El traje chileno que no le gustó a Colombia

La historia detrás de las negociaciones del controvertido capítulo agrícola del TLC con EE. UU.

El TLC con EE. UU. se empezó a negociar en el Gobierno de Álvaro Uribe.

Archivo Portafolio.co

El TLC con EE. UU. se empezó a negociar en el Gobierno de Álvaro Uribe.

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diciembre 11 de 2013 - 02:27 p.m.
2013-12-11

El miércoles 6 de agosto del 2003, víspera de cumplirse el primer año de gobierno del presidente Álvaro Uribe, el entonces representante Comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, le dijo al primer mandatario: “el TLC con Chile es el traje hecho a su medida”.

A renglón seguido, explicó que un Tratado de Libre Comercio (TLC) es la eliminación completa de los aranceles que gravan todo el comercio bilateral –industrial y agrícola- en un plazo máximo de 10 años.

El escenario, uno de los salones de la Casa de Nariño. La audiencia, Uribe, su equipo económico y todo el gabinete ministerial.

Esa reunión fue el inicio formal del lanzamiento de la negociación del TLC entre Estados Unidos y Colombia.

Las palabras de Zoellick marcaron el tono, y las tensiones, de lo que sería el proceso negociador, que arrancó el 18 de mayo del año siguiente en Cartagena, y en el que también participaron Perú y Ecuador, que se retiró 11 meses después.

En diciembre del 2002, Estados Unidos y Chile concluyeron la larga negociación del TLC, de la cual el primer país extrajo el formato –‘el traje a la medida’- que ocho meses después su representante comercial le ofreció a Uribe.

Andrés Espinosa, jefe negociador del ministerio de Agricultura en los TLC, con Estados Unidos y con la Unión Europea, y la consultora Laura Pasculli, prepararon un documento para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – Cepal- (‘Visión agrícola del TLC entre Colombia y Estados Unidos: preparación, negociación, implementación y aprovechamiento’), que fue presentado a un pequeño grupo de interesados en el tema.

Esta es la primera vez que un negociador del TLC, en este caso de dos tratados y del rango que tuvo Andrés Espinosa, cuenta ‘su historia del tratado’ detrás de las negociaciones del acuerdo, o como lo dijo el director de la Cepal en Colombia, Juan Carlos Ramírez, “es la visión desde el sector agropecuario de estos dos grandes acuerdos comerciales”.

El investigador José Leibovich, quien en el 2003 era funcionario oficial, cree que “a esa historia todavía le faltan muchas piezas, porque esta es una versión muy particular del tema agrícola”, aunque calificó de “muy valioso” el trabajo mencionado para empezar a construir la historia reciente del país en este proceso de inserción internacional.

El más complejo de todos

La negociación arrancó en mayo del 2004 y terminó en el 2006, y siempre, anota Espinosa, el eje a nivel político, porque son negociaciones de carácter político, el tema agrícola fue el más complicado de todos.

Muestra de ello es lo expresado por Leibovich: lo más representativo del agro, a través de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), y la propia dirigencia del Ministerio de Agricultura, es que estaban totalmente en contra de la negociación del TLC en sus inicios. “Querían preservar un statu quo sobre protecciones, que aún hoy se mantienen en buena medida”, dijo.

Un día antes de la reunión con Zoellick en la Casa de Nariño, en un Consejo de Ministros, un grupo de funcionarios, entre los que se encontraba Leibovich, planteó que el sector agrícola podía, debía y era conveniente, hacer parte de la negociación, pues sin este sector ni siquiera arrancaría el proceso.

“Fue una reunión difícil, complicada, y el gobierno Uribe toma la decisión de dar ese paso. Entonces, la historia es mucho más compleja”, manifestó Leibovich, que a la sazón era el jefe negociador agrícola del ministerio de Comercio.

El Ministerio de Agricultura no compra el traje de Chile “porque nos quedaba muy chiquito”, según palabras de Espinosa. Entonces, consiguió 300.000 dólares con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), e inició un proceso de preparación del equipo negociador, que fue un modelo a nivel nacional e internacional. El Ministerio de Comercio hizo lo propio.

El problema era común: no había negociadores profesionales.

La estrategia definida por la cartera del agro estableció tres criterios para la negociación: que la agricultura fuera ganadora neta; que la agricultura no fuera moneda de cambio para conseguir concesiones en otros sectores, en particular en industria; y que se cumpliera con los tres principios constitucionales de Colombia: cualquier acuerdo internacional tiene que ser equitativo, recíproco y de conveniencia nacional.

El jefe negociador del agro rechaza las afirmaciones de algunos comentaristas y exministros de que la negociación se había demorado por culpa del Ministerio de Agricultura y por eso no se había podido aprobar oportunamente en el congreso estadounidense.

