Team Sky se esforzó demasiado para convertirse en un negocio

Las compañías obsesionadas con los equipos deportivos de élite pueden aprender del caso de antidopaje.

Team Sky

El Team Sky ha sido uno de los equipos del ciclismo internacional más exitosos durante los últimos años, pero también ha protagonizado escándalos.

EFE

POR:
financial times
marzo 09 de 2018 - 07:51 p.m.
2018-03-09

No hay mejor ejemplo de la simbiosis entre los deportes y los negocios que el del Team Sky. El equipo ciclista europeo propiedad de Sky, la empresa de telecomunicaciones del Reino Unido por la cual Comcast ha ofertado 22.000 millones de libras, es la mezcla máxima de destreza deportiva y gerencialismo.

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El Team Sky actualmente tiene su reputación mancillada debido a la acusación de que manipuló las normas antidopaje a favor de los atletas, incluyendo a Sir Bradley Wiggins, el campeón olímpico y del Tour de Francia. Se dice que él usó un esteroide contra el asma para mejorar su rendimiento, en lugar de únicamente por una afección médica, un hecho que él niega.

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El caso no sólo es triste, sino que también muestra que el deporte de élite aprendió la lección equivocada de los negocios, cayendo en la trampa de extender los límites de lo que la ley permite en pos del enriquecimiento y de la gloria.

El Team Sky no es el único equipo en la búsqueda fanática del éxito, pero Dave Brailsford, el director del equipo, convirtió su enfoque empresarial en una ciencia. Su filosofía de rastrear cada aspecto del rendimiento -desde la mecánica hasta la psicología, y la dieta y los patrones de sueño para obtener miles de ‘ganancias marginales’- es rigurosamente profesional.

“Tenemos mucho que aprender de los negocios”, djo Sir Dave. Él es un devoto de los datos y del enfoque analítico popularizado por Billy Beane, el gerente General del equipo de béisbol Atléticos de Oakland cuyo éxito fue narrado en el libro ‘Moneyball’. Además de 30 ciclistas, el Team Sky cuenta con unos 70 empleados, incluyendo nutricionistas, médicos y un ‘científico del rendimiento’.

Las empresas, mientras tanto, han hecho cola para aprender lecciones de los deportes con el fin de intentar replicar cómo los equipos de élite aumentan el rendimiento. Lane 4, una consultoría de entrenamiento dirigida por Adrian Moorhouse, un exnadador olímpico del Reino Unido y ganador de una medalla de oro, ha citado un entusiasta respaldo de un cliente: “Comenzamos como un grupo de almas dispares; Hoy en día, somos un equipo motivado y alineado”.

Las compañías se sienten atraídas por tres cualidades del deporte, además del ‘encanto’ de mezclarse con las estrellas. Una es que los clubes son empresas relativamente pequeñas -incluso los mejores equipos de fútbol tienen ingresos de menos de 1.000 millones de euros - que compiten repetidamente en condiciones similares. De este modo, pueden conducir experimentos controlados en el ámbito de la psicología y de la gestión, mientras que la mayoría de las compañías carecen de este lujo.

En segundo lugar, los deportes giran en torno a los equipos. Incluso los atletas individuales a menudo emplean equipos de gerentes, entrenadores y médicos. Los entrenadores están involucrados con todo el grupo, en lugar de sólo reunir a personas talentosas vistiendo las mismas camisetas.

Esto intriga a los ejecutivos, quienes buscan obtener el efecto Köhler de aumentar el esfuerzo de las personas débiles colocándolas en equipos.

Por último, se dice que el deporte tiene reglas más estrictas que otras industrias:

“En el deporte, las reglas son generalmente claras y bien establecidas”, indicó un estudio. Eso representa un atractivo definitivo para las compañías que operan en mercados donde obedecer la ley no siempre equivale a actuar éticamente o a tener una buena reputación.

Las empresas a menudo compiten ferozmente por ‘ganar’ valiosos negocios, sólo para darse cuenta de que estaban actuando imprudentemente. Dominic Barton, el socio Gerente global de McKinsey, comenta que la consultora estaba tratando de encontrar la manera de devolver los honorarios provenientes de un contrato sudafricano con una empresa involucrada en un escándalo de corrupción.

Ésta es la repercusión del caso del Team Sky. El ciclismo se vio afectado por las acciones de Lance Armstrong, y la misión del Team Sky se convirtió en ‘ganar limpiamente’. Pero “la definición de limpieza no es tan simple como pudiera parecer”, indicó el informe. El comportamiento de Sir Bradley fue “poco ético pero no en contra de las reglas”, según Shane Sutton, un exentrenador del equipo.

Eso no suena tan diferente de la falta de claridad del mundo empresarial en cuanto a las regulaciones que les brindan a los competidores feroces la oportunidad de explotar ambigüedades. Esto hace que los gerentes no sólo sean responsables de lograr los mejores desempeños, sino también de ejercer juicio moral.

En el ciclismo, las reglas están llenas de áreas ambiguas, incluyendo el uso de certificados de exención que les permiten a los atletas tomar medicamentos, que de otro modo estarían prohibidos. El informe señaló la existencia de “abrumadora evidencia del uso de drogas para mejorar el rendimiento”.

El deporte necesita aprender la lección correcta de las empresas: que competir implica más que el entusiasmo de Sir Dave por la eficiencia y por el monitoreo riguroso del rendimiento. También significa reconocer que ganar no siempre conlleva una gloria duradera; las reputaciones se pierden fácilmente y son difíciles de recuperar. En cuanto a las compañías que se han obsesionado con el éxito deportivo y con la magia del trabajo en equipo, el caso del Team Sky representa un correctivo.


John Gapper

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