El jugoso negocio del auto compartido

Los conductores se registran y la empresa confirma los datos de los usuarios. Una calculadora en línea sugiere un precio razonable para el pasajero, con un valor tope preestablecido.

Conducir a solas en su auto en un recorrido de 400 kilómetros es un desperdicio económico y sin sentido ecológico.

Archivo particular

Conducir a solas en su auto en un recorrido de 400 kilómetros es un desperdicio económico y sin sentido ecológico.

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septiembre 02 de 2014 - 01:42 a.m.
2014-09-02

El uso del auto compartido es una de las nuevas tendencias empresariales más exitosas en Europa y un concepto que está cambiando la manera de viajar dentro del continente y pronto en otras partes del mundo.

El principio básico es lindo en su sencillez: conectar conductores de autos privados con pasajeros que van en la misma dirección al mismo sitio y compartir los costos del viaje.

Al igual que la antigua manera predigital de “echar dedo”, el negocio comenzó principalmente como una forma barata para los jóvenes, en economías sumidas en la recesión, de viajar de un país a otro. Ahora ha cruzado la barrera generacional y hay usuarios de todas las edades. También se ha ampliado la cobertura incluyendo viajes nacionales de una ciudad a otra. Las largas distancias son la clave para no competir con taxis, autobuses, tranvías y otros medios de transporte urbano.

Yo aprendí acerca del sistema de carro compartido a través de mi sobrino, quien viajó recientemente por el sur de España usando BlaBlaCar, una de las empresas líderes en el sector. Para planificar su viaje, todo lo que necesitaba era usar su teléfono móvil y la aplicación de la empresa. Y así se convirtió en uno de los millones de viajeros que contribuyen al concepto en rápida expansión de la economía de intercambio.

Sus opciones de inmediato eran menos costosas y más flexibles que hacer colas para comprar tiquetes y tomar trenes, aviones o automóviles alquilados y como parte del trato contribuyó a la protección del medio ambiente, hizo nuevos amigos y recibió consejo de primera mano sobre restaurantes, hospedaje y atracciones locales.

El sistema funciona así: a través del sitio de BlaBlaCar, un conductor (“publicar un viaje”) o un pasajero potencial (“buscar”) anuncian un viaje, incluyendo el tiempo de salida y otras condiciones como el confort del auto, las desviaciones, cuánto están dispuestos a charlar durante el recorrido, de ahí el nombre de la empresa…

Los conductores deben registrarse como miembros y la empresa chequea los números de teléfono móvil, correos electrónicos y cuentas bancarias de los usuarios. Una calculadora en línea sugiere un precio razonable para el pasajero, con un tope. Un viaje de París a Bruselas, por ejemplo, puede costar entre 25 y 35 euros.

Se anima a conductores y pasajeros a valorarse mutuamente y hay una opción “solo para damas” para coordinar conductoras y pasajeras. BlaBlaCar cuenta con 40 empleados dedicados a vigilar el contenido y expulsar de la plataforma a cualquiera que intente sacar beneficio o haga algo indebido. Los propios usuarios son los más interesados en velar por el respecto de las reglas y dar la alerta cuando alguien las infringe.

El modelo de negocio es igualmente simple: BlaBlaCar cobra una comisión entre el 10 y el 11 por ciento del precio del viaje.

La popularidad de la compañía se ha disparado durante el último año con más de ocho millones de miembros. Una reciente expansión a Rusia y Ucrania llevo a 12 el número de países donde opera, entre ellos el Reino Unido, España, Portugal, Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Polonia y Alemania. Siguen en la lista para el futuro próximo Turquía, Brasil, India y Estados Unidos.

BlaBlaCar, con sede en París, se ha convertido en uno de los niños consentido del asediado Gobierno francés que busca desesperadamente ejemplos para mostrar la innovación en su economía - y con una reciente nueva ronda de financiamiento por 100 millones de dólares la compañía promete crecimiento.

La aventura comenzó cuando uno de los tres fundadores, Frédéric Mazzella, iba a casa de sus padres en el auto de su hermana para Navidad y notó cuántos de los otros carros que veía en la carretera iban vacíos mientras él no había encontrado tiquetes de tren ni avión y las estaciones y aeropuertos explotaban de gente. Entonces creó la red social.

La modalidad de auto compartido con personas que se conectan a través de una red social controlada, vigilada y que permite evaluación entre los mismos usuarios responde bien a las necesidades actuales en estas economías en crisis económica y a la necesidad de alternativas de transporte menos costosas. Corresponde también a la renovada tendencia hacia el mercado libre y las economías colaborativas, así como a buenos hábitos de consumo usando de manera más eficiente los recursos disponibles.

“Estamos aprendiendo a utilizar nuestros recursos de una manera inteligente” dijo Mazzella, y explico que “conducir a solas en su auto por 400 kilómetros es un desperdicio económico y sin sentido ecológico, y es aburrido”.

Nicolas Brusson, otro de los tres cofundadores, predice que Europa está llegando al final de una era. “Tenemos que ser más inteligentes acerca de la manera en que consumimos y, apoyados en los activos que ya tenemos, hacer un mejor uso de ellos”.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio
Luxemburgo