‘La educación colombiana se transforma desde adentro’

Pocas son las personas que se preocupan por la calidad educativa. La Fundación Promigas, pretende mejorar los procesos de formación en Colombia tratando de dejar capacidades instaladas para que el día de mañana los colegios del país puedan asumir un desarrollo autónomo.

‘La educación colombiana se transforma desde adentro’

Archivo Portafolio

‘La educación colombiana se transforma desde adentro’

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agosto 21 de 2015 - 01:02 a.m.
2015-08-21

En un mundo enfocado en resultados, donde los procesos pasan a segundo plano, el mejoramiento en la educación se mide en torno al número de nuevos colegios construidos, la cantidad de computadores por institución educativa, y el número de alumnos por colegio, entre otros.

La fundación Promigas, en cabeza de Julio Martín Gallego, trata de navegar contra la corriente utilizando gran parte de sus recursos para investigar cómo mejorar los procesos educativos en las escuelas de transición y primaria de Colombia.

El directivo habló con Portafolio sobre su estrategia para renovar los procesos educativos del país.

¿En qué se diferencia su estrategia educativa del resto de los modelos que hay en el país?

Trabajamos para responder a la pregunta: ¿cómo se pueden cambiar los sistemas educativos locales? Tenemos claro que transformar el sistema educativo no es fácil, que es un proceso de largo plazo, lo que implica un cambio de orden cultural de un conjunto de sujetos que están alrededor del sistema educativo.

Nosotros no construimos infraestructura. En buena medida los esfuerzos se vienen dando en temas de infraestructura educativa. Trabajamos más bien en el cambio de las personas que están al interior de los sistemas educativos, es decir, funcionarios públicos, maestros, rectores, padres de familia e instituciones. Nos enfocamos en lo que sería tecnología blanda. No en lo que sería infraestructura.

No abordamos en el tema de recursos físicos. Los recursos tienen el grave problema que fácilmente se vuelven obsoletos y requieren un gran mantenimiento. Lo que hoy funciona en términos de recursos, mañana no lo hace. Nosotros trabajamos en la dimensión de las capacidades individuales y colectivas del sistema. Las capacidades tienen la gran ventaja de que una vez se desarrollan no pierden su valor y cuanto más se usan, más se desarrollan, a diferencia de los recursos. Nos centramos más en el tipo de activos que son intangibles.

¿Cuáles son las características principales de su sistema educativo?

Para que se dé una transformación en el aula de clase, hay que transformar la dimensión didáctica, ética, disciplinaria, colaborativa y reflexiva del maestro, pero desde nuestra perspectiva, no basta con que el maestro mejore. La institución tiene que tener la capacidad de transformarse. Tiene que tener una cultura de aprendizaje apropiada, unos ambientes propicios. Entonces tratamos de transformar tres dimensiones: La dimensión individual, la colectiva y la organizacional.

Nosotros procuramos construir esa cultura al interior de la institución.

¿Qué necesidad identificaron en el sistema educativo Colombiano?

Actualmente en el país hay un modelo que con el fin de cambiar los aprendizajes de los estudiantes, actúa sobre los procesos institucionales del colegio. Para que esos procesos transformen se les enseña a los rectores y a los maestros a gestionar (planificar, ejecutar y evaluar). Nosotros nos movemos con el modelo de la escuela reflexiva, de la escuela que aprende. Bajo esta perspectiva, la tarea no es desarrollar procesos en sí, sino desarrollar modelos para las capacidades de la institución.

Esas capacidades son 4: la motivación del grupo, los saberes del grupo, las capacidades individuales y las capacidades colectivas. Creemos que la palanca para lograr eso es el aprendizaje mutuo.

¿Qué elementos usan para su capacitación?

Desarrollamos modelos propios de intervención donde tratamos de dejar capacidad instalada para que el día que la Fundación Promigas no esté, los colegios puedan seguir solos.

El modelo se basa en un acompañamiento situado con una duración de tres años. Tenemos personas que van a los colegios y permanencen junto a los maestros en las instituciones. Nuestros colaboradores están en el salón de clase y miran cómo se dicta la clase, buscando retroalimentar en un proceso de diálogo con el maestro para que él vaya perfeccionando y complementando sus aptitudes y sus prácticas de enseñanza.

UN IMPACTO EN EL MODELO EDUCATIVO A LARGO PLAZO

Actualmente la fundación tiene cobertura de 600 planteles educativos y 1.200 docentes. Eso tiene un efecto sobre 250.000 alumnos y es lo que hacen de manera directa con sus equipos de trabajo. Sin embargo, Promigas también transfiere su modelo a otras 100 instituciones en el país. Entre las regiones que adoptaron estos procesos están Cauca, Nariño, Neiva, Cúcuta y Chocó. También lo están empezando a usar en República Dominicana.

El impacto de nuestros esfuerzos, medidos por la Firma Econometría, Colciencias y otras universidades en el país, arroja que los estudiantes que están bajo el modelo que se propone tienen un grado de comprensión 20% superior a los otros estudiantes evaluados. Además esos niños, cuando se comparan con otro grupo de estudiantes por fuera del modelo usado, tienen un mayor interés de seguir estudios superiores. “La relación costo- efectividad de la inversión en educación es altísima. La tasa de retorno de inversión está entre 7 y 19 por ciento. Por cada peso que la fundación invierte en ese niño la sociedad recibe 6 pesos, a valor presente representados en el niño”, resaltó su director, Julio Martín Gallego.