‘Reficar hubiera costado más sin los controles hechos’

El expresidente de Ecopetrol, Javier Gutiérrez, explicó por primera vez su actuación en la Refinería de Cartagena. 

Javier Genaro Gutiérrez, presidente de Ecopetrol.

Javier Genaro Gutiérrez, expresidente de Ecopetrol, dijo que los controles fueron estrictos.

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abril 21 de 2016 - 09:43 p.m.
2016-04-21

La ampliación y modernización de la Refinería de Cartagena, Reficar, cuyo costo se duplicó con respecto al cálculo inicial, hubiera valido más si no se hubieran aplicado los controles.

Así respondió el expresidente de Ecopetrol, Javier Genaro Gutiérrez, quien por primera vez se pronunció desde que se desató el escándalo por el presunto desgreño en este proyecto que en el 2009 empezó costando 3.777 millones de dólares, y a finales del año pasado, cuando se entregaron las obras, culminó con erogaciones superiores a los 8.000 millones de dólares.

Por esto, la Contraloría abrió una investigación y la Procuraduría también está escrutando la posible responsabilidad del ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas; del actual presidente de Ecopetrol; de los ministros anteriores Juan Carlos Echeverry (actual cabeza de la petrolera de mayoría estatal), Federico Renjifo, y Amylkar Acosta; así como de quienes en el tiempo de la contratación y construcción dirigieron en cargos de decisión, entre ellos Gutiérrez, quien presidió Ecopetrol entre enero del 2007 y abril del 2015.

Gutiérrez estuvo en la Procuraduría dando sus explicaciones el 16 de marzo pasado y este jueves lo hizo por primera vez ante los medios de comunicación en una rueda de prensa en la que mostró un tono vehemente que contrastaba con el talante conciliador que siempre se le ha conocido. Aseguró que ha estado y estará a disposición de los organismos de control.

Sobre este caso han rondado varias preguntas, entre ellas, por qué se compró la participación que tenía Glencore en la refinería; por qué se eligió a la firma CB&I para las obras de “ingeniería, compras y construcción” si aparentemente no tenía la experiencia requerida; cómo se permitió que se alcanzara un sobrecosto tan grande, y, luego, por qué no se le suspendió el contrato cuando se evidenciaron los incumplimientos. Incluso se ha llegado a sugerir que habrían ocurrido actos de corrupción alrededor del tema.

“Yo considero que no hubo corrupción”, dijo Gutiérrez, y añadió además que se aplicaron todos los mecanismos de control que había a la mano para evitar malos manejos.

Para empezar, según él, la refinería no costaba lo que se dijo inicialmente, lo cual se puede constatar, según él, comparándola con otras refinerías a nivel internacional.

La intención inicial era que Glencore, dueña del 51% de Reficar, y Ecopetrol, propietaria del resto, emprendieran la repotenciación a riesgo compartido, pero el primer tropiezo con que se topó el proyecto fueron los coletazos de la crisis del 2008 que llevaron a la multinacional a retirarse en el 2009 haciendo uso de una cláusula que se lo permitía ante un evento “imprevisto, imprevisible e irresistible”.

La refinería había sido pensada más a la medida del tipo de petróleo que Glencore le refina a sus clientes internacionales, pero con su retiro, se modificó el diseño para que respondiera a las necesidades internas de Colombia, que extrae un petróleo pesado. El costo pasó de 3.777 a 3.994 millones de dólares.

Este es tal vez el cambio que mejor justifica Gutiérrez porque permitió tener la que es considerada como una de las mejores refinerías de América Latina, que puede aprovechar el petróleo en un 97% transformándolo en derivados y sacar una gasolina de alta calidad.

Y aunque se exploró la posibilidad de buscar otro inversionista, según Gutiérrez, desistieron y decidieron que Ecopetrol le comprara la participación a su socia y continuara sola, pues lo otro implicaba “perder un año o más”.

Las respuestas a otros cuestionamientos

Sobre la entrada de firma CB&I, Gutiérrez argumentó que la escogencia se hizo entre tres propuestas y la firma presentó la mejor, en un proceso que contó con la consultora Nexant.

Explica que, de hecho, solo en octubre del 2011 se evidenció la baja en su desempeño.

Y se eligió la contratación a través de la modalidad de ‘costos reembolsables’ --que implica ir haciendo desembolsos a medida que se gasta-sobre la ‘llave en mano’ que establece un precio global de la obra-, entre otras razones, debido a que, supuestamente, permitía un mayor control.

Gutiérrez anotó que los directivos, entre ellos él, no fueron laxos con la vigilancia.
Incluso, dijo que se contrató a la firma Foster Wheeler, la cual dispuso de casi 200 personas, para gerenciar el control y hacer interventoría. Además, se reforzó al equipo de Reficar con por lo menos 100 funcionarios de Ecopetrol “para que defendieran los intereses de la empresa”.

Anotó que al percatarse de los retrasos de CB&I, lo primero que hizo fue exigirle más recursos y que afinara la planeación. Adicionalmente, cada que esta firma planteaba sobrecostos, un comité de alto nivel y las propias juntas de Reficar y Ecopetrol le tenían que autorizar los gastos previamente.

“Pasamos ratos amargos, nos trasnochamos, nos agarramos de las mechas; la gente gritaba y hacía de todo, pero al final una vez que se tenían toda las explicaciones había que buscar una alternativa”, afirmó.

Igualmente, en un momento se optó por subcontratar obras con empresas especializadas en labores específicas. “Si no se hubiera ejercido un control tan estricto, casi que a diario, el sobrecosto hubiera sido mayor”, afirmó el expresidente de Ecopetrol.

Acotó que no se le suspendió el contrato a CB&I porque siempre los análisis desembocaban en que podía ser peor. Para comenzar un nuevo contrato podía tener un costo adicional de 700 millones de dólares. Fuera de eso, se calculaba que el empalme con el nuevo contratista tardaría entre 6 meses y un año, y se temía por la dificultad para hacer valer las garantías de los trabajos y por las posibles demandas.

La sospecha fundada de que habría problemas legales a la vista, de acuerdo con Gutiérrez, llevó a que se recopilara minuciosamente la documentación de cada paso, la cual sería útil en la demanda que cursa en tribunales internacionales contra CB&I. El Gobierno busca recuperar por lo menos 2.000 millones de dólares que se gastaron por la supuesta ineficiencia e ineficacia de la constructora de Reficar.