Gestión de ética e integridad corporativas, en pañales

Pese a que se percibe una alta corrupción en el mundo empresarial, solo hay un reducido número de firmas que desarrollan programas para prevenirla.

Lina Escobar, Directora del programa Rumbo Empresas Íntegras y Transparentes.

Lina Escobar, Directora del programa Rumbo Empresas Íntegras y Transparentes.

Archivo particular.

Negocios
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Portafolio
julio 17 de 2016 - 05:01 p.m.
2016-07-17

En la última encuesta de percepción sobre corrupción realizada por Transparencia por Colombia entre miembros del mundo corporativo, el 91% dijo que consideraba cierto que hay empresarios que ofrecen sobornos.

El dato contrasta con el bajo número de compañías del país que cuentan con un programa de ética y lucha contra la corrupción, según se desprende de las palabras de Lina Escobar, directora del programa Rumbo Empresas Íntegras y Transparentes, de Transparencia por Colombia.

¿En qué consiste el programa?

Es una herramienta de manejo gerencial para el fortalecimiento de las prácticas éticas de las empresas, creada por Transparencia por Colombia en el 2005. Su objetivo principal es llevar la ética a la acción como modelo de gestión, y crear valor y confianza en las relaciones de negocio.

¿Y concretamente qué hace?

Lo que hace es medir el clima ético para ver cómo están las empresas en la autonomía moral y unos desempeños éticos que se valoran (liderazgo ético, canales de reporte y consulta, comunicación al servicio de la ética y percepción de las normas éticas dentro de la empresa). Partimos de los resultados del barómetro y aplicamos unos módulos para la construcción del sistema ético y de integridad de las compañías.

¿Para qué sirve?

No hay empresa sostenible si no es transparente. Los costos de la corrupción son muy altos y mantenerla es muy complicado. Un programa como estos lo que hace es blindar, fortalecer y prevenir, porque es más fácil prevenir que curar.

Los beneficios son varios: mejora la imagen corporativa, incrementa la productividad y la competitividad, igual que la toma de decisiones con sentido ético; favorece la generación y la implementación de buenas prácticas empresariales, incentiva la rendición de cuentas y el sentido de pertenencia por la empresa y contribuye a un entorno de negocios más éticos.

¿Qué es un canal de ética?

Hay que distinguir. Puede ser el canal por sí mismo: un buzón, un correo electrónico o una línea telefónica, y debe haber un doliente que se encargue de gestionarlo. Cuando se percibe por la investigación que puede haber hechos de corrupción o faltas éticas se activa el Comité de Ética, que debe estar conformado por personas de alto perfil, con poder decisorio para sancionar a las personas que incurran en una falta ética.
Pero algunas firmas hacen de las prácticas no éticas parte de su negocio.

Que se cumplan a cabalidad y no se queden en el papel depende de la voluntad de los directivos.

¿Qué aplicación tiene cuando muchas veces los propios gerentes están involucrados?

Lo que garantiza el éxito de estos instrumentos es la independencia y el posicionamiento estratégico que se les dé dentro de la compañía.

¿A veces agentes externos se encargan de esto?

Sí, de hecho hay firmas consultoras especializadas en manejar canales de reporte y consulta y no ponen la denuncia ante la empresa propiamente, sino en Londres o Estados Unidos, o donde quede su matriz, y allá la gestionan.

¿Cuántas empresas han adoptado la metodología?

Desde el 2005 han sido 800. Hoy día tenemos una alianza con Allianz Seguros, que aplica la metodología con 15 de sus proveedores. También, estamos finalizando un convenio con Terpel, que impacta a 14 proveedores de combustible a nivel nacional; y existen otras compañías que están tomando el programa de manera independiente, como Ingeniería Especializada, de Medellín.

¿No son muy pocas?

Sí, falta mucho, pero pienso que hay una conciencia interesante desde las grandes empresas, porque es un asunto que está muy amarrado a los temas de sostenibilidad y visión estratégica. Las compañías pequeñas tienen muchas preocupaciones, o primero buscan ser sostenibles financieramente para después implementar herramientas como esta.

¿Alguien está exigiendo esto para contratar?

A nivel interno, las grandes empresas lo toman como buena práctica para volver a contratar con el proveedor que adopte un programa como estos. Es como un punto de desempate, cuando quedan empatados. Y, aunque debería, no se está exigiendo en el entorno internacional.

¿Qué dividendo da entonces?

Hay varios. Por ejemplo, crea valor compartido, mejora la confianza en las relaciones de negocios, incrementa la competitividad y la productividad, previene riesgos de corrupción y permite llevar la ética como modelo de gestión.

¿Cuánto tarda en implementarse?

Este es un proceso que demora de 8 a 10 meses, y las empresas que quieren acceder a él tienen dos modalidades: o nos dicen “Yo no sé como fortalecer mi sistema de ética e integridad y ni siquiera sé si tengo un sistema de ética e integridad”, y nosotros aplicamos el sistema con ella. También hay grandes aliados que nos dicen: “Ya tengo un sistema ético y de integridad que es muy similar al programa pero, en mi ejercicio de responsabilidad social y desarrollo de proveedores, necesito que mi cadena de valor se fortalezca” y los financian para que tomen el programa.

¿Cuánto cuesta la corrupción empresarial?

Esto no se ha cuantificado, pero sí hay algo y es el costo reputacional, porque las empresas a las que tachas como corruptas caen y la rentabilidad se resiente. Si cotiza en bolsa, la acción inmediatamente cae, la gente ya no se quiere relacionar con esta ni contratar con ella. Pero no hay una fórmula exacta para medir los costos de la corrupción.

¿Sí se está dando por lo menos una sanción moral?


La idea es esa, porque la sanción social es la más efectiva hasta el momento. Porque si se miran las sanciones por corrupción… (se quedan cortas).