Recamier, el salón de belleza que se volvió multinacional

Esta es la historia de una empresa colombiana que está próxima a cumplir siete décadas de fundada.

Georges Bougaud, gerente de Recamier.

Georges Bougaud, gerente de Recamier.

Cortesía Recamier

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Portafolio
junio 08 de 2017 - 10:48 p.m.
2017-06-08

Vivir de la venta de productos de belleza no es un negocio fácil. En realidad, se trata de un mercado competido en el que la innovación es la materia prima esencial. Georges Bougaud, gerente general de la compañía colombiana Recamier, y quien representa a Colombia en el Premio Emprendedor Mundial EY que se entregará en el principado de Mónaco este sábado, cuenta la historia de un negocio que inició el 15 de octubre de 1947, por iniciativa de su padre, Edmond Bougaud, y que al comienzo parecía descabellado.

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Este ciudadano francés, que llegó a Colombia, por el puerto de Buenaventura, ante la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a Bogotá, donde trabajó en varios oficios, entre ellos el de peluquería.

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Luego se instaló en Cali, donde montó el salón de belleza Recamier, ubicado en el centro de la ciudad. En los años 50 recibió una oferta para fabricar y distribuir la laca Kleer Lac, una marca producida en Nueva York.

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En la cocina de su casa empezó su aventura industrial con la producción de laca. El producto, que se vendía en el salón de belleza, fue un boom. Las ventas empezaron a crecer, y la laca Kleer Lac se volvió líder del mercado. En 1962, el señor Bougaud se dio cuenta de que la peluquería era apenas un pequeño escalón en su camino como empresario y se le puso al corte a un negocio más grande: el de los productos de belleza. El salón pasó a manos de las empleadas y él entró de lleno al mundo industrial.

Pero aunque la marca Recamier seguía campante en el mercado, el señor Bougaud empezó a producir una marca propia de champú. Lanzó al mercado el producto Muss, que los consumidores convirtieron en el rey del mercado en los 60.

El siguiente paso en el crecimiento de Recamier fue asumir la distribución de la tintura francesa Garnier. La empresa tuvo una época dorada en los 60 y principios de los 70. Sin embargo, el 13 de septiembre de 1975 falleció el fundador de la empresa, Edmond Bougaud, cuando apenas tenía 61 años.

Entonces, su hijo, Georges Bougaud, de 21 años, y quien cursaba el primer año de administración de empresas, asumió las riendas de la compañía.

LA PRIMERA CRISIS

El fallecimiento del creador de Recamier coincidió con un año difícil para la empresa. Fue como volver a emprender. Georges, quien solo trabajaba en la planta cuando salía a vacaciones de estudio, estaba ahora ante el reto, no solo de mantenerla, sino de sacarla de la crisis.

Recamier vivió varios años llenos de complicaciones porque el heredero del trono no recibió una compañía boyante, sino un negocio que necesitaba una reingeniería. “Tan así que duré nueve años para dar mi primer resultado positivo”, asegura el gerente general. “Me tocó perseverar y luchar para estabilizar la empresa”.

Recamier fue reestructurada en todos los campos. Pero valió la pena. A partir de 1985 surgió una empresa moderna que volvió a crecer a tasas enormes. En esa época fueron lanzadas al mercado líneas de tintes, ‘Luminance’ y ‘Colorance’, tratamientos capilares Vitane, la marca Tanga de protectores solares, Deo Pies y varios productos para salones de belleza.

En el 96 vino una segunda crisis debido a la grave situación del país generada por el proceso 8.000 y el Upac. “Esta la pudimos sortear dos años después y volvimos a crecer”.

En 1998, la empresa, que había nacido 50 años atrás como un salón de belleza, hizo un corte de cuentas y decidió saltar al mercado internacional. Empezó a buscar distribuidores en Ecuador, Perú, Estados Unidos, Panamá y toda Centroamérica y el Caribe, e incluso se han hecho exportaciones a algunos países de Asia y al Medio Oriente. De la misma manera, recordando sus inicios como peluquería, la empresa se vio obligada a echarles tijera a los costos. “Hoy, la compañía es mucho más competitiva, con una alta inversión en tecnología, investigación y desarrollo. Nuestros productos son competitivos a nivel mundial, e incluso algunas de las marcas son de mejor calidad que cualquiera de las más reconocidas en el mercado global”, dice Georges Bougaud.

La empresa caleña es el mejor ejemplo de que el emprendimiento no consiste solo en abrir un negocio, sino en hacerlo sostenible a través de la innovación y la creatividad.
“Ahora tenemos una línea de esmaltes y estamos pensando entrar en la gama de productos faciales, corporales, es decir, cubrir todos los campos de la cosmética”.

Recamier tiene 700 empleados y una planta en Cali, donde se obtienen más de 400 referencias de productos de belleza y aseo personal. “No podemos tener producción en otras partes porque los costos no lo permiten. Lo que estamos haciendo es abrir nuevos mercados. Exportamos a Cuba y estamos estudiando la llegada a México y otros países”, afirma Bougaud.

Édmer Tovar M.
Editor de Portafolio
Mónaco