Se vendieron 300.000 implantes mamarios de firma que quebró

Los dispositivos de esa empresa francesa, usados para aumentar el tamaño del busto femenino, son proclives a rupturas y han generado demandas en el Reino Unido.

Archivo Portafolio.co

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diciembre 22 de 2011 - 08:05 p.m.
2011-12-22

Cuando Amanda Harrison aumentó el tamaño de su busto en el 2006, los resultados le dieron la confianza que le habían quitado las burlas en la escuela por su escasa delantera. 

Ahora, ella cree que su autoestima subió a un costo terrible: años de una misteriosa enfermedad que le provocó debilidad, depresión e incapacidad para enfrentar la vida cotidiana. 

Harrison, actualmente de 40 años, es una de las cerca de 250 mujeres británicas que está efectuando una demanda en busca de una compensación luego de que se le colocaran implantes mamarios de dudosa seguridad fabricados por una empresa francesa que cerró en el 2010. 

Los implantes de gel de silicona de la francesa Poly Implant Prothese (PIP) parecen tener una tasa inusualmente elevada de ruptura, por lo que se está expandiendo el temor de posibles riesgos para la salud. 

Unos 300.000 implantes PIP, que se utilizan en cirugía estética para aumentar el tamaño del pecho o para reemplazar tejido mamario perdido, fueron vendidos en todo el mundo antes de que PIP se declarara en bancarrota el año pasado.

Investigadores franceses también hallaron que la compañía había usado una silicona industrial más económica para rellenar algunos de sus implantes. 

“Me hace sentir indignada”, dijo Harrison en una entrevista telefónica desde su casa en Ramsgate, en el sudeste de Inglaterra. 

“Es enfermizo que pudieran siquiera pensar en colocar esta cosa en una persona. Uno no se lo pondría ni a un animal. Es (como) rellenar un colchón, ¿cierto?”, señaló la mujer. 

Harrison estuvo feliz con sus implantes los primeros dos años, pero en el 2008 enfermó por primera vez en lo que sería una larga serie de condiciones debilitantes. 

En los siguientes tres años, la mujer contó que sufrió dolores punzantes en su pecho y bajo el brazo, problemas para respirar, dolor insoportable en el cuello y la espalda y otros síntomas que los médicos no podían explicar. 

Ella misma relata que estuvo internada en reiteradas ocasiones y sin poder trabajar. Finalmente dejó su empleo como directora de ventas publicitarias porque no podía con él.   

Este año, una serie de pruebas revelaron que uno de sus implantes mamarios, fabricado por PIP, se había roto. 

Los médicos reemplazaron sus implantes y los síntomas mejoraron, aunque Harrison todavía tiene problemas que según cuenta su cirujano sospecha que están relacionados con el ingreso de silicona en su tejido mamario. 

Desde entonces, la mujer ha investigado el escándalo PIP y es una de las cientos de británicas que buscan compensación de sus clínicas en los tribunales. 

“Estas clínicas dijeron, por ejemplo, que (los implantes) durarían 10 años, o en algunos casos que durarían toda la vida, y que no había posibilidad de filtraciones”, dijo Mark Harvey, abogado de las mujeres. 

“Por lo tanto, cuando se les aplicaron estos implantes que ahora sabemos que se rompieron, que no duraron 10 años o más (y) que sí tuvieron filtraciones, estos fueron incumplimientos de contrato y tienen que pagar compensación”, indicó Harvey desde su oficina en Cardiff. 

Una corte civil decidirá a mediados de enero si acepta la demanda de las mujeres.  Harrison, que aún toma antidepresivos y píldoras para dormir después de sus varios problemas de salud, dijo que ningún monto de dinero compensará el daño a su vida.  'No puedo tener de nuevo mi salud (...) Tengo un hijo pequeño al que ni siquiera puedo cuidar adecuadamente. No sé qué me depara el futuro', añadió la mujer.

REUTERS

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