La realidad, explicó, es que Estados Unidos negoció muy duro con Colombia y esta es una prueba: en diciembre del 2005, a pocos meses del cierre, el 90 por ciento de los temas agrícolas seguían en la mesa; su equipo no hacía ninguna concesión y lo que temían algunos es que se cerrara la negociación como ellos lo exigían.

Hubo resistencia, se hicieron algunos intercambios. “Algunas cosas salieron bien, otras seguramente no tanto, pero al final cumplimos con los tres criterios que establecimos como estrategia para la negociación con Estados Unidos”, afirma Andrés Espinosa.

No sobra recordar que, por Colombia, la coordinación general de la negociación estaba en cabeza del ministerio de Comercio, dirigido entonces por Jorge Humberto Botero, y del jefe Negociador, Hernando José Gómez.

El arranque

El 18 de mayo se dio inicio en Cartagena a la primera de 14 rondas de negociación del TLC. En este y los siguientes encuentros, fue necesario acudir a intérpretes porque algunos miembros de la delegación colombiana no dominaban el inglés.

Ese, realmente,fue un inconveniente absolutamente menor ante una exigencia de Estados Unidos en la mesa agrícola, que implicaba que desde el día uno de vigencia del TLC, productos muy sensibles del agro andino (cerdo, maíz, soya, aceites crudos y refinados de soya, arroz y azúcar) quedarían sin arancel, poniendo en grave peligro estos subsectores.

Ante esa postura, a pocas horas de iniciada la ronda, entre los equipos andinos se alcanzó a contemplar la idea de levantarse de la mesa agrícola, lo cual se conjuró rápidamente.

Pese a que el mismo Zoellick había advertido que al cabo de los años el arancel de todos los productos llegaría a cero, esto solo se aplicó a Colombia, pues Estados Unidos excluyó al azúcar, que era de interés colombiano.

El tono utilizado por el funcionario en la reunión del 2003 con Uribe y su equipo se escuchó más de una vez en el transcurso del proceso.

Por ejemplo, cuando la negociadora agrícola Mary Lattimer notificó que el sector lácteo no sería negociado por los gobiernos sino por el sector privado, o cuando, precisa Espinosa, el embajador Allen Johnson le advirtió telefónicamente al entonces ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias que “si la porcicultura no se desgrava en cinco años, no hay TLC”. Este fue el plazo que quedó.

Al cierre de toda la negociación, hacia las cinco de la madrugada del 27 de febrero del 2006 en Washington, los productos más sensibles para Colombia (arroz, pollo, etc.) quedaron con plazos de desgravación considerados amplios por el equipo negociador, cupos de importación sin aranceles y salvaguardias automáticas de protección.

Previamente, para conseguir el apoyo de la SAC a la negociación agropecuaria, el Gobierno se comprometió con una ley para aportar 500.000 millones de pesos anuales durante una década para la reconversión productiva del campo y así nació Agro Ingreso Seguro (AIS), que luego sería el origen de un megaescándalo nacional porque, por cuenta de ella y triquiñuelas, familias ricas y poderosas y hasta reinas de belleza recibieron millonarios recursos públicos.

Plazo como arroz

José Leibovich no se siente “muy orgulloso ni muy honrado” de que haya quedado un plazo de 19 años, aproximadamente una generación, de desgravación (eliminación del arancel) para el arroz colombiano.

El experto cita un estudio reciente de Fedesarrollo, que muestra que el arroz pesa de manera muy importante en la canasta de consumo de colombianos, principalmente de los estratos más bajos. Afirma que si se pagara en Colombia un precio equivalente al internacional internado al país, sin la protección excesiva que aún tiene podrían salir de la pobreza más de 250.000 personas.

También llama la atención porque el cupo, que arrancó con 70.000 toneladas del grano libres de arancel y que aumenta cada año, es administrado con un mecanismo “bastante diabólico”: participa el gremio arrocero y hay una apropiación de la diferencia entre el precio al que importan y al que lo venden, sin que haya impacto alguno sobre los precios al consumidor.

El tono del 6 de agosto del 2003 del gobierno estadounidense se escuchó hasta en la madrugada del 27 de febrero del 2006, cuando se negoció el azúcar.

Andrés Espinosa cuenta cómo fueron estas horas finales del proceso: el equipo estadounidense indicó que a esa sesión solo podría asistir un grupo cerrado de negociadores de alto nivel de cada país. Estados Unidos leyó rápidamente la propuesta, que se mantendría vigente por pocas horas.

Con las notas de la reunión, el equipo de Colombia salió a las cuatro y media de la madrugada de ese día para compartir y concertar la respuesta colombiana con los representantes del sector privado nacional, que pacientemente y en gran número esperaban en un hotel cercano. Con base en esta consulta y en sus resultados, se procedió a su aceptación en las oficinas del Representante Comercial de Estados Unidos.

Minutos después, agregó Espinosa, “los equipos negociadores de ambas naciones brindaron con agua, café y soda por el cierre del TLC”.

Jorge Correa C.
Redacción de Economía y Negocios

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