La voz que puede cambiar el ‘ADN’ de los empresarios

Vea la historia de esta abogada, con una capacidad vocal sanadora, quien ha grabado dos discos, uno de los cuales fue nominado al Grammy el año pasado. Pero para ella, su logro más grande fue ayudar a curar el cáncer de su esposo.

Mónica Fúquen, musicoterapeuta.

Archivo particular

Mónica Fúquen, musicoterapeuta.

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septiembre 07 de 2015 - 08:11 p.m.
2015-09-07

“No sé ustedes qué están haciendo pero, lo que sea, continúen porque les funciona. Esto es un milagro”.

Desconcertado, el médico le daba la noticia a la abogada Mónica Fúquen: el tumor de 8 cm que su esposo tenía en el páncreas ya no era cancerígeno ni habían rastros de la enfermedad en el cuerpo.

La sorpresa del médico se debía a que, meses atrás, diversos exámenes aseguraron que el paciente sufría de un cáncer que suele ‘llevarse’ a quien lo sufre, en palabras del especialista.

Por eso, se había decidido someter al empresario colombiano Álvaro Pardo a una operación excesivamente delicada.

Mónica Fúquen sabía exactamente qué había salvado a su esposo: sonidos del alma, más conocidos en el mundo como ‘soul chanting’, aquellos a los que su voz decidió dedicarse y en lo que su esposo no creía. En este proceso, en el que ella repite incalzable fue una 'facilitadora', estuvieron trabajando de su mano el maestro espiritual iraní, Abdy Electriciteh; Santiago Rojas y su grupo de sanación; el ingeniero especializado en física cuántica, Valter Kühne, y "miles de personas que oraron por él", cuenta.

Incluso, Mónica llegó a confiar en su talento mucho después de haberse realizado como profesional y madre.

Cuando cantaba en la ducha o al calor de unos vinos, cuando hacía parte del coro de su escuela, esta mujer ni siquiera sospechaba que en sus cuerdas vocales estuviera el poder de conectar a quienes la rodeaban con su voz interior, esa que tiene entre sus manos nuestro propósito en la vida.

Estudió unos semestres de Comunicación Social, fue “el gancho perfecto” – como ella misma se define - para modelar y luego se convirtió en mamá y abogada. Trabajó para entidades privadas e hizo parte de la reelección de Álvaro Uribe en 2006 y de la campaña de Juan Manuel Santos en 2010.

En ese trasegar en tacones, llegó un día al consultorio de Abdy Electriciteh. “El sólo tocó mi garganta y yo empecé a emitir estos sonidos que, desde entonces, no he dejado de hacer”, asegura Fúquen.

Fue en aquel entonces, en 2008, cuando se dedicó a la musicoterapia. Dejó atrás una carrera profesional que avanzaba hacia el éxito, pero cambió todo y empezó a trabajar con su voz.

Así, la mezzo soprano produjo dos discos y, gracias a uno de ellos, el año pasado alcanzó la nominación a un Grammy como mejor álbum instrumental.

Ahora trabaja en su tercer disco, dejándose “embarazar por el universo”, para dar a luz la que completaría su primera trilogía musical.

Hoy sus terapias y proyectos siguen transformando historias de vida.

LA EXPLICACIÓN CIENTÍFICA

Contraria a la sensación de esoterismo y magia que le puede estar dejando el relato de Mónica, el trabajo de la colombiana tiene sustento científico y recurre a mecanismos ancestrales, como la terapia reiki.

Partiendo del hecho de que los seres humanos están compuestos entre un 60 % y 80 % de agua, Mónica explica que dicho sistema acuoso está compuesto por células que se modifican cuando tienen contacto con vibraciones en armonía, pues se transmiten esa nueva información una a la otra, como un estanque de agua en el que, el más mínimo roce con un objeto o sonido genera una espiral, un cambio en su composición: Dependiendo de la naturaleza de dicho contacto se da su cambio.

Fúquen está citando al doctor Masaru Amoto y su teoría sobre la memoria del agua.

Bruce Lipton, reconocido biólogo celular, es otro de los expertos que han teorizado sobre cómo cualquier persona puede transformar su ser al entender que funciona como una ‘bolsa de agua’: puede transformar sus células en torno a cambios que desea.

Con base en este conjunto de teorías, la musicoterapia ‘entra al juego’: su emisión de sonidos en armonía tienen la capacidad de cambiar al ser que se somete a esta. En palabras de Mónica, genera un estado de conexión con el ser interior. Hace que los miles de pensamientos que el hombre tiene a diario se decanten, generando tranquilidad, ‘limpiando’ la mente, y proporcionándole claridad y concentración.

