Informe especial/ Negocios oscuros

En los países donde se legalizó la prostitución (como Alemania, España y Holanda), crecen el mercado del sexo y otras lacras. Alertas en Colombia por proyecto que cursa en el Congreso.

Informe especial/ Negocios oscuros

Archivo Portafolio

Informe especial/ Negocios oscuros

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marzo 24 de 2015 - 12:01 a.m.
2015-03-24

La prostitución lacera y dinamita la dignidad de cualquier mujer, pero en los países donde se reglamentó, como en Alemania, España y Holanda, por ejemplo, fue peor el remedio que la enfermedad, pues benefició y fortaleció a los proxenetas, disparó el negocio del sexo, incrementó lacras sociales como la trata de personas, la explotación sexual, la corrupción en la policía y otras dependencias públicas, pero lo peor, es que en Colombia podría suceder lo mismo, si se aprueba el proyecto de ley 079, que cursa actualmente en el Congreso.

La prostitución legalizada en España representa hoy el 2 por ciento del PIB, según cifras de organismos defensores de los derechos humanos y allí, como en Alemania y Holanda, por ejemplo, creó megaburdeles, conocidos como clubes, donde se pisotean y aniquilan, bajo el amparo de la ley, los derechos básicos y la dignidad humana.

“Sexo con nuestras mujeres. Tanto tiempo como quiera, tantas veces como quiera, de la manera que quiera…día y noche”, dice un anuncio del Pussy Club en Stuttgart, Alemania.

En Colombia, las alertas se prendieron desde que el senador Armando Benedetti, del Partido de la U, presentó en 2013 el proyecto de ley 079, que busca reglamentar la prostitución para que quienes la ejerzan obtengan garantías y beneficios laborales, proyecto que después fue respaldado por las buenas intenciones de legisladoras como la senadora del Polo Gloria Inés Ramírez, Teresa Gómez, del partido PIN, y de Astrid Sánchez Montes de Oca, también del Partido de la U.

Pero “las buenas intenciones no son suficientes y antes de aprobar una ley, es necesario el conocimiento de políticas públicas respecto a la prostitución. De lo contrario, será un retroceso en los derechos de las mujeres y alejará a Colombia aún más del ideal de la sociedad igualitaria”, afirma a Portafolio la sicóloga Olga Lucía González, doctora de la Escuela de altos estudios en ciencias sociales de París y miembro del grupo que analiza el proyecto de ley 079.

“El punto más peligroso es que su aprobación creará las condiciones para que los proxenetas monten negocios legales y con plenas garantías para explotar al ser humano. También, permitirá que crezca el número de mujeres que encuentren en la prostitución su única alternativa laboral, y ocasionará que quienes ejercen la actividad eviten obtener los beneficios que les brinda la ley, precisamente, por el estigma asociado a la prostitución. Las mujeres no declararán que son prostitutas para que su hoja laboral no quede manchada, porque ¿qué referencia sería haber sido prostituta para obtener un trabajo mejor?”, cuestiona.

Advierte, además, que países como Alemania hoy se arrepienten de haber legalizado la prostitución y buscan modificar la ley y, por eso “es urgente abrir un debate público en Colombia antes de que el proyecto de ley 079 sea aprobado”.

Menciona que Alemania legalizó y benefició a los proxenetas e incrementó la explotación de las mujeres. Hoy cualquiera puede abrir un burdel cumpliendo con los requisitos básicos de la ley, pero gran parte de las mujeres no firman un contrato de trabajo porque tienen miedo de figurar, no consideran lo suyo como un trabajo y eso favorece a los proxenetas, tanto en la creciente explotación de estos seres, en un 90 por ciento migrantes de todas partes de Europa, como en el reconocimiento de sus derechos.

Los proxenetas “manejan una masa salarial pequeña, evitan cubrir las cargas sociales y tienen un mayor margen de maniobra para rotar al personal. Se trabaja, pues, en un sistema donde los más poderosos (los dueños de los negocios) explotan todas las posibilidades de la ley, al tiempo que subsisten altas dosis de informalidad, de flexibilidad y de inseguridad laboral”, precisa.

Pero el senador Benedetti le dijo a Portafolio que “es un error” creer que si el proyecto se aprueba fortalecerá a los proxenetas en detrimento de los derechos de las prostitutas, aumentará la explotación sexual, la trata de personas e incrementará la prostitución.

Según él, lo que pasó fue que se confundió con un decreto de la alcaldía, aunque admite que “es un proyecto difícil de entender porque las trabajadoras sexuales creen que las voy a acabar y, las monjas, que voy a fomentar la prostitución… es una iniciativa legislativa que tiene como propósito regular y establecer medidas para dignificar y restablecer los derechos de las trabajadoras sexuales que ejercen el oficio con pleno consentimiento… lo que estamos buscando es que tengan seguridad social, sepan cuáles son sus derechos y que las personas que tienen este tipo de negocios… paguen sus impuestos”.

