Denominación de origen, buen negocio pero aún es incipiente

En el país hay registradas 21 ‘marcas de lugar’, entre ellas el ‘Café de Colombia’. No existe un estudio local, pero en Europa los consumidores pagan hasta 30 % más por gozar de esta cualidad.

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enero 21 de 2015 - 02:35 a.m.
2015-01-21

El jerez es un vino que no se podría producir en un sitio distinto a esa porción de Andalucía (España) ubicada a 12 kilómetros del océano Atlántico y 85 del estrecho de Gibraltar, conocida como Jerez de la Frontera. Las condiciones climáticas, la particularidad de su suelo y las técnicas tradicionales en el procesamiento de las uvas le dan a esta bebida espirituosa fama mundial.

Es un caso ejemplarizante de lo que es una denominación de origen, un atributo que genera valor para un producto y hace que los consumidores lo prefieran frente a otros similares.

En nuestro país, el caso más emblemático es el ‘café de Colombia’ nombre por el que los productores nacionales del grano han percibido cientos de millones de dólares y que sirve de espejo para animar a muchas regiones que buscan posicionar productos tradicionales.

En la actualidad hay 21 denominaciones de origen concedidas por la Superintendencia de Industria y Comercio, la entidad que salvaguarda la propiedad intelectual en Colombia. Estas van desde el sombrero aguadeño, las artesanías de Ráquira (Boyacá), los tejidos de San Jacinto (Bolívar) y la cerámica del Carmen de Viboral (Antioquia), hasta el queso Paipa (Boyacá) y las achiras huilenses.

La última nominación tramitada fue el ‘café de Santander’, a finales del año pasado, y está en proceso el Té de La Cumbre (municipio del Valle del Cauca), que podría finalizar en cerca de cuatro meses, según el superintendente delegado para la Propiedad Industrial, José Luis Londoño.

La mayoría de los trámites provienen de administraciones municipales y departamentales, casos en los cuales después pueden delegar a alguna asociación de productores para que la administre.

Por gremios, lleva la delantera la Federación Nacional de Cafeteros, que registró el ‘Café de Colombia’, el ‘Café del Cauca', el ‘Café de Santander’ y el ‘Café de Nariño’. La Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), por su parte, ha tramitado la protección del ‘Clavel de Colombia’, el ‘Crisantemo de Colombia’ y la ‘Rosa de Colombia’. En la actualidad en la Súper se tramita la denominación de origen del ‘Té de La Cumbre’ (municipio del Valle del Cauca).

ESFUERZO VALE LA PENA

Y aunque en Colombia no hay estudios de cuánto valor agregado aporta una denominación de origen, en Europa se ha calculado que el consumidor está dispuesto a pagar hasta un 20 o 30 por ciento más por un producto que porte esta condición frente a uno que no la tenga, según Londoño.

Sin embargo, también se requiere invertir gruesas cantidades de dinero en publicidad y en campañas de concientización a los consumidores.

La Federación Nacional de Cafeteros, por ejemplo lleva más de tres décadas en este proceso, pero se ha compensado con el resultado.

“Si se hace la valoración desde casi 1980, cuando arrancó la estrategia, aunque no estuviera aún formulada, las primas dan miles de millones de dólares en ingresos adicionales para los productores”, indica el gerente de Comunicaciones y Mercadeo de la Federación, Luis Fernando Samper.

Esto teniendo en cuenta que en los últimos años la diferencia del café producido en nuestro territorio con relación a sus similares de Centroamérica ha tenido un sobreprecio de entre 9 y 15 centavos por llevar el sello de ‘Café de Colombia’, que implica un grano único, con unos estándares altos de calidad.

Hacia allí es donde miran quienes todavía ven su proceso incipiente, como los artesanos de Ráquira (Boyacá), que incorporan en sus figuras y enseres arcilla y arenas que solo se dan allí con las técnicas ancestrales de los muiscas.

“Esto es algo que va a hablar por nosotros como municipio y como país porque son productos de exportación”, anota la representante de Asomuiscas, Leidy Villamil.

LAS LECCIONES DEL 'CAFÉ DE COLOMBIA'

La meta de la SIC para cuatro años es delegar el manejo de dos denominaciones de origen en los propios productores tradicionales. La cifra parece baja, pero en el país solo se ha hecho con el ‘Café de Colombia’, cuya administración recae en la Federación del ramo.

Fernando Samper indica que “el origen es lo único que no se quita, contrario a otros plus que se pueden igualar, como el carácter artesanal, ser amigables con el ambiente o tener una producción justa. Esto permite defenderse contra copias, facilita la proyección en el extranjero y se genera orgullo y arraigo entre quienes cultivan y procesan el producto.

neslop@eltiempo.com