‘Exportamos café con las mismas condiciones de hace 25 años’

Carlos Ignacio Rojas, presidente de la Asociación de Exportadores de Café de Colombia (Asoexport), habla de la necesidad de replantear el negocio cafetero, desde las calidades que requiere el mercado mundial hasta la siembra de robusta. “El mercado ha cambiado, debemos cambiar”, dice.

‘Exportamos café con las mismas condiciones de hace 25 años’

Archivo Portafolio.co

‘Exportamos café con las mismas condiciones de hace 25 años’

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enero 29 de 2014 - 12:48 a.m.
2014-01-29

Un hombre joven con un anecdotario amplio en el tema cafetero. Así puede describirse a Carlos Ignacio Rojas, presidente de la Asociación de Exportadores de Café de Colombia (Asoexport), quien precisamente con un hecho curioso comenzó esta entrevista con Portafolio.

Contó el dirigente gremial que hace pocos días se tomó uno de esos cafés que hacen recordar que en Colombia se produce el mejor café suave arábica lavado del mundo, pero con una particularidad: no era lavado.

“Un café como pocos en cuanto a su calidad y aroma, pero que debe clasificarse en el grupo de los ‘naturales’ y, por tanto, no puede exportarse; así de sencillo. ¿La razón? Solo podemos exportar un solo tipo de café: arábica lavado”, dijo.

Vale la pena aclarar que un café natural es uno que se ha secado –al sol– con su cereza entera. Cuando se termina ese proceso, el grano de café sin tostar se llama café verde.

¿Y por qué resultó ‘natural’ y no lavado?

Sencillo. El productor no tiene agua en la finca; por eso no lo lava; lo seca y comercializa así. Excelente, pero no puede exportarse.

¿Hay razones particulares?

Colombia tuvo una estrategia posicionando el café suave arábica lavado como el mejor café suave del mundo.

Esto se hizo tomando medidas de control de la calidad y cumpliendo estrictamente las cuotas de exportación, cuando las hubo.

¿Quiere decir que hay ‘varias’ calidades?

Sí. Hoy no solo hay una calidad, hay múltilples en la medida que cada persona tiene un gusto diferente.

En eso se ha movido el mercado mundial, cuando los consumidores quieren tener experiencias únicas de calidad y, en la medida que tenga quién se las provea, pues paga lo que le pidan.

¿Un ejemplo local?

Nariño es el mejor. Hace muchos años se descubrió que el de esa zona era de una calidad particular y los compradores internacionales comenzaron a demandarlo. Además, se hizo un esfuerzo para posicionarlo como tal. Huila es otro ejemplo.

¿Debería, entonces, segmentarse el mercado?

Lo que todos los exportadores hacen es buscar quién paga más por el café que envían al exterior.

Muchos de estos clientes exigen calidades, procesos productivos, certificaciones o cierto tipo de valor agregado, por lo que están dispuestos a pagar más.

¿Y aceptan, por ejemplo, calidades inferiores?

Granos pequeños, partidos, con algunos niveles superiores (al aceptado)de broca, mucho de lo que hoy es rechazado.

Hay compradores a quienes no les importa las características física anotadas y lo aceptan; claro, castigando el precio, pero lo compran.

¿Sí hay mercado?

Para las calidades, ‘menos buenas’, creo que sí hay mercado; esa es una tarea pendiente que deben hacer los empresarios exportadores de café.

¿Dónde podrían lograrse esas otras calidades?

Por ejemplo, en unas 200.000 hectáreas que tiene potencial en las zonas bajas marginales cafeteras donde dejó de sembrarse el grano por culpa de la roya y la broca.

¿Podríamos producir los cafés ‘naturales’?

Hay zonas con escasez de agua, como en el departamento de Santander, donde lavar el café incrementa sustancialmente los costos de producción.

En otros casos, por ejemplo, las aguas utilizadas para estos procesos tienen altos niveles de contaminación.

¿Habría necesidad de cambiar el modelo de negocio?

Sí. Cuando el país producía café bajo el pacto mundial de cuotas, las condiciones eran totalmente diferentes a las de hoy.

Seguimos con la misma forma de trabajo, como si hubiera pacto. El mercado mundial ha cambiado totalmente y no podemos seguir agarrados, usando las mismas herramientas de producción y comercialización que estuvieron vigentes con el pacto que, a propósito, se rompió en 1989.

Juan C. Domínguez

Economía y Negocios

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