Coches de Cartagena, bajo lupa tras desplomes de caballos

Por cuarta vez en lo que va de año y, en menos de una semana, un caballo se desplomó cuando transportaba a visitantes.

Alrededor de 60 coches transitan en recorridos de al menos una hora por las calles y rincones de la ciudad colonial.

Archivo particular

Alrededor de 60 coches transitan en recorridos de al menos una hora por las calles y rincones de la ciudad colonial.

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septiembre 28 de 2014 - 06:01 p.m.
2014-09-28

Los tradicionales paseos en coches tirados por caballos, uno de los atractivos turísticos de la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, están cuestionados por las inexplicables caídas sufridas por varios equinos.

Y es que por cuarta vez en lo que va de año y, en menos de una semana, un caballo se desplomó cuando transportaba a visitantes, en tanto que otro murió de un paro cardíaco en plena vía turística de Bocagrande, lo que suscitó un debate sobre esta tradición de origen español.

Defensores de los animales libran su última batalla a orillas del mar Caribe para suprimir estos servicios, que forman parte de la riqueza e identidad cartagenera junto a las emblemáticas murallas y fortalezas de la ciudad, que en 1984 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

"Los animales no tienen una pesebrera digna, ni una alimentación adecuada y los cuidadores no los tratan bien", dijo a Efe la activista por los derechos de los animales Fany Pachón, quien denunció que los equinos son sometidos a largas jornadas y viven en "condiciones infrahumanas".

Alrededor de 60 coches transitan en recorridos de al menos una hora por las calles y rincones de la ciudad colonial, donde transportan a los visitantes que acuden en masa al considerado primer destino turístico de Colombia, que en no pocos paquetes ofrece los servicios de los equinos.

Según Pachón, los cocheros chambaculeros, del tradicional barrio de Chambacú, mantienen a los animales en caballerizas improvisadas que califica de "alzamientos de tablas" dentro de los límites de la ciudad, en las que los animales reciben baños de agua con sal.

"Son tradiciones ibéricas adquiridas que no pertenecen a nuestra idiosincrasia como cartageneros", criticó Pachón, quien denunció que los cocheros "justifican" el maltrato animal como patrimonio del departamento de Bolívar, al que pertenece Cartagena. A raíz de las denuncias interpuestas por los animalistas en los últimos meses debido a "las deplorables condiciones de salud" de los equinos y los frecuentes episodios de caídas de los caballos, la polémica alarmó a la Procuraduría, entidad que solicitó al alcalde de la ciudad, Dionisio Vélez, la suspensión de la actividad.

La institución pidió el pasado julio que se eliminen estos recorridos hasta que se adopten las medidas adecuadas para "proteger la vida y la salud de los animales" y expidió un informe veterinario de aquellos caballos afectados por la sobrecarga de trabajo.

"Lo que tenemos que hacer es tomar los controles pertinentes, hacer las exigencias del cumplimiento del decreto", respondió el alcalde, quien aseguró que no suspenderá la actividad al considerar esta petición "un poco exagerada".

A pesar de que los coches de caballos están regulados en la ciudad por decreto desde 2013, donde se fija la duración de la jornada laboral, el peso de los caballos y el cupo máximo de personas por coche, los animalistas denuncian que no se cumplen tales requisitos.

"Los caballos son seres vivos como los humanos, en cualquier momento podemos estar bien o mal", dijo a Efe el presidente de la Asociación de Cocheros, Julio Martínez, quien manifestó que las caídas fueron "accidentes" y negó la existencia de "malas prácticas" en el ejercicio de su actividad.

La prohibición de esta tradición, que sustenta a familias enteras de cocheros, no es la solución para Martínez, quien defendió su labor al frente del gremio, caracterizado por "pésimas condiciones laborales".

"El 98 % de los cocheros está comprometido en el mejoramiento, el cuidado y la protección animal", afirmó Martínez, quien sostuvo que él mismo vigila de cerca que los caballos estén en un "excelente estado físico" y cumplan con las condiciones necesarias. Los veterinarios de la Unidad Municipal de Asistencia y Agropecuaria (Umata), entidad encargada de reportar el estado de los equinos, realizan exámenes para controlar el peso mínimo de 350 kilos y la altura de 1,45 metros que estipula la regulación.

Según Martínez, la mayoría de los caballos vive en pesebreras, ubicadas el 80 % en el barrio de Marbella y el 20 % en Chambacú, terreno en el que ancestralmente permanecían y donde los propietarios pagan una cuota diaria por los animales.

"Ambos tenemos el mismo objetivo, el bienestar del animal", dijo Martínez, quien alardeó de que líderes como Nelson Mandela, Yaser Arafat o Fidel Castro pasearon por la ciudad en estos transportes para completar una visita redonda.

EFE