Los indígenas tienen mejor conexión del planeta

Más de 800 niños y niñas wayú y alijunas, con sistema de conectividad modelo en A. Latina.

Archivo Portafolio.co

Los tableros ‘inteligentes’ hacen parte del aula de clases.

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septiembre 26 de 2011 - 11:46 p.m.
2011-09-26

 

Wendy Pérez, una profesora de ojos vivos y mirada penetrante, de 26 años de edad, licenciada en etnoeducación, toca con el dedo índice la pizarra y automáticamente aparece la imagen de la Tierra.

Ella observa el grupo de niños y niñas, en su mayoría wayú, y lanza la primera pregunta: ¿Cuál es la estructura de la Tierra?

Unos segundos de silencio. Los muchachos parecen intimidados por los visitantes.

Entonces Wendy ordena con su dedo a la pantalla continuar, y aparece la figura del planeta con sus accidentes y nubosidades, y con su silueta retorcida que parece flotar en una inmensidad de agua oscura.

Una niña, que doma su cabello con una diadema, mira su iPad y responde: corteza, manto y núcleo.

“Muy bien”, dice ‘la seño’. Los muchachos se toman confianza y ahora el problema es a quién darle la palabra.

Es el Instituto educativo Akuaipa, un internado rural ubicado en el resguardo 4 de noviembre, donde 800 muchachos guajiros se preparan para el futuro.

El colegio es una enorme construcción de tres niveles, dividido en aulas, dormitorios, coliseo, biblioteca, comedor y áreas verdes en proceso de adaptación.

“Esta es la infraestructura más completa y moderna de América Latina”, afirma Desireth Fernández, una profesora wayú, que estudió lengua castellana y bilingüismo en la Universidad de La Guajira, y quien es tan apasionada por la pedagogía como por la difusión de su cultura, aquella que conserva el pago de la dote por la mujer amada y el wayunaiki como lengua ancestral.

Equipos para todos

Y quizás tenga la razón. Los salones están dotados de pantallas inteligentes que combinan el video, sonido, el movimiento y la imagen.

Cada alumno dispone de una tablet que le permite seguir la secuencia de la clase, tomar apuntes y complementar la información a través de Internet.

El proyecto se llama ‘Albania Digital’. Albania, antes Calabacito, es un municipio cuyo cimiento es el carbón y su imagen, la ‘Princesa Negra’, que se erige en el parque principal. Allí hasta la señal de los móviles es defectuosa, pero Internexa –la compañía de telecomunicaciones de ISA– les ha llevado la intercontectividad.

Es un chorro de banda ancha de 16 megas, cuya disponibilidad del servicio se garantiza en un 99,96 por ciento, según el gerente de Operación Colombia, Jaime Giraldo, un ingeniero electrónico que lleva siete años en la compañía y que ve en este proyecto la combinación más exitosa entre tecnología y educación de calidad.

Internexa se unió al programa por invitación de la Gobernación de La Guajira y de la Alcaldía de Albania, tras evaluar el impacto que se tiene en la comunidad.

“Nos unimos porque el proyecto implica una transformación educacional, un salto social que sin duda traerá prosperidad a las generaciones futuras”, precisa Giraldo.

Los portátiles tienen una variedad de software para desarrollar habilidades en música, fotografía, producción de video y diseño de periódicos, y los contenidos indígenas fueron armados con docentes etnoeducativos.

Con el programa Screenflow se vienen preparando cursos de Word y Excel en wuayunaiki, no sólo para estudiantes, sino para la comunidad en general.

Los maestros, que recibieron formación básica en uso de las TIC, son capacitados por Internexa, empresa que a la vez les brinda acompañamiento en las clases, porque el Smart Board es generoso en herramientas y aplicaciones y la idea es obtener el máximo provecho.

‘DE AQUÍ SALGO BIÓLOGO’

Contrario a lo que sucede en las aulas convencionales, los wayú y los alijuna no quieren que termine la clase.

Muchos de los estudiantes no salen a recreo. “En estos equipos encontramos toda la información que queremos”, advierte Mayerlin Hernández, una alumna de 14 años, procedente de Uribia.

Ella quiere ser comunicadora social y por ello se prepara en historia, política y lee en su iPad las noticias internacionales. “Ya estoy pensando en hacer mi propio periódico para colgar en la página web del colegio”, señala.

A su lado está Raisi Paola Ocampo, nacida y criada en Hato Nuevo, donde la temperatura no baja de 35 grados. Viste una manta rosada, adornada con bordados artesanales de color verde. “¿De qué comunidad indígena es?”, le preguntan. “Soy alijuna como usted, pero por respeto a los wayú me pongo los mismos trajes que usan ellos”, explica, y señala que conoce a Bogotá y a Manhattan, pero a través de la Red.

A la capital y a la Gran Manzana 'llegó' hace apenas ocho meses, cuando ingresó al internado.

Más atrás está Ángel González, el grandulón de Noveno, oriundo de una ranchería cercana a Maicao. Porta en su cabeza una gran pluma de color azul con pequeñas franjas amarillas; no mira a nadie.

Está concentrado en la pantalla de su tablet y por momentos frunce el ceño. “Esto es lo máximo, es lo mejor que nos ha pasado”, advierte cuando se le interrumpe.

Y agrega, con una convicción irrefutable: “no sé por qué la gente habla de que la tecnología nos cambia las costumbres y las tradiciones; hay quienes dicen que nos estamos transculturizando. ¿Acaso los indígenas no tenemos derecho a disfrutar de la tecnología?”.

Luego se calla y sigue ensimismado en la pantalla. Está leyendo un tema de ingeniería genética. “¿Y ese tema?”, le preguntan. “Porque de aquí salgo a ser doctor en biología”, advierte sin vacilaciones.

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