Esta música no tiene idioma específico. Son silabas que se mueven en tonos, representaciones vocales que hace que las personas viajen con el sonido y “conecten con el corazón”.

Es utilizar la mente brillante con un corazón latente”, añade Mónica.

En las terapias, luego de hacer un diagnóstico y comprender qué temas se debe tratar con quien o quienes estén involucrados en el proceso, se inicia la transformación.

El único instrumento no es la voz de Mónica. Ella y sus colaboradores también se valen de la tambura, cuencos de cristal, cuencos de cuarzo, cuencos de metal tibetanos y de India, y campanas tibetanas.

Así, tras varias musicoterapias y reiki, el esposo de Mónica “comprendió el mensaje de su enfermedad y lo transformó”, asegura.

TERAPIA PARA ALTOS EJECUTIVOS

Formada en el mundo empresarial, Mónica tiene algo claro: “si tú tocas la cabeza de la empresa, tocas el punto correcto. La empresa es el reflejo de su líder”.

Para Fúquen, también es claro que hay una mentalidad preestablecida por cambiar: los empresarios no miran a sus empleados como seres humanos, sino como elementos para cumplir un fin.

“En ese orden de ideas, no generan contacto humano para que sus subalternos sean cooperativos, para que tengan un sentido de pertenencia natural por la compañía y puedan tener buenas relaciones con sus jefes. Las organizaciones pueden tener resultados con personas felices y, de hecho, maximizarlos”, asegura Mónica.

Por eso, dos de los segmentos a los que ha decidido enfocar sus terapias son talleres con altos ejecutivos y con grupos empresariales en los que se optimiza una comunicación asertiva, se libera a las personas del estrés y se genera una capacidad de decisión óptima.

“Yo he visto empresas grandísimas, como Crepes and Waffles, y la respuesta a su éxito es amor. Es precisamente lo que se genera de estos espacios: amor y confianza, un reconocer del individuo. Saber quién eres te permite ser el mejor”, afirma Mónica.

Fue en uno de los talleres grupales con una compañía colombiana cuyo nombre no quiso revelar, en donde una operaria de las que hizo parte de la terapia se acercó a ella.

Su hija de 14 años estaba embarazada y ella no estaba segura de cuál era la decisión correcta. Su hija quería abortar.

“Trabajé con ella. Hicimos una transformación muy bonita en que crecimos mucho la niña, el bebé y yo. Al final, ella decidió dar a luz al chiquito. Fue una determinación que tomó al reconocerse a ella misma como mamá”, cuenta Fúquen.

Mónica realiza de 5 a 6 terapias por día alternando su papel de ‘facilitadora’, como ella se etiqueta, con su rol de esposa y mamá.

'CURAR AL PAÍS DE SU CÁNCER'

Mónica siempre ha creído en la paz, pero jamás ha pensado que ésta se construye desde afuera. Para ella, empezamos a hacer paz cuando nosotros logramos hacerla en nuestro interior.

“El individuo toca al colectivo”, repite una y otra vez, con aquella voz cuya vibración pareciera tener el poder de derrumbar las paredes que la rodean.

“Somos velas y necesitamos reconocer esa luz. Para ello, debemos aquietar nuestro pensamiento, nuestro miedo. Saber que todo ese físico que duele tanto es porque no hemos podido conectarnos con esa luz. Porque sí hay guerra, si hay oscuridad y sí hay miedo. Todos somos una luz inmensa capaz de grandes transformaciones. En cualquier rincón del país hay llamitas de luz tratando de salir adelante”.

Después de trabajar en pro de la paz para un país en conflicto desde el sector público, no ha perdido el entusiasmo por seguir haciéndolo, pero ahora, utilizando su canto como su herramienta.

Sin revelar detalles, y con la discreción y serenidad con la que suelen caricaturizar a los monjes en el cine, Mónica confiesa que hace dos años y medio está trabajando con un colectivo de artistas para hacer pedagogía de la paz desde la música consciente con las comunidades.

Primero, quieren hacer un análisis de los sonidos propios de cada región, de sus necesidades y de sus dolores de guerra para luego poder transformarlos. “Estamos en conversaciones con organizaciones internacionales”.

Cuando la cuestionan sobre enseñar de paz en un país cuyas más recientes generaciones solo conocen de muerte y balas, ella sonríe, recordando el rostro de su esposo.

“¿Te acuerdas que te conté que Álvaro entendió el mensaje de su cáncer y lo transformó? ¿Qué decidió hacer de la Tierra su cielo? Es lo mismo”, puntualiza.

@GutierrezAnaMa

anagut@portafolio.co