En ropa de moda, no todo lo barato es chino

Con accesorios como el 'levantacola', empresarios colombianos le ganan el pulso a productos chinos.

Empresas colombianas fabrican productos que dan la batalla en las góndolas

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Empresas colombianas fabrican productos que dan la batalla en las góndolas

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diciembre 09 de 2013 - 12:38 p.m.
2013-12-09

Pese a que en el mundo del comercio y el consumo se habla de una aplastante y, casi imbatible presencia de los productos chinos como sinónimo de bajos precios, empresas colombianas fabrican productos que dan la batalla en las góndolas y compiten de ‘tú a tú’ por conquistar consumidores.

Eso es lo que se ve ‘en vivo y en directo’ en el sector de San Victorino, el corazón del comercio popular en Bogotá, donde van y vienen compradores y comercializadores con montones de productos que van desde juguetes, sábanas, artículos navideños y del hogar, cobijas, pijamas, ropa interior, medias, cinturones, accesorios, camisetas y jeans.

En especial, en la ropa se funden marcas nacionales e importadas de Asia, que compiten con precios bajos y facilitan la posibilidad de compra de la población de escasos recursos. Pululan en los pasillos llenos de mercancía consumidores que no quieren que les coja la noche para las compras de la Navidad, pero que tienen claro que, con poca plata, deben comprar los regalos y la 'pinta' del 24 y el 31 de diciembre, como es costumbre.

También circulan los mayoristas que necesitan abastecer locales de barrio o de municipios cercanos a la capital.

Por eso, en una canasta de un almacén de esa zona de la capital se pueden encontrar medias para niña de fabricación nacional por 1.900 pesos, al lado de un producto de la misma línea por el mismo precio ‘made in Indonesia’.

La docena, al por mayor puede salir en 18.000 pesos.

En materia de pantalones, un joven apostado en un descanso de las escaleras del GranSan, el centro comercial de la zona, explica que su oferta tiene jean marca propia DOM para niño a 24.000 pesos la docena, en tanto que uno importado puede estar en los 28.000 y si es un camuflado “chino del bueno" cuesta 30.000 pesos.

Dice que están disponibles todas las tallas y que no hay manera de ir a la fábrica del empresario que hace la marca propia, porque todo el trabajo es con satélites, es decir operarios independientes.

Medallo Jean’s, otro local de San Victorino, es un punto de un distribuidor autorizado para vender al por mayor y al detal la marca Axs Anexos.

Allí, la vendedora explica que el panorama de las ventas de las confecciones colombianas mejora últimamente porque sus precios son inferiores frente al precio de los jeans chinos, que ahora tienen que pagar más impuestos por las prendas que entran por Panamá, en referencia al polémico Decreto 074 que no ha tenido buen recibo de parte de los grandes comerciantes.

Muchos, distribuidores y clientes finales, logran mejores precios con los madrugones, jornadas de miércoles y sábado de 4 a 10 de la mañana en las que sobresale el movimiento de los negocios en efectivo.

'LEVANTA COLA SUBE LAS VENTAS'

Pero lejos de la coyuntura, lo que hace que el jean en particular, de marcas criollas, compita sin temores con los productos que vienen de China, es el mágico ‘levantacola’, un componente de la prenda que logra el realce femenino.

Así lo dice la joven empresaria Andrea Ramírez, propietaria de la firma AR Fashion Group, que desde hace siete años empezó a participar en el negocio del diseño, la fabricación y el comercio del jean.

Dice que pese a que es criticado por ser el símbolo de la cultura ‘traqueta’ es una bendición para los confeccionistas, porque los chinos no han podido copiar esa particularidad.

En Colombia y en Brasil es donde más avanzada está el desarrollo del jean con ‘levantacola’.

El molde colombiano, acompañado de un desarrollo productivo de bajo costo, con materiales económicos pero de calidad –incluso traído de la propia China- ha contribuido al crecimiento de las marcas colombianas.

Esencial Jeans y Motley Jeans son sus marcas ‘reina’ para dama.

Y acaba de sacar al mercado una línea dirigida al consumidor adulto que incluye jeans de tiro alto, blusas y chaquetas.

“Competir con el producto de China es la idea, y se ha logrado”, dice la empresaria que tiene dos locales en el Gran San y se alista para abrir en tres centros comerciales de la capital, aunque ya opera en Centro Mayor, en el sur de Bogotá.

Su producción anual es de 150.000 a 200.000 unidades, generando 65 a 70 puestos directos y unos 200 indirectos.

En camisetas, la empresaria Mónica Morales, quien también vende en el GranSan, tiene su marca Nun-k para hombres y Monedita de Oro para las mujeres. Además de la capital, también tiene sus productos en el popular Hueco de Medellín y en el centro de Cali.

La posibilidad de ajustarse a la moda ágilmente e innovar en diseños y materiales hace que el público prefiera el producto nacional, porque la oferta china está sujeta a la llegada de los contenedores que arriban con cupo completo y se comercializan hasta agotar existencias cada dos o tres meses.

Señala que con el paso del tiempo se tuvo que importar materiales de Perú, en vista de que la tela de ese país ofrecía unas 20 tonalidades diferentes a las que proponían los textileros colombianos.

“En mi línea de productos se puede competir con la producción china”, concluye la empresaria líder del Grupo NK.

VISIÓN DE EXPERTO

Camilo Herrera, miembro del Observatorio Económico de Inexmoda y presidente de Raddar, explica que el negocio de la ropa no se escapa de las importaciones asiáticas, pero a diferencia de líneas como la juguetería, el mercado local tiene cómo competirle con precio, calidad, moda y velocidad de producción en prendas que estén de moda.

Desde su perspectiva, “la gran competencia se ve en productos básicos como camisetas, jeans clásicos y calzado”.

Igualmente, destaca que se identifica en el consumidor colombiano preferencia por la producción local de marcas no tan conocidas en los tradicionales centros comerciales y menciona los casos de Tarrao (ropa interior), Xceso, LoJeans, Ushuaia y Truccos, entre otros.

Constanza Gómez G.
Redacción de Economía y Negocios

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