo contrario. En segundo lugar, lejos de ser un punto de diferencia, los principios hacen que cada compañía luzca semejante, puesto que solo hay una lista limitada de rasgos corporativos deseables. Y en tercer lugar, las declaraciones públicas son rehenes del destino.

Volkswagen debe estar lamentando el día en que hizo de la “sostenibilidad” un principio fundamental.

Una mejor razón para publicar los principios es recordarles a los empleados cómo se supone que deben comportarse. Sin embargo, mi experimento demuestra que esto fracasa incluso antes de comenzar: si las personas no pueden recordar cuáles deben ser sus principios, no van a poder seguirlos.

Diecisiete de las 100 mayores compañías de Gran Bretaña son lo suficientemente sensatas como para no tener principios en absoluto –o al menos ninguno que les interese publicar en sus sitios web. Maitland sugiere que estas compañías son perezosas y que deberían tomar el ejemplo de las otras. Los principios, según dice portentosamente el informe, son “la próxima frontera”.

ENTRE LA VALENTÍA, LA IMAGINACIÓN Y LA DECENCIA

Ya que he estado las pasadas tres décadas trabajando para esta compañía (una relación que terminará pronto cuando se concluya su venta del Financial Times), supongo que debo estar orgullosa de esto.

Sin embargo, detuve a todos los que me encontré por el camino para pedirles que me dijeran los principios de Pearson. Once personas dijeron: “¿Eh?” Solo un colega logró decirlos todos. Los principios “valentía, imaginación, decencia” son difíciles de recordar, además de que son inútiles como guía de cómo debería comportarme. ¿Es valiente de mi parte escribir esto? Posiblemente. ¿Es decente? Probablemente no, pero la decencia no es necesariamente uno de los principios de los columnistas. ¿Es imaginativo? Definitivamente no –si el tema es la idiotez corporativa, no hay necesidad de utilizar la imaginación tomando en cuenta la abundancia que nos regala la vida real.

Financial Times