Pero, crecen la voces de alerta contra el proyecto 079, tanto dentro como fuera de Colombia, pues se trata de legislar sobre un mercado que victimiza, interna como externamente a, por lo menos, 35 mil mujeres, niños y niñas colombianas cada año, según la ONG norteamericana Orphan Hope Internacional.

Aunque varios estudios afirman que el ejercicio de la prostitución se ha disparado en Colombia, “no existe una cifra precisa al respecto y eso hace aún más preocupante la aprobación de una ley que afectará a miles y a quienes, prácticamente, despojaría de sus derechos y de cualquier tipo de protección del Estado y desaparecerían las escasas garantías que hoy tienen los que ejercen la prostitución”, según Deyanire Sosa, sicóloga de la Fundación Fénix, y quien ha realizado investigaciones en el sector y prestado asistencia sicológica a trabajadoras sexuales por más de 20 años.

NO ES UN TRABAJO 

Para ella, como para otros investigadores y activistas sociales, legalizar y convertir la prostitución en un trabajo es el primer gran error.

“La prostitución no es un trabajo porque aliena, esclaviza, denigra al ser humano y acaba con las oportunidades de vida de las mujeres y hombres. Para que estas personas tengan derecho a sus derechos no hay que legalizar una actividad que perpetua la violencia. El ejercicio de la prostitución conlleva muchas problemáticas sociales como la inseguridad, la violencia física, el abuso sexual, las largas jornadas de trabajo esclavo, amenazas, intimidación y extorsión, tanto por parte del cliente como del proxeneta. Si la prostitución se legaliza. ¿eso cambiará?”, pregunta.

“Las mujeres en el ejercicio de la prostitución tienen derecho a salir de este flagelo pero ¿lograráan hacerlo si se mantiene y legaliza? Los únicos que van a ganar con la aprobación son los proxenetas y los grandes empresarios del comercio sexual”, concluye.

Aunque el senador Benedetti dijo a Portafolio que en la elaboración del proyecto participaron “algunas organizaciones de trabajadoras sexuales…” para mujeres como Elizabeth Fonseca, que cayó en la trampa mortal de la prostitución y logró salir “la aprobación del proyecto 079 será nociva, porque fue diseñado sin contar con la opinión de quienes han sobrevivido a esta actividad”.

En su opinión, lo que pretende es, primero, “convertir a la mujer en una mercancía tributaria, pues serán ellas las que pagarán los impuestos porque sus cuerpos son la materia prima de los proxenetas y de los establecimientos de lenocinio. Segundo, porque terminará quitándole la responsabilidad al Estado de propender por la dignidad de sus ciudadanos, de buscar otras medidas que mitiguen la propagación de la prostitución y de emprender políticas para prevenir que más niños, niñas y mujeres sobrevivan con los recursos producidos por la prostitución”.

Además, si el proyecto de ley se aprueba, los otros beneficiados serán “los fondos de pensiones y las empresas prestadoras de salud, ya que el tributo al sistema de seguridad lo aportarían directamente las personas en ejercicio de prostitución. Si se obliga al proxeneta a vincular a sus ‘empleados’ como contratistas, los subyugarán aún más pues, amparados en la ley, los obligarán a consumir mayores cantidades de licor y a responder por una cifra cada vez más elevada de relaciones sexuales diarias.

También extenderán su dominio sobre sus vidas privadas, pues les exigirían más juventud, mas frialdad en su estética corporal, (cirugías plásticas y demás), lo que endeudaría a los ‘trabajadores’ con créditos y jamás terminarían de pagar por convertirse en una mercancía más atractiva para su cliente”.

LA LEGISLACIÓN IDEAL 

Pero investigadores y activistas sociales insisten en que lo que debe buscarse no es legalizar la prostitución sino abolirla y, para eso debe encararse como un problema social que requiere una solución y no la perpetuación de un flagelo. “El ideal sería que no existiera esta forma de subsistencia”, afirma Fonseca.

Para la doctora González la ley ideal “sería la que no penalice a las prostitutas, que entienda que muchas de ellas deben ejercer esta actividad porque es la única que les permite obtener el dinero que requieren para darles educación y vivienda a sus hijos… que penalice a quienes se enriquecen con la explotación del cuerpo de terceras personas, concretamente, al proxenetismo en todas sus formas (tráfico, encubrimiento, dueños de burdeles, etc.). Debería prohibir los burdeles, aun si la prostitución está permitida. Dar condiciones de vida digna a todas las personas, propender por la formación de los jóvenes, educar en los colegios contra el machismo, para una sexualidad igualitaria, elevar el salario de las mujeres (que en Colombia es una tercera parte más bajo que el de los hombres) y proponerles alternativas correctamente remuneradas a las mujeres que deseen salir de la prostitución”. Para María Lucía Roa, exrepresentante de Ashoka en Colombia y actual directora de Podemos Hacer la Diferencia (PHD). “las relativas conquistas en materia de derechos humanos y los inmensos avances en ciencia y tecnología logrados durante los siglos XX y XXI, deberían contribuir a abolir, en todos los países, a la que es considerada como la profesión más antigua del mundo”. El debate está abierto.

Gloria Helena Rey
Especial para Portafolio