‘Seguro que el país saldrá adelante’

Ernesto De Lima, presidente de la Organización Delima, es optimista y
dice que la coyuntura dará oportunidades a los sectores rezagados.

Ernesto De Lima, presidente Organización Delima.

Ernesto De Lima, presidente Organización Delima.

Archivo particular

Empresas
POR:
ricardo ávila
marzo 28 de 2016 - 12:00 a.m.
2016-03-28

El pasado mes de diciembre, el empresario vallecaucano Ernesto De Lima recibió el premio Vida y Obra Empresarial, por parte del diario Portafolio.

En Cali, su ciudad, lugar de donde no ha querido moverse a pesar del impacto del narcotráfico hace dos décadas y de que la guerrilla le hubiera secuestrado a uno de sus hijos, Revista Portafolio habló con este visionario del mundo de los negocios, quien cuenta que aterrizó en el sector asegurador por una coincidencia que le ha permitido ser un empresario próspero y un feliz generador de empleo.

Ernesto De Lima Le franc, presidente de la Organización que lleva su apellido, se declara un optimista y afirma que en el país se están haciendo bien las cosas como para pensar que se saldrá mejor librado de la actual turbulencia económica.

No todo ha sido color de rosa en estos más de 60 años de ejercicio profesional para quien es considerado uno de los primeros corredores de seguros del país. Con su marcado acento vallecaucano, De Lima cuenta que ha perdido en algunos negocios o porque no eran su especialidad o porque se metió en sociedades de “muchas cabezas” que dificultaron la toma de decisiones en momentos oportunos. Esta es su historia de vida empresarial.

Luego de toda la vida en el mundo de los negocios, cuándo mira hacia atrás, ¿cómo ve al país actualmente?

Hoy Colombia es un país muchísimo mejor que el que conocí cuando tuve uso de razón. En esa época, recuerdo con horror que liberales y conservadores se mataban por que alguno gritaba vivas a su partido. Era una guerra fraticida, no había guerrilla, pero también era muy triste.

Ahora, el país ha progresado mucho, a pesar de sus buenos y malos presidentes. Nunca antes se había invertido tanto en infraestructura como se hace en este momento y eso es clave. Por ejemplo, soy de los que está de acuerdo con que se le de casa a la gente indigente, que de otra manera no podría tener un techo digno. El ideal es no tener que regalar, pero tenemos mucha pobreza y así, la democracia se vuelve muy frágil. Eso pasó en Venezuela y con altos niveles de pobreza, el populismo es muy fácil de vender.

Está de acuerdo con la afirmación de que en Colombia la evolución política ha permitido el desarrollo en términos sociales…

Sí, pero si no hubiera corrupción, acá podríamos tener gente viviendo mejor, y no con los niveles de pobreza de La Guajira, de Chocó, de la zona del Pacífico.

Siempre he dicho que en Colombia la gente no tiene muy bien definidas las prioridades. Usted no puede comprar un teléfono de 50 pulgadas si no tiene mesa de comedor en la casa. Soy un furibundo descentralista. Resulta que Colombia se ha centralizado en los últimos 40 años, a pesar del desempeño de algunas ciudades importantes. Eso no les conviene a los bogotanos. Al país le conviene un desarrollo homogéneo de sus regiones, inversiones en acueductos, hospitales, etc. Pero por la corrupción no se avanza en eso.

De acuerdo con su experiencia, ¿cómo analiza este año?

He visto muchas crisis, llevo trabajando 65 años de altas y bajas. Primero que todo, creo que para tener éxito en la vida se requiere ser optimista. Si uno es pesimista se lo lleva el diablo y el país tiene una cantidad de fortalezas, como sus instituciones democráticas, así nos gusten o no sus funcionarios de turno, pero son instituciones fuertes.

El país va a salir adelante, hay que aprovechar el momento, así nos estemos empobreciendo en dólares, hay fortalezas. Se descuidó la actividad industrial por mucho tiempo y es el momento de reactivarla.

Soy amigo de la apertura, pero también se debe entender que muchos países subsidian a sus productores y acá importamos casi todo lo que comemos y eso es triste. El campo es y debe ser gran generador de empleo. Creo habrá un par de años difíciles, pero estoy seguro de que el país va a salir adelante, apretándonos el cinturón. En dos años recobraremos la senda de crecimiento como país.

En Colombia el ánimo de emprender era escaso en su época. ¿Cómo tomó usted sus decisiones y vivió esos procesos?

Pudo haber sido algo de suerte, fue incidental. Estudiaba ingeniería en Estados Unidos y le dije a mi padre que no quería seguir en esa carrera. Él me buscó un trabajo y me consiguió uno con un amigo que tenía una agencia de seguros grande, yo apenas tenía 19 años.

