Apple y Samsung: tan amigos como enemigos

Analistas explican que las dos compañías, a pesar de la guerra de patentes, se dan cuenta que es mejor trabajar unidas.

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febrero 12 de 2013 - 12:05 a.m.
2013-02-12

Fue la última pesadilla de Steve Jobs. Un poderoso fabricante asiático, Samsung Electronics, emplea el sistema operativo Android de Google para crear teléfonos avanzados y tabletas con un gran parecido al iPhone y el iPad.

Samsung empieza a ganar cuota de mercado, dañando los márgenes de Apple y el valor de su acción, y poniendo en peligro su reinado en el mundo de la electrónica de consumo. Jobs, por supuesto, tenía una respuesta para esto: una guerra ‘termo nuclear’ legal que habría excluido a los clones del mercado.

Cerca de dos años después de que Apple presentara por primera vez una demanda por infracción de patentes contra Samsung, y seis meses después de que obtuviera una enorme victoria legal sobre su rival surcoreano, las opciones de Apple de bloquear las ventas de productos Samsung se debilitan cada día. Una serie de recientes sentencias judiciales hacen pensar que las guerras de patentes de los smartphone están llegando a un punto muerto en el que Apple es incapaz de mostrar que sus ventas se hayan visto dañadas seriamente cuando sus rivales, especialmente Samsung, han imitado sus productos.

Esto puede hacer entrar en una nueva fase a la compleja relación entre las dos empresas dominantes en el mercado de la informática móvil.

UN SOCIO IMPORTANTE

Aunque las dos empresas compiten ferozmente en el mercado de los teléfonos inteligentes de gama alta, en el que acaparan la mitad de las ventas y virtualmente todos los beneficios, sus fortalezas y debilidades son en muchos aspectos complementarias.

A medida que su guerra legal se disipa, cada vez queda más claro que Apple y Samsung tienen un interés común cuando trabajan para derrotar a otros potenciales adversarios, como BlackBerry o Microsoft.

La comparación con otras rivalidades en la industria tecnológica es sombría. Cuando Apple acusó a Microsoft en los 80 de copiar el Macintosh para crear el sistema operativo Windows, la existencia misma de Apple estuvo en el aire. Apple perdió, el Mac se convirtió en un producto de nicho y la empresa se acercó a la extinción antes de que Jobs regresara a finales de 1996 y la salvara con el iPod y el iPhone. Jobs murió en octubre del 2011.

De una manera similar, las guerras de los navegadores de Internet a finales de los 90 que enfrentaron a Microsoft y a Netscape acabaron con Netscape, vendida a un precio de saldo, y su producto insignia abandonado.

Apple y Samsung, por otra parte, no están inmersos en un combate corporativo a muerte, sino más bien en una rivalidad en diferentes segmentos, que a veces es amistosa y otras más dura.

Para competidores como Nokia, BlackBerry, Sony , HTC e incluso Google -cuya filial Motorola tiene previsto lanzar nuevos smartphones a finales de este año- son un dúo formidable.

Sus diferencias, combinadas con las imponentes fuerzas que ambas empresas les aportan a los mercados, pueden hacer de la cooperación tranquila una estrategia más adecuada que la guerra que se desarrolla de un tiempo a esta parte.

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