El ‘rey Midas’ de la basura

Él vio muebles en botellas de plástico e hizo su visión una realidad. Hoy factura más de 100 millones de pesos anuales.

Juan Nicolás Suárez, fundador de Dislecar.

Archivo particular

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junio 22 de 2015 - 10:10 p.m.
2015-06-22

Si Juan Nicolás Suárez no fuera un emprendedor, llegaría todos los días a las 8 de la mañana a la oficina y esperaría ansioso a que fueran las 5 de la tarde para apagar su computador e irse.

Si no fuese dueño de Diseclar, seguiría siendo gerente comercial en una reconocida compañía colombiana, pasaría indiferente cerca de las canecas llenas de basura y rezaría porque llegase pronto el fin de semana.

Pero su espíritu empresario no se lo permitió. Una tarde, al caleño le llamó su atención los cientos de botellas que se acumulaban en los pasillos de la compañía. Se preguntó qué hacían con esa basura y, entonces, se le ocurrió que esas botellas podrían ser sillas.

“Acá no hacemos muebles”, le contestó su jefe ante la sugerencia. Juan Nicolás Suárez entendió que ‘cada quien manda en su casa’ y que él quería una propia para poder mandar.

Se propuso crear Diseclar, su visión de ver convertidas botellas de plástico en muebles hecha realidad. Imita a la madera, sin utilizar un solo trozo de árbol. Aunque no revela la fórmula para fabricar sillas, mesas y escritorios con basura, confiesa que utiliza fibra vegetal proveniente de la cascarilla del café.

Este sueño que hoy es una realidad de 100 millones de pesos– lo que facturó el año pasado y ya registró en ventas en lo que va de este año-, lo empacará en una maleta y se lo llevará a San Francisco en los próximos días.

Lo esperan en Silicon Valley – la meca del emprendimiento – en donde aterrizarán 16 empresarios de todos los rincones del mundo este 18 de julio para entrenarse durante una semana. Al final, quien convenza de su negocio al jurado de The Venture – concurso que buscó a un ganador de cada país y lo condujo hasta allí –será acreedor de 175.000 dólares.

Y el caleño va en primera clase. El primer paso para poder ‘subirse’ a ese avión era someter a Diseclar a una votación mundial y crearle una cuenta de crowfunding – plataforma web en donde, quien lo desee, puede apoyarla -.

Juan logró que su compañía fuera el negocio más votado con 132.000 votos, más que lo que consiguió Sensproud, de Japón - sistema inalámbrico de control de campo que busca producir más cultivos con menos agua-, o Lumkani, de Sudáfrica - tecnología para disminuir el riesgo de incendios devastadores en asentamientos informales-. En Indiegogo – página de crowfunding – ha recaudado 38.396 mil dólares, 17.000 más que el proyecto mexicano ¡Échale! A tu casa, segundo en recaudo.

Pero antes de coger altura, el caleño tuvo que despegar y el ascenso no fue sencillo. Paralelo a su empleo, empezó a trabajar en su idea de negocio. Descubrió cómo sacar de la basura muebles, apoyado por el Sena y la Pontificia Universidad Javeriana de Cali.

Lo siguiente fue conseguir el dinero para arrancar. Sus ahorros no eran suficientes, pero la plata por concursar en Innovación Javieriana y el Fondo Emprender le permitió empezar con $150 millones.

Desde entonces, Diseclar, su propia empresa, no para de crecer. Con una máquina, ya amobló los parques de Palmira, dotó de escritorios y sillas a la Javeriana, y las mesas del batallón de Cali tienen su sello.

Su idea de emprendimiento ha sido premiada en Kenia, Costa Rica y México por solo mencionar algunos de los galardones – seis internacionales – que Juan Nicolás acumula en la repisa de su oficina.

¿Qué hace tan atrayente a esta idea de negocio? En Colombia, a diario, se producen cerca de 40.000 toneladas de basura, de las cuales solo se recicla el 5 % en el país, el mismo porcentaje que se reutiliza en la región donde, a diario, se producen más de 463.000 toneladas de residuos sólidos.

El problema que está generando no reciclar en el continente es tal que el 55 % de los residuos van a parar al mar. Gran parte de los animales que allí habitan mueren cada día al ingerir estos desperdicios.

El año pasado, Diseclar procesó 20 toneladas de plástico que disminuyen en un 40 % los costos de muebles tradicionales, por los que se talan 50.000 km2 – terreno semejante al que hoy constituye a Suiza - anualmente en Latinoamérica. Hoy, La compañía del caleño está salvando más de 2.000 árboles.

Aumentando su producción – la meta principal que se ha propuesto Juan –, Diseclar reciclaríamás de 300.000 kg de desechos plásticos y más de 192.000 kg de desperdicios agro-industriales, con lo cual podrían retener más de 35.136 toneladas de CO2.

También podría darle trabajo a más de 300 recicladores de los 135.000 que existen Latinoamérica y quienes, en su gran mayoría, viven con menos de un dólar al día, y ser fuente de ingresos para más de 250 caficultores de los 563.000 que se ven afectados por la hiperactividad del dólar. Actualmente, Juan Nicolás contrata a 50 personas de manera indirecta, entre recicladores y caficultores.

CON LAS UÑAS

“Necesitamos dinero”. Juan Nicolás es cortante y puntual en lo que hoy le genera dolores de cabeza, y es que no han sido pocos los problemas que la falta de plata le ha generado.

Con una producción limitada, ha perdido varios negocios en Estados Unidos y otros países de la región y, a pesar de ello, le siguen apareciendo. Cinco minutos después de haberlo llamado, el caleño estaba reunido con una compañía costarricense interesada en sus productos para amoblar uno de los hoteles Marriot, ubicado en el país centroamericano. La cadena hotelera está buscando inmobiliario ecológico y pensaron en Diseclar.

Pero Juan Nicolás no suena emocionado. Su voz denota preocupación. Buscar músculo financiero jamás ha sido fácil y él ha tenido que soportar una puerta cerrada tras otra a pesar de tocar en distintos lugares, incluso en ministerios.

“Montar una empresa en Colombia es supremamente difícil porque lograr que el Gobierno te apoye es misión imposible. Además, te clava muchos impuestos, la Dian molesta mucho…”, se queja el caleño, recordando aquella época en la que asistía a eventos oficiales para hablar con algún representante estatal que le brindara ayuda.

Juan tiene claro que necesita inversionistas y está en busca de ellos.

LOS PECADOS DE UN EMPRENDEDOR

En su tiempo libre – cuando lo tiene – Juan Nicolás habla sobre emprendimiento. Su faceta de conferencista le ha permitido darse cuenta que el error más común en quienes quieren tener su propio negocio es que no creen en ellos y, por consiguiente, son expertos en inventar excusas para no emprender.

Pero una vez ‘ponen a rodar’ sus ideas, la primera ‘primiparada’ se las cobra su perfeccionismo. “La cuestión es que el producto perfecto no existe. iPhone es el mejor ejemplo: aun siguen innovando con fallas en sus equipos. A mí me paso. La primera silla que vendí se le quebró al cliente al otro día”, recuerda Juan Nicolás con jocosidad, como si aquel tropiezo hubiese sido la premonición de su éxito.

Hoy le recuerda a los ‘pela’os’ que es cuestión de error y acierto, que los mejores clientes son los destructivos, no lo cuidadosos, y les confiesa que esos son sus favoritos.

“Toca salir al mercado y que el mercado te diga qué estás haciendo mal. No hay mejor prueba que las que hace un consumidor y las fallas que éste te revela”, sentencia.

@GutierrezAnaMa