Empresas firman ‘Alianzas para la Reconciliación’

El programa de Usaid realiza talleres en los que busca que organizaciones, compañías y comunidades se unan para generar oportunidades económicas.

Gisella  de Andreis

Gisella de Andreis, experta en el tema que trabaja para ACDIVOCA.

Néstor López/Portafolio

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agosto 11 de 2017 - 07:19 p.m.
2017-08-11

La empresa privada puede ser un motor de la reconciliación, tanto desde las ganas de sumar esfuerzos que generen oportunidades sociales y económicas, como en el relacionamiento cotidiano de sus colaboradores.

Así lo evidenció la ONG norteamericana ACDIVOCA, que acaba de operar para la agencia de cooperación para el desarrollo de Estados Unidos, Usaid, el programa de Alianzas para la Reconciliación. La especialista de la entidad, Gisella de Andreis, explica la dinámica y los logros del mismo.

¿Cómo entran en este trabajo las empresas?

La reconciliación nos involucra y tiene que ver con todos. Bajo esa premisa, al igual que todos los colectivos sociales, las compañías tienen un rol muy importante, pero no es un trabajo solo con ellas. Nuestra pedagogía en este tema y la metodología que utilizamos procuran llegar a diversos tipos de poblaciones para hacer reflexionar al sujeto más allá del rol que desempeña.

Además, ya hay experiencias en el país respecto a temas de competitividad inclusiva, por ejemplo, donde se generan oportunidades sociales y económicas, con posibilidades acceso a emprendimentos y empleo. Fuera de eso, pueden materializar el enfoque reconciliador mediante el cuidado de los equipos internos.

Un empresario diría que su misión en el posconflicto es solo generar empleo, pagar impuestos y ser legal.

Es verdad, pero la reconciliación no solo se tiene que pensar a la luz del posconflicto. Es un asunto de todos, que sucede en la cotidianidad familiar, comunitaria, académica y, por supuesto, también en las oficinas o las empresas. Pasa por algo tan simple como poder decir “buenos días” cada mañana cuando uno llega al trabajo; por darles la oportunidad a quienes han dejado las armas, a sobrevivientes del conflicto, pero no solo eso. Situarla ahí puede llevar a que algunos digan que no lo quieren hacer, que no les compete.

¿Quiénes participan de estas alianzas?

Todos cabemos: organizaciones privadas y públicas, colegios, niños, adultos, empresas..., al reconstruir algo que tenemos profundamente dañado, que se llama tejido social.
En Colombia ya hay firmas que han decidido la reconciliación. Por ejemplo, con la Fundación Andi que agrupa un número importante de firmas a nivel nacional, hemos tenido reuniones para transferir el enfoque reconciliador, para que en los procesos de competitividad y emprendimiento inclusivos, también sean cuidadosos de esas personas que están incluyendo.

¿Cuántas se han montado en este tren?

Son cerca de 400, y son empresas aparentemente distantes en roles de competitividad, pero que se pueden conjugar en la lógica del beneficio colectivo.

¿Ante quién queda sellada una alianza y cómo se materializa?

Nosotros venimos llamando a sectores empresariales, organizaciones, entidades locales y ONG, para formular proyectos de beneficio común y que se construyan con ellas. Hay un énfasis muy importante, por ejemplo, en jóvenes. El notario es la misma comunidad, porque al final esto genera beneficios y oportunidades sociales y económicas.

¿Cuántas alianzas van?

Como programa, estamos trabajando en tener aproximadamente 40 en cerca de 24 municipios, pero este no es un esfuerzo en solitario, sino que se trata de sumar otras.

¿Dónde hay proyectos concretos?


Hay muchos, entre ellos está Vamos Colombia, que ha recorrido regiones que estuvieron en conflicto armado, como Quibdó (Chocó), San Carlos (Antioquia), Chaparral (Tolima) y Buenaventura (Valle del Cauca). Allí los empresarios han ido a hacer un voluntariado. Por ejemplo, en Quibdó se reconstruyó el barrio Bahía Solano.

¿Cómo son los talleres?

Los encuentros no conocen de niveles jerárquicos. Hemos tenido participación de directores de empresas, personas de la base, gente de la comunidad y ONG.

Una vez llegamos todos, trabajamos temas interesantes con metodologías vivenciales.
Los llamamos pretextos pedagógicos. Tienen que ver por ejemplo con conmemoración y resignificación de la memoria, reflexiones sobre equidad e igualdad en acceso a oportunidades en términos de género. Abordamos todo el registro y contención emocional, hacemos una profunda pedagogía sobre acción sin daño, sobre cómo, a veces sin querer, terminamos haciendo daño. Todo se trabaja de manera lúdico-pedagógica. Es muy frecuente escuchar que una golondrina no hace verano, pero una golondrina sí comienza el verano.