Trabajé con él, me enseñó el mundo de los seguros, era un gran vendedor, comercial, simpático, empleaba unas ocho personas. Un día me dijo: “voy a ir a Buenaventura a visitar la agencia, usted queda al frente”. Pasaron los días, el tipo no regresó, se venció la nómina, no había con qué pagar y me fui donde Don Pepe Guerrero, gerente del Banco Industrial Colombiano y le pedí un crédito de 5.000 pesos para la agencia. Mi papá firmó el pagaré y cuando llegué con los 5.000 pesos les pagué y la gente me adoraba. Días después apareció el dueño y le conté lo que había hecho para solucionar el problema y me subió el sueldo de 200 a 300 pesos.

¿Qué vino después?


Afortunadamente, al año comenzaron las aseguradoras a preocuparse por la demora en el giro de las primas, mandaron inspectores y encontraron el desorden. Le cancelaron la representación de algunas firmas. Me preguntaron que qué quería hacer y les dije que quería ser agente y me contrataron. Mi padre me ayudó haciendo llamadas, recomendándome y eso me favoreció mucho. Al poco tiempo me dijo: “acá en la casa no aguantamos más llamadas de sus clientes” y me dijo que abriera una oficina y me regaló una. Fue a comienzos del año 1953. Tenía secretaria y mensajero. El murió seis meses después, pero me dio las bases.

Empecé a ver que los seguros se vendían por amistad o por tomar trago, y eso no me gustaba. Me puse a leer sobre aseguradoras y surgió la idea de ofrecer un valor agregado a los clientes y eso me dio prestigio.

¿Es consciente de que fue el pionero al profesionalizar el sector?

Empecé en el año 53, y ‘la cuerda comenzó a jalar’. Por dominar el inglés y gracias a los contactos que me había hecho mi papá, me daban el manejo de seguros de automóviles y de empleados, pero me decían que los otros temas grandes se los dejaban a firmas más prestigiosas. Por eso me conseguí citas en Estados Unidos para buscar la representación de las casas matrices que operaban en Colombia.

Aproveché un campeonato de tiro en Dallas (yo era campeón nacional de tiro), para viajar luego a Nueva York. La primera cita me fue pésimo, me preguntaron la edad, y yo tenía 24 años. Un gran empresario del sector me dijo: “señor De Lima, déjeme su tarjeta y yo lo llamo después”. Salí desanimado, pensando en no ir a la otra cita que tenía.

Luego, llego a la cita, oigo unos pasos y veo a un “amigo” que Dios me mandó. “Qué bien que haya venido, estaba buscando representación en Colombia. Era de la empresa Marsh y le dije que estaba en Cali y él me pidió oficina en Bogotá, y así me obligué a abrir oficina en la capital del país. La clave del éxito fue vincular socios locales. En cada plaza tenía un socio. Años después abrí Barranquilla.

El dicho que uno aprende más de sus equivocaciones que de sus éxitos, ¿qué tanto aplica en su caso?

Afortunadamente, Delima ha sido una nave estable, que siempre ha crecido en dólares el 10 por ciento año tras año. Cuando Néstor Humberto Martínez, superintendente bancario del Gobierno de Virgilio Barco dio libertad de tarifas -porque en el país eran muy altas- el negocio mejoró.

Pero hemos tenido descalabros en otros negocios, por perder el foco. Me ha gustado la actividad agropecuaria, pero me metí a sembrar piña en grande, cuando la Federación de Cafeteros dijo que había que sembrar para exportar, justo cuando la flota mercante era un desastre. Los ‘narcos’ empezaron a sembrar piña para enviar sus negocios, el precio se desplomó y con ese negocio me fue mal. Invertí en helecho cuero en Costa Rica, nos fue mal y perdí. Invertí en Venezuela y perdimos.

También en un negocio de un banco pequeño, Interbanco, creado con Carvajal, Manuelita, Tecnoquímicas, Mayagüez, Ernesto Mejía y los Varela. Éramos seis socios con 12 por ciento, un banco bello, pero cometimos errores, y eso se perdió en la crisis de los 90 porque un directivo de Fogafín de la época dijo que los bancos pequeños no eran viables. Teníamos un capital de 60 millones de dólares y se perdió.

¿Cuál fue el último golpe recibido?

