‘Las empresas que se ocupan de su gente ganan más’

Eduardo Braun, estuvo en el congreso de Confecámaras planteando la necesidad de líderes que quieran transformar el mundo.

Eduardo Braun, Autor del libro ‘Las personas primero: Chief emotions officers’.

Eduardo Braun, autor del libro ‘Las personas primero: Chief emotions officers’.

Cortesía Confecámaras

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septiembre 03 de 2017 - 06:24 p.m.
2017-09-03

El argentino Eduardo Braun viajó por el mundo durante 15 años hablando con líderes de management de renombre internacional y ha entrevistado a personajes que tienen esa misma condición, como el papa Francisco Bill Clinton, Tony Blair o Richard Branson, entre otros. Como producto de todo eso, salió su libro ‘Las personas primero: Chief emotions officers’.

Braun fue el jueves uno de los conferencistas invitados al congreso de Confecámaras, que se realizó en Cartagena, y habló sobre lo que significa el liderazgo en nuestro tiempo.

¿Cuál es el mensaje para los empresarios?

Yo hice buena parte de mi carrera desde la ingeniería industrial, la administración de empresas, la consultoría estratégica y todo el management moderno, y en esos modelos el ser humano individual está solo de forma muy abstracta: María, José o Pablo, así como sus pasiones, deseos, sueños, su orgullo, su esperanza no figuran.

Cuando uno ve lo que distingue a organizaciones exitosas, es justamente la participación de las personas con todas sus pasiones y emociones. Entonces, el mensaje que yo les traigo a los empresarios de Colombia es que tienen un potencial increíble sin aprovechar dentro de sus compañías.

Las organizaciones exitosas son las que cuentan primero a las personas en todo su potencial. Las personas son cerebro más corazón y emoción, y cuando uno las considera en toda su dimensión humana, los resultados se multiplican.

¿Qué ejemplos exitosos puede dar de la conversión de esto en dinero?

Por supuesto. Desde la famosa transformación de General Electric, con Jack Welch, cuando pasó de valer US$14 billones a más de US$400 billones, hasta latinoamericanos como Tarjeta Naranja, un plástico de crédito argentino, y el banco Superviell, que ha multiplicado su tamaño por 24 en los últimos años basado en considerar a las personas primero.

¿Si el mensaje es poderoso, por qué parece que todavía no se incorpora?

Cuando uno vive en una cultura, modificarla lleva una generación. Nosotros vivimos en una que es producto de la Revolución Industrial, donde las ventajas de la escala eran tan grandes que el ser humano quedó relegado como un factor de productividad, en cambio en los últimos años los grandes líderes se han dado cuenta de esa oportunidad y, sin embargo, hasta que ello llega a las escuelas de negocios pueden pasar 30 años.

Los buenos líderes seguro estarían incorporando esto.

Exactamente.

¿Cómo define un buen líder empresarial?

Primero, un buen líder es aquel que consigue que cada persona dé lo mejor de sí misma y se desarrolle según su potencial. ¿Cómo logra eso? Primero, habiendo hecho él mismo ese camino de autoconocimiento, de entender cuáles son sus pasiones y sueños, la importancia del ser humano. Puede haber excepciones, pero es el camino que recomiendo.

Segundo, ese liderazgo implica querer transformar la realidad alrededor tuyo. Todos estamos llamados a modificar nuestro metro cuadrado. Cuando ese sueño es poderoso, uno invita a otra gente a construirlo. Lo tercero es ocuparse genuina y sinceramente de la gente que trabaja con él.

Algunos dirán que para eso tienen un área de talento humano y que el líder se ocupa de la estrategia que da plata.

El liderazgo se ejerce en primera persona, es ejemplar. La transformación cultural –porque el líder opera a través de crear y gestionar una cultura organizacional que materialice unos valores y un sueño– se tiene que hacer en primera persona, cada uno debe ser constructor de una realidad diferente.

Se dice que en América Latina faltan líderes.


Ahí habría que preguntar de qué definición de líderes estamos partiendo. Por ejemplo, el papa Francisco planteó un sueño que es “una Iglesia pobre para los pobres” y eso lo hizo desde la misma elección de su nombre y a través de ocuparse genuinamente de cada persona que se acerca a él. Yo tuve la oportunidad de conversar con él y me dijo: “La clave de mi liderazgo es ir al encuentro con el ser humano que tengo al lado”.

¿Cómo llevar su concepto de liderazgo a la sociedad?

Voy a tomar una frase de Felipe González, al que yo le pregunté en una conversación: Usted como líder qué hace, trata de decirle a la gente lo que quiere escuchar o de compartir su visión personal sobre la transformación que hay que hacer, y convencer al electorado que lo siga. Él se rió y me dijo: “Bueno, un poco de las dos cosas”.

A algunas sociedades les está costando encontrar un líder porque se les dificulta entender qué quieren. Donde el consumo per cápita es muy alto y tienden a ser una sociedad de consumo, no quieren un líder porque la idea no es ir a otro lado; tal vez les haga falta un líder espiritual para decirles para qué es la vida. De hecho, las tasas de suicidio en Japón o en lugares de alto poder adquisitivo son altas. El liderazgo aparece muchas veces con la crisis porque es ahí donde la gente se pregunta ¿a dónde tengo que ir? ¿cómo salgo de esta? entonces hoy día las democracias de libre mercado, las sociedades occidentales, carecen de liderazgo porque les está faltando una crisis sobre dónde es que hay que ir.

¿Qué deben hacer las compañías para que broten liderazgos?

Lo primero es aprender a empoderar más los distintos niveles de la organización. Nosotros heredamos un modelo muy autoritario y militar, que era válido en la Revolución Industrial, hace cien años, donde el 5% eran ingenieros o personal educado y el 95% eran analfabetas que debían hacer una tarea muy bien descrita, y eso ha cambiado totalmente.

Hoy, hay que bajar los niveles de decisión al cajero, al empleado que está en el call center, al que atiende la mesa.

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