'El lío de la justicia en el país es que no opera'

Luis Carlos Sarmiento Angulo asegura que el sistema no es oportuno y está generando un desperdicio de dinero "brutal". Este viernes, recibirá el Premio a la vida y obra en el sector financiero de manos del presidente Santos.

Luis Carlos Sarmiento Angulo, en su escritorio de presidente de la junta directiva del Grupo Aval.

Archivo particular

Luis Carlos Sarmiento Angulo, en su escritorio de presidente de la junta directiva del Grupo Aval.

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junio 18 de 2015 - 02:29 p.m.
2015-06-18

El empresario y banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo se prepara para hacer una nueva millonaria inversión en Colombia.

Esta vez no se trata de la compra de otro banco, hotel o compañía del sector real, tampoco de la construcción de un centro comercial o un complejo residencial.

La apuesta de este empresario, quien este viernes recibe de manos del presidente Juan Manual Santos y del presidente de la Asobancaria, Santiago Castro, el Premio a la vida y obra en el sector financiero en el marco de la celebración de la 50 Convención Bancaria, es por un hospital para la investigación y el tratamiento del cáncer.

La meta, como todas las que se propone Sarmiento Angulo, es que esté construido en el menor tiempo posible, que cuente con tecnología de punta y que sea no solo el mejor del país, sino de los países andinos. Por eso invertirá en su construcción y dotación unos 500.000 millones de pesos.

Usted es una persona muy activa en el desarrollo de obras sociales, pero es algo que la mayoría de los colombianos desconoce...

Eso es lo que llamamos la responsabilidad social empresarial (RSE), que valga la aclaración, es muy distinto de los impuestos que pagan las empresas. Es ir un poco más allá de eso, hacer algunas labores que ayuden a la comunidad, que promocionen el desarrollo y mejoren el estándar de vida de las personas. He trabajado bastante en la salud desde hace tiempo.

¿Qué recuerda de esos proyectos sociales?

Son muchos, pero recuerdo que construimos el hospital de Belalcázar (Cauca), tras la avalancha que dejó en ruinas el que tenía entonces ese municipio. Fue una obra no muy grande, apenas con capacidad de 40 camas, pero nos encargamos de construirlo y dotarlo, aunque se recibieron algunas donaciones.

Al Hospital Simón Bolívar le construimos el pabellón para quemados y hemos donado equipos para las fundaciones San Ignacio y la Cardioinfantil.

Pero hay inversión social en otros frentes...

En educación donamos un edificio a la Universidad Nacional de la cual soy egresado. Son 9.000 metros cuadrados que dieron paso a una de las bibliotecas más importantes del país en materia de ingeniería, pues allí reposan todos los archivos de diseño de la universidad para consulta de los estudiantes.

He presidido la junta directiva de Colfuturo por varios años y ahí lo que hacemos es enviar a los profesionales colombianos mejor calificados a hacer estudios de maestría y doctorado en las universidades más prestigiosas del exterior, en colaboración con el Gobierno. La mitad de los estudios son becados y al regreso el estudiante paga la mitad. Estamos enviando 1.300 estudiantes por año y aspiramos llegar a los 2.000 si el Gobierno accede a aumentar el presupuesto.

También fui uno de los fundadores de la Escuela Colombiana de Ingeniería, con otros banqueros.

Muchos colombianos que han sido afectados por desastres naturales han podido contar con una vivienda gracias a usted.

Sí, por ejemplo tras inundaciones como las ocurridas hace unos años en Cartagena, donde construimos y donamos 50 casas o los 400 apartamentos que construimos y regalamos en Bogotá en el 2011, a igual número de familias afectadas.

¿Y tienen algún proyecto con similares propósitos en la actualidad?

El programa más importante en el que estamos empeñados ahora es la construcción de un hospital para investigación y tratamiento del cáncer. Será un hospital con lo último en tecnología y aspiramos que sea el mejor de Colombia y de los países andinos.

¿Dónde estará ubicado?

En la calle 170 con carrera 19 de Bogotá, en un lote de 30.000 metros cuadrados, y allí se hará una inversión de 500.000 millones en los próximo 5 años.

¿Todos los recursos provendrán de sus organizaciones?

Nosotros aplicaremos a fondos que algunas entidades internacionales dedican a este tipo de obras. Es una asociación entre la Fundación Grupo Aval y la Fundación Luis Carlos Sarmiento. De todas maneras, nos encargaremos de llevar a buen término esa construcción sea con el apoyo de otros o no. La meta que nos impusimos es abrir sus puertas al público en el segundo semestre del 2018.