El último golpe nos lo dio InterBolsa, aunque creo que lo vamos a recuperar porque Fabricato sale de su crisis. Cuando nos dimos cuenta, la operación de repos de Fabricato estaba en 154 mil millones de pesos, en agosto del 2012. Me cogí la cabeza. ¡Esto no puede ser! Fabricato está llevado. Me decían que tranquilo, que viera a InterBolsa sólida, pero era un patrimonio de papel.

Logramos bajarla en tres meses a 84 mil millones de pesos y ese paquete nos quedó. Eso fue con la fiduciaria, y lo asumimos los accionistas, nombramos un presidente brasileño que ha parado tres empresas textiles varadas; se vendió un terreno, la tercera parte del lote de Pantex, para un proyecto urbanístico comercial y de vivienda. Se puso al día con proveedores y la devaluación le ayuda y ha invertido en renovación de equipos. Ha modernizado la empresa y está seguro de que la va a sacar adelante.

¿Cuántas empresas ha creado?

Unas 25, unas han fracasado y a otras les ha ido bastante bien. El saldo es favorable.

Lecciones de los fracasos…

Que uno no debe meterse en donde no puede aportar porque no conoce; cuando la participación no es suficientemente grande para tener mando. Por ejemplo, Luis Carlos Sarmiento es exitoso porque es mayoría. Si uno es minoritario no es tan favorable. Negocios con tanta cabeza terminan mal, a menos que uno de con la mina de oro. Los empresarios somos, por generar empleo, por curiosidad, tercos y termina uno metiéndose en cosas que no salen. Hoy podemos hablar de la Fiduciaria, Alianza valores, unos concesionarios de vehículos, Delima Marsh, y lo que tenemos ahora, la Organización Delima.

¿Por qué le vendió a Marsh?

Porque el negocio fue cambiando radicalmente e imperaba la guerra de tarifas y se necesitaba musculo internacional. Representamos a Marsh desde 1958 hasta el 2009, que fue cuando hicimos la primera venta. Luego vendimos la otra mitad y seguí de presidente cinco años más. Ahora solo son nuestros inquilinos y compartimos el nombre. Me dolió vender, porque fundé el chuzo de la nada, mi señora dijo: “está vendiendo la criatura”. Me dio guayabo.

¿Nunca pensó en radicarse fuera del país o en Bogotá?


No, ni siquiera si me triplican mis ingresos, incluso en los años duros de Cali. Adoro mi ciudad. En los años duros me quedé. Las Farc me secuestraron un hijo en la finca, gracias a la intermediación de Álvaro Leyva, que vino a ofrecerme ayuda, pude tener conversaciones con Alfonso Cano y con Raúl Reyes para tratar de recobrar a mi hijo.

Con los ‘narcos’ no tuve problemas, pero la ciudad se volvió horrible. Nos tocó muy duro. Nunca se me pasó por la cabeza irme, le puse el pecho a lo de mi hijo.

¿Cuántas veces lo tentaron con puestos públicos?

Dos veces. El único que hubiera aceptado y era por decreto, me lo ofreció Luis Carlos Galán. Yo era ‘Galanista’.

La primera fue la Secretaría de Valorización de Cali, porque no había buen sueldo y decían que yo no necesitaba dinero. Luego, me dijeron que si me postulaba a la Gobernación del Valle y les dije: “yo no soy político”. Lo que pasó es que era por designación y los liberales no se ponían de acuerdo y entonces, César Gaviria les dijo: “Voy a nombrar a Ernesto De Lima”. Luis Carlos Galán me llamó un día, y me dijo que si podía dar mi nombre a la Alcaldía de Cali, y le dije que sí, pero no se dio. Era contra Carlos Holmes Trujillo, pero vi que no tenía opción porque no tenía votos.

¿Cómo percibe a Cali y al Valle del Cauca hoy?

Tenemos la fortuna de haber tenido un buen alcalde, Rodrigo Guerrero que saneó las finanzas del municipio. El de ahora, es un hombre trabajador, bien intencionado, con talento empresarial. A Cali le va a ir muy bien. En la Gobernación, la doctora Dilian Francisca Toro parece tener la mejor intención de acertar y está muy consciente de que esta es su ‘prueba de fuego’ y se debe distinguir por eficacia. Creo que vienen mejores días para el Valle, incluso por el tema del dólar.

Con el senador Luis Fernando Velasco aunamos esfuerzos del sector público y privado para que el Gobierno haga doble calzada, 320 kilómetros Popayán – Pasto. También hay opción de tres hidroeléctricas, que serían unos proyectos bien importantes para la región del Pacífico. Eso va a ser muy importante para el Valle, que tiene comercio con balance positivo de más de 1.000 millones de dólares con Ecuador.

Ricardo Ávila Pinto
Director Revista Portafolio