Blockchain: fundamento de la desintermediación y la nueva economía global

Este paradigma que quiebra los “pasos intermedios” de los clientes con sus necesidades, ha venido concretando y construyendo confianza.

Marketing digital BBVA

Esta dinámica transaccional establece un flujo de datos entre los diferentes participantes creando relación entre iguales.

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Portafolio
septiembre 01 de 2017 - 03:30 p.m.
2017-09-01

Cuando hablamos de tecnologías disruptivas, es inevitable hablar de Netflix, de Airbnb, de Uber y de blockchain. Esta última, algunos investigadores como Plansky, O’Donnell y Richards establecen, que no es una tecnología disruptiva, sino una tecnología fundacional, es decir, un adelanto tecnológico sobre el cual se sustenta la revolución social más importante que repiensa el concepto de la economía global, basado en la desintermediación de la relación entre los clientes y los productos y servicios que desean adquirir.

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El blockchain (“Cadena de bloques”) en palabra básicas, y de acuerdo con Burger, Kulhmann, Richard y Weinmann, es la conjunción de la tecnología P2P (Peer to Peer) y los adelantos criptográficos. Una apuesta de relación entre iguales que debilita las jerarquías de los intermediarios actuales, donde los adelantos de la criptografía establecen elementos claves que aseguran la mayor transparencia y control de las operaciones, creando una base de confianza en los diferentes puntos de contacto.

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Este paradigma que quiebra los “pasos intermedios” de los clientes con sus necesidades, ha venido de manera silenciosa concretando y construyendo la confianza necesaria para establecer un nuevo concepto de transacción segura, donde en una red (sin control central) existen “activos digitales” (generalmente de interés por muchos clientes) como pueden ser dinero, acciones, propiedad intelectual, música, registros de estudiantes, entre otros, los cuales se pueden adquirir y negociar de forma confiable dejando un registro de la transacción, que de manera simultánea se anuncia a todos los participantes de la red.

Cada registro establece un bloque con una estampa de tiempo, firmado digitalmente, que lo vincula a otros bloques, creando una cadena de estos a lo largo de todos los participantes en la red, con lo cual tratar de modificar o alterar dicha cadena, demanda un cambio masivo e instantáneo sobre todos los registros o bloques replicados en la red, sin contar con el reto criptográfico que implica validar la firma correspondiente para cada bloque.

Esta dinámica transaccional establece un flujo de datos entre los diferentes participantes creando relación entre iguales, donde tanto clientes, productos y servicios son parte natural de la interacción entre las personas, eliminando las pasarelas de conexión de pagos, los tributos requeridos por los estados y sobremanera, devuelve al consumidor la relación directa con el proveedor, potenciando la capacidad de cálculo y almacenamiento de los equipos computacionales, con acceso a múltiples fuentes de información y contenidos diversos a través de la “red de pares”.

La tecnología “cadena de bloques” establece un nuevo paradigma de relacionamiento en internet entre sus diversos participantes. Al ser un sistema distribuido, asistido por el ejercicio de llaves públicas y privadas, que hacen parte de la validación de cada una de las transacciones, configura un escenario de confiabilidad abierta entre los involucrados, de tal forma que los terceros de confianza tradicionales, léase sistema financiero, se debilitan frente a la nueva forma de asegurar el traspaso de los recursos y la obtención de los productos o servicios contratados.

En los últimos 10 años la “cadena de bloques” ha avanzado de forma acelerada concretando hitos y retos importantes que consolidan su uso como tecnología fundacional que avanza en la reconfiguración de la dinámica global de los negocios y relaciones entre personas.

El primer avance concreto fue el bitcoin, una criptomoneda que es utilizada por muchas personas a nivel global, como una forma alterna de acelerar la entrega de recursos, usando la confiabilidad del sistema basado en “cadena de bloques” que a la fecha cuenta con una cotización global, reconocida por algunos gobiernos como medio de pago y rechazado por parte de otros, como es el caso de Colombia.

El segundo tiene que ver que el uso de la tecnología de “cadena de bloques” no solamente abarca el tema de las monedas digitales, sino como una alternativa para realizar otro tipo de procesos financieros donde la confiabilidad de esta temática permite acelerar las relaciones con los clientes y ofrecerles productos o servicios de inversión diferenciados según perfiles de riesgo y categoría de inversores.

La tercera opción, afirma Gupta tiene que ver con los contratos inteligentes: “un sistema de cadena de bloques llamado ethereum, que incorpora pequeños programas informáticos sobre la cadena de bloques para representar instrumentos financieros, como préstamos o bonos, en lugar de tan sólo las fichas del estilo del efectivo de bitcoins.”. De igual forma, se comienza a analizar formas particulares de configuración de contratos de bienes y servicios donde esta tecnología establece la forma de asegurar la vinculación de las partes y aseguramiento de las obligaciones que se derivan del mismo.

Si bien esta tecnología se encuentra en sus primeros estadios de desarrollo, de acuerdo con Tapscott, las posibilidades para su uso y despliegue son apenas una muestra de la potencia que poco a poco irá desarrollando para concretar una red global distribuida donde los conceptos de confianza basado en transacciones entre pares o iguales, terminarán afectando las posturas centralizadas de control, las cuales crean una intermediación que afecta la dinámica global de los participantes y sus relaciones con los proveedores.

Las redes P2P hablan, palabras de Millán, de un concepto de democratización de la dinámica social, una reconexión con la capacidad de decisión de las personas para aprender o construir con uno o varios individuos al mismo tiempo, que combinado con los retos criptográficos modernos, es capaz de fundar una nueva pedagogía de aprendizaje, donde no son las habilidades, ni el conocimiento per se el que hace la diferencia, sino la capacidad de sorprenderse en cada momento, la que habilita las nuevas oportunidades para evaluar información, colaborar, comunicar y reconectar aquello que era conocido con los retos que implica las lecturas de lo desconocido.

La “cadena de bloques” para cumplir con el reto de la democratización global y desintermediación deberá habilitar en el mediano y largo plazo, según los consultores Tapscott, el intercambio de contenidos, motivar la co-innovación entre pares y concretar el aprendizaje colaborativo , tres elementos que permitan una lectura sistémica de los ecosistemas digitales, como fuente de los nuevos normales de las relaciones sociales y de negocio para los grupos humanos del siglo XXI.

Jeimy J. Cano M.,
profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario
Especial para Portafolio

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