También hay una iniciativa de una fundación crediticia de muy bajos montos, ¿en qué va?

Sí, la Corporación Fundación Microcrédito Aval, como todas las fundaciones de la Olcsa, sin ánimo de lucro.

A esta entidad le hacemos aportes de capital que no serán reintegrados, pues la idea es mantener un servicio de crédito a la gente de menores ingresos. Son préstamos muy pequeños, de entre 300.000 y 1,5 millones de pesos sin garantías y con tasas muy por debajo de las que pueden conseguir estas familias en el mercado de la usura.

Hemos entregado unos 8 millones de dólares y para el cuarto año debemos tener un flotante de unos 150.000 créditos.

¿Y tiene cobertura nacional?

En principio no, pero ya empezamos a salir de Bogotá a los municipios de la periferia, Usme, Chía, Facatativá. En esta iniciativa, decidimos dar por finalizada, en muy buenos términos la alianza que teníamos con el nobel de Paz Muhammad Yunus, porque nos dimos cuenta de que venir de Bangladés a Bogotá no solo era costoso sino muy demorado, tres días de viaje, y difícil en términos logísticos.

Usted ha insistido en la necesidad que tiene Colombia de lograr una justicia más eficiente, ¿cree que ese propósito se ha logrado?

Desafortunadamente no soy muy optimista. Sí se ha avanzado algo, se han hecho muchas cosas, pero creo que es mucho más lo que se tendría que haber hecho y lo que se tendría que estar sintiendo en el ambiente de la justicia.

El problema fundamental –para no entrar en detalle que si las cortes, que si los magistrados– es que la justicia en el país no opera. Es que cuando resolver un proceso puede durar 20 años, cuando falla la justicia, no le sirve a nadie, no le importa a nadie, no pasa nada. Muchas veces las partes se mueren durante los procesos y cuando salen las sentencias, nadie las reclama. Es un desperdicio de dinero brutal y la gente siente esa desprotección. Se necesita que la justicia sea operativa, pero también que sea oportuna, y hoy no lo es.

¿Qué tanto afecta esto el curso de los negocios?

Mucho, porque no es extraño que contratantes del Estado con particulares y particulares entre sí se enfrenten, no es difícil ni imposible que entren en desacuerdos y la manera civilizada es acudir ante la justicia para que esta defina y se cumpla lo que ella diga. Así funciona la civilización. Pero cuando la justicia no funciona, viene el riesgo de que la gente quiera hacerla por su propia mano y acudir a otras cosas que no son aceptables.

De los negocios en los que ha incursionado, ¿con cuál se siente más satisfecho?

Soy ingeniero civil de la Nacional; me encanta mi profesión; me siento realizado cada vez que la ejerzo; construyo obras grandes e importantes de ingeniería. Eso me da una gran satisfacción. Ya en términos económicos, pues tengo la mayor parte de mi patrimonio en el sistema financiero y esa es la parte más importante de la actividad que realizamos.

¿Y el logro allí fue la salida a la Bolsa de Nueva York?

Sin duda, porque empecé con una empresa de construcción muy pequeña en 1959, llegué al sector financiero en 1971 con la compra del Banco de Occidente, una entidad que estaba en quiebra y en momentos en que nadie vendía bancos.

Yo aposté por la entidad incluso cuando el Gobierno había ordenado su liquidación. Cinco años después era una de las entidades más rentables de Colombia.

Luego he venido fundado unas y comprando otras entidades hasta llegar a lo que somos hoy: un grupo grande con más de 75.000 empleados.

Cuando estudiaba ingeniería, ¿se imaginó llegar al sector financiero?

No, nunca. Fue algo paulatino. Yo no he tenido un crecimiento extraordinario, pero sí siempre sostenido. Uno se ocupa de los negocios y trata de que vayan bien y un día se da cuenta de que es así. Realmente las oportunidades han sido cuando he logrado hacer compras. A veces le venden a uno las cosas y otras veces no.

¿Qué no le han vendido?

Tierras. Cuando era constructor de vivienda compré muchas, pero otras no me las quisieron vender, entonces, busqué otras, y con los bancos pasa lo mismo.

¿Con el grupo cuál es el siguiente paso?

Lo de la Bolsa de Nueva York fue una gran conquista, fue la culminación de un proceso. Es como la etapa superior que le da a uno una tarjeta de credibilidad en todos los negocios y abre muchas puertas al financiamiento. Fue un momento extraordinario en septiembre del 2014. Ahora lo que sigue es mantener lo que tenemos y bregar a manejarlo lo mejor posible.

Si tuviera que elegir, ¿con qué negocio se quedaría?

Prefiero continuar así como estoy.

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