Una colombiana le apuesta al emprendimiento social en EE.UU.

Ángela Ramírez, cofundadora de la firma de capital de riesgo Zerimar Ventures, le cuenta a Portafolio.co cuál es la clave del éxito para abrirse paso en el mundo del comercio justo por internet en ese país.

Angela Ramírez es cofundadora de Zerimar Ventures.

Archivo particular

Angela Ramírez es cofundadora de Zerimar Ventures.

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abril 11 de 2014 - 04:30 p.m.
2014-04-11

A los 18 años y recién graduada del colegio, Ángela Ramírez conoció al amor de su vida, y a esa misma edad decidió casarse y mudarse a Los Ángeles, California (EE. UU.). Desde entonces el amor y los viajes definieron el rumbo de esta caleña, cofundadora de la firma boutique de capital de riesgo, Zerimar Ventures.

El segundo de esos viajes definitivos fue a Salt Lake City, Utah, cuando a su esposo, Iván Ramírez, le surgió una oportunidad de trabajo en ese estado en el oeste de Estados Unidos:

“Todavía recuerdo cuando conducíamos de California a Utah… en Colombia uno no oye de Utah, oye de Nueva York o Los Ángeles, Chicago y las grandes ciudades pero nunca de Utah, entonces cuando ya habíamos pasado por Las Vegas yo no paraba de preguntar: ‘¿ya vamos a llegar?’”.

Era el año 2001 y su esposo entró a trabajar en Overstock.com, una empresa online que había sido fundada tan solo dos años antes por Patrick Byrne, un discípulo de Warren Buffett. Todo indica que Byrne fue un buen alumno del cuarto hombre más rico del mundo, porque el negocio que comenzó vendiendo excedentes de otras empresas a bajo costo ahora es un gigante minorista que también elabora sus productos y que en el 2013 tuvo beneficios netos de 88,5 millones de dólares.

En el 2004, Ángela también llegó a Overstock.com, y en un esfuerzo conjunto con Byrne desarrolló Worldstock.com, el departamento de responsabilidad social de la empresa. Entonces los viajes volvieron a ser importantes en su vida: 

“Nuestra misión era trabajar con grupos de artesanos y enseñarles las claves para hacer negocios sostenibles con lo único que sabían hacer que eran sus manufacturas. Así que viajamos literalmente por todo el mundo y descubrimos familias y mujeres increíbles que estaban haciendo grandes cosas”.

Este trabajo de campo no era nada glamuroso. Sin embargo Ángela lo hacía porque, asegura, el sacrificio valdría la pena para ella y para los grupos con los que trabajaba. Además, fue así que descubrió la clave del negocio social que le permitió convertirse, años después, en empresaria:

“Lo que realmente hay que hacer en esta industria es entender primero la cultura a la que quieres ayudar, conocer sus creencias y quiénes son, no quitarles nada de sus tradiciones sino establecer una relación. Una vez que conectas con eso les enseñas acerca del público objetivo al que le van a vender, pero siendo muy cuidadosos porque la belleza de las piezas hechas a mano es que cada una es única, cada una es una obra de arte y si pido 20 o 50 o un container, cada pieza tiene su variación”.

La conexión no es solo de la empresa con el artesano, sino de este con el consumidor final: “se trata de conectar a la persona de la región en la que estés trabajando con el comprador, como comprador quieres saber quién hizo esa pieza y cuál es su historia… y entre más sepas, mejor”, explica Ángela.

Entre los numerosos grupos con los que trabajó en esa época recuerda especialmente a unas mujeres de San Jacinto, en el departamento de Bolívar: “eran unas mujeres increíbles que cocían hamacas. Ver la expresión de estas mujeres cuando veían sus productos en internet o cuando veían su foto en la página es algo que no tiene precio”.

Al tiempo que la empresa de Byrne crecía a pasos agigantados, Angela sentía que quería hacer “algo más íntimo”, y con su esposo ya como independiente, decidió ella también dar el gran paso hace tres años. “Quería hacer algo único para mí, quería tener colecciones que tuvieran un significado especial, que vinieran de ciertos lugares específicos, y eso fue lo que hice”.

Hoy, los diferentes emprendimientos que impulsa Ángela están cobijados por Zerimar Ventures, en donde trabaja con su esposo. La obra hecha a mano y la conexión personal siguen siendo la materia prima de muchos de sus negocios. En Vellaria diseña joyas con artesanos de la India y en De la Terra trabaja con un grupo de la Chamba, en el Tolima, para vender las artesanías de barro que hacen en esta región colombiana.

Pero como lo explica Ángela, en Zerimar Ventures hay cabida para todo tipo de negocios, tradicionales o de emprendimiento social. Lo importante, según se muestra en su página web, es que el amor, la pasión y la humildad sean sus valores principales. “Creo que mientras un emprendedor, ya sea grande o pequeño, tenga claros sus principios y su objetivo final, cómo quiere que su negocio viva y el legado que quiere dejar, podrá lograrlo”.

Maria Camila Hernández Alonso

Subeditora Portafolio.co

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