Competitividad: aún, una obsesión

En Colombia, pueden ser muchas las empresas competitivas en el corto plazo, pero a largo plazo la sostenibilidad de ellas puede quedar en entre dicho. Se apegan a la mera ventaja comparativa.

Medir la competitividad incluye un conjunto de variables.

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Medir la competitividad incluye un conjunto de variables.

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noviembre 25 de 2014 - 01:29 a.m.
2014-11-25

La discusión sobre el ámbito apropiado en el cual se debe mirar la competitividad no se ha agotado. Es evidente que referentes como el Foro Económico Mundial (FEM) y el IMD (Institute for Management Development del Centro Mundial de Competitividad), sean citadas de manera constante para medir la competitividad desde los países, que técnicamente -y utilizando las palabras de Krugman por allá en 1994 cuando hablaba de la “competitividad: una obsesión peligrosa”- no sería posible, en tanto los países no van a la quiebra. Sin embargo, la crisis financiera del 2008-2009 y los llamados ‘estados fallidos’ que siguen influenciando la geopolítica mundial, hacen pensar que efectivamente, los países sí pueden quebrar.

Sin embargo a lo que Krugman se refería era que competitividad, como palabra de moda (y que aún lo está), no era más que un eufemismo para hablar de productividad, que contrario a la competitividad, sí tiene una definición consensuada y aceptada por el medio académico y entre los hacedores de política.

Siguiendo esta línea de pensamiento, si se pudiera hablar de un ámbito pertinente para medir la competitividad, esta sería la empresa misma. Si se es estricto con lo que anunciaba Krugman en esa época, los índices del FEM y del IMD lo que miden son los ambientes para la competitividad en los países y son las empresas finalmente las que usufructúan dicho ambiente.

El tema de medir la competitividad no se detiene solo en decidir quién exporta más gracias a la tasa de cambio, quién vende más o quién genera mayores utilidades, sino cómo un conjunto de variables dan la ventaja de una empresa frente a otras y, más que eso, cómo esa ventaja es sostenible en el tiempo.

En Colombia, pueden ser bastantes las empresas competitivas en el corto plazo, pero a largo plazo la sostenibilidad de ellas pueda quedar en entre dicho. El solo hecho de que el comercio internacional del país se vea concentrado en el sector minero-energético con recursos agotables, no pueden por definición ser portadores sostenibles de ventaja competitiva. Se quedan en la mera ventaja comparativa.

LA COMPETITIVIDAD

Los instrumentos de análisis de la competitividad abundan: el DOFA, el análisis de la competencia, el análisis del ambiente, el análisis de las 5 fuerzas, el ciclo de vida competitivo, los mapas estratégicos, entre muchos otros, muestran la foto de la competitividad actual y sirven para que las empresas tomen decisiones prospectivas y sostenibles para su competitividad. ¿Están usando las empresas al menos uno de estos instrumentos?

En estudios de alcance regional para países en desarrollo se discute si tales instrumentos pueden ser utilizados para sus realidades. Se cuestiona que su uso se dé por moda o influencia extranjera, pero finalmente se convierten en política de Estado. El caso de los clústeres es un ejemplo de ello.

El clúster se define como un conjunto de empresas que cooperan y rivalizan en un espacio geográfico (a veces virtual) específico. ¿Hasta qué punto las empresas que son rivales en Colombia?, ¿también cooperan? Lo que se ve en el ambiente nacional son empresas ancla que se sirven de empresas más pequeñas (el grueso de la economía nacional) para expandirse, incluso internacionalizarse. Sin embargo, esta definición dista mucho de lo que es un clúster, aunque en Colombia utilizan el término indistintamente, por lo que si se diera un nombre local sería un clúster a la colombiana.

BAJOS COSTOS

Mucho tiempo se ha considerado que para ser competitivo se debe tener bajos costos o diferenciación. Pero las realidades cambian y los constructos teóricos también. La literatura académica habla de capacidades, como la combinación y uso de recursos que la empresa posee para ser competitiva.

¿Se han preguntado las empresas si sus recursos y capacidades son valiosos, inimitables, raros e insustituibles? En Colombia, pensar que la competitividad del país se basa en los combustibles fósiles es un error. A pesar de ser valiosos, inimitables por la misma naturaleza (no renovables), hace bastante tiempo dejaron de ser raros y mucho menos insustituibles, dadas la lista de alternativas energéticas, dejando por fuera del ambiente competitivo al sector más grande del país.

Nuevos constructos teóricos hablan de capacidades dinámicas, es decir que están en constante cambio y no se remiten únicamente a productos concretos, sino incluso a la virtualidad de los mismos. También se habla de enfoques basados en el conocimiento, que remiten al conocimiento tácito de las empresas, aquel que a veces ni ellas mismas saben que poseen. Es hacia allá adonde se deberían dirigir las preocupaciones de los empresarios.

LA VENTAJA COMPETITIVA SOSTENIBLE

La competitividad de una empresa podría remitirse ya no al producto o servicio resultante, sino a la estructura y al ambiente organizacional, al banco de ideas de los colaboradores, al relacionamiento con proveedores o clientes. Todos estos elementos difíciles de medir pero que pueden garantizar una mejor posición entre los competidores y, sobre todo, sostenibilidad. En resumen, no es suficiente referirse a la ventaja competitiva, sino a la ventaja competitiva sostenible.

Ya pasamos de la clasificación de exportaciones tradicionales y no tradicionales, a la de minero-energéticos y no minero-energéticos. Por qué no proponer a partir de las capacidades dinámicas de las empresas nacionales, una clasificación de exportaciones competitivas y no competitivas. Además de un ejercicio de revisión del ambiente competitivo empresarial, puede servir para encaminar recursos hacia los sectores que si perduren en el tiempo.

Jahir Lombana

Especial para Portafolio

Director Académico de la Escuela de Negocios de Uninorte