Bon Yurt, retrato de la innovación en alpina

Por estos días, la emblemática marca celebra 30 años. A través del tiempo, el producto evoluciona como el que más vende en la compañía con tres unidades por segundo.

Alpina

Camilo Andrés Jaramillo, director de Mercadeo de Alpina.

Archivo particular

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Portafolio
octubre 29 de 2017 - 08:44 p.m.
2017-10-29

En el álbum que guarda la historia de 72 años de la compañía Alpina, el nacimiento de Bon Yurt hace tres décadas, tiene un lugar especial.

Fue fruto de una iniciativa entre un proveedor de empaques y los colaboradores de la planta de Alpina de Sopó, Cundinamarca, ante un fenómeno de consumo que identificaron en 1987: los colombianos empezaban a tomar cereal con yogurt.

(Lea: Alpina, ícono de gran tradición). 

El reto era cómo hacer para que todo estuviera en un mismo empaque y la gente tuviera esa preparación en cualquier momento y en cualquier lugar de manera inmediata.

Al comienzo, cuando el proceso industrial no se había consolidado, era fundamental la ayuda de 40 operarias que armaban el producto.

Hoy, se envasa la bebida, se tapa y en un segundo piso se llenan las copas de cereal, que se sellan y por gravedad caen sobre el primero y así se arma cada unidad.

La capacidad industrial y la automatización en sus plantas de Sopó y Entrerríos (Antioquia) han mejorado el proceso para sacar al mercado un producto que para la empresa es ganador, pues cada segundo vende tres unidades.

“Esta es la marca número uno de la organización al revisar el total de ventas de su portafolio”, dice Camilo Andrés Jaramillo, director de Mercadeo. El ejecutivo considera que Alpina es una de las compañías que se ha caracterizado en el país por ser innovadora, empezando por la llegada al país de sus fundadores suizos que tuvieron la idea de trabajar con productores de leche de la Sabana de Bogotá para elevar los estándares de calidad de lo que le compraba a los campesinos.

Otro ejemplo de ese interés por sorprender y conquistar a los colombianos fue la incursión, en ese momento en la oferta de quesos madurados, agrega Jaramillo. En el caso de Bon Yurt, señala, lo que hay es un caso de cocreación, de observación del hábito de consumo y de estudio sobre cómo atender esa necesidad para, finalmente, generar un producto bajo el concepto de conveniencia.

El director de mercadeo de la empresa colombiana también destaca el desarrollo particular del nombre como una jugada ‘arriesgada’ en medio de una época en la que primaban aspectos formales y clásicos para ‘bautizar’ los productos’.

SIEMPRE EN EVOLUCIÓN

Cuando el producto se concibió, se pensaba que era ideal para el desayuno de los niños.

Los primeros cereales que acompañaban el yogur eran Zucaritas y Choco Krispis que, aun hoy provee Kellogg’s. Otros ingredientes son de otras marcas.

“Hoy en día esas dos primeras combinaciones se venden mucho y los que más las consumen, por nostalgia, son los adultos que crecieron con el producto”,
dice el ejecutivo.

Actualmente, los estudios sobre el consumidor muestran que Bon Yurt aparece en distintos momentos de su cotidianidad. Recientemente presentó al mercado el mini Bon Yurt, un tamaño más pequeño apropiado para la lonchera de los niños.

Ahora, “nuestro principal target es el de los jóvenes entre 17 y 24 años. Es interesante ver cómo una marca de 30 años es atractiva para los millennials. Por eso lo que hacemos en Alpina con ímpetu es conocer a las generaciones en cada una de las etapas que vive y eso obliga reinventarnos de la mejor manera para llegar a los consumidores y hablarles de forma pertinente”, comenta.

En esa estrategia, este año hizo el primer reality de youtubers promovido por la marca. El resultado fue positivo por la conexión con el grupo objetivo.

No en vano, el envase de su Bon Yurt Black, con galleta triturada, está en un envase negro hecho con material reciclado, para atender las preocupaciones de estos clientes por el cuidado del medio ambiente.

Sobre lo que viene para la marca, Jaramillo dice que “el próximo año habrá más sorpresas. Lo que sí buscamos es revitalizarla y llegar más directamente a los jóvenes. Por eso la comunicación digital es clave ahora. Siempre hay que innovar pero sin traicionar lo que originó el producto: la industrialización de un hábito, con la tranquilidad de que siempre leeremos al consumidor”, concluyó.

Constanza Gómez G.
congom@portafolio.co

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