Jorge Pérez, el 'rey de los condominios' en Miami

Considerado uno de los mayores empresarios inmobiliarios en Estados Unidos, y quien ha sido socio de Donald Trump, recuerda hoy su paso por Colombia. 

Jorge Pérez

Pérez entró en el negocio inmobiliario en 1979 y ha construido cerca de 80.000 proyectos en Miami, Atlanta, Nueva York y Washington.

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POR:
 Ricardo ÁVILA
julio 18 de 2017 - 08:49 p.m.
2017-07-18

Entre Jorge Pérez y el presidente Donald Trump, existe hoy un grueso muro que los separa. En realidad es ideológico y nació, precisamente, a raíz de la propuesta del mandatario de construir una barrera que separa a México de Estados Unidos. “Que se puede hacer en dos años, claro que se puede. Que sigue siendo una estupidez, sigue siendo una estupidez”, sentencia Pérez.

Y eso que ambos son amigos, y socios durante la última década. El éxito en los negocios ha unido a estos dos magnates del ladrillo y el concreto: Pérez ha edificado cinco Trump Towers; tiene la capacidad para hacerlo sin pestañear. Por eso es considerado uno de los mayores constructores en el coloso del norte, y se encuentra entre los 500 hombres más ricos del mundo: según la lista de las mayores fortunas del planeta de la revista Forbes, el fundador y presidente de Related Group, la firma que creó en 1979, ocupó en el 2016 el puesto 495, con 3.300 millones de dólares.

Aunque Trump le ofreció cargos en su gabinete, su formación liberal, sumada a un espíritu artístico y paradójicamente social, lo obligó a rechazar cualquier participación en el actual gobierno. Eso, a pesar de que este empresario, nacido en Argentina y de raíces cubanas, tiene en Miami la sede de su prosperidad. En esa última ciudad –lo mismo que en Atlanta, Nueva York y Washington– ha construido cerca de 80.000 proyectos de viviendas, quizá por ello The Wall Street Journal lo bautizó el 'Rey de los condominios'.

Pérez entró en el negocio inmobiliario en 1979, luego de cambiar sus estudios en Economía por los de Planificación Urbana y tras proponerse hacer una carrera con enfoque social. Empezó construyendo viviendas que tenían este objetivo: mejorar las condiciones de vida de los más pobres en Miami.

Sin embargo, su formación profesional realmente comenzó cuando vivió en Bogotá y recorrió todo el país de la mano de su papá, quien durante el exilio –tras perder una magnífica herencia y unos laboratorios farmacéuticos en La Habana– trabajó como gerente de una compañía de este sector en Colombia. Rememorando este y otros temas, hoy el empresario comparte su historia en esta entrevista con Revista Portafolio.

El nombre de Jorge Pérez es conocido como el de un magnate de la finca raíz, pero no se sabe tanto qué parte de su historia tiene una rama en Colombia.

Mis padres eran cubanos. Mi papá era químico farmacéutico de la Universidad de Pensilvania y comenzó a trabajar en Costa Rica con una multinacional que luego lo nombró gerente en Argentina. Allí nacimos mi hermano y yo. Cuando mi abuelo murió, mi padre regresó a Cuba para reclamar la herencia, que era muy grande, y creó sus propios laboratorios. Pero en ese mismo año llega Fidel Castro y le expropia todo. Al exiliarnos, llegamos a Colombia, pero la idea era ir a Miami.

3.300 millones de dólares es la fortuna de Pérez, según la lista de los empresarios más ricos del planeta de la revista Forbes.

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¿Y qué ocurre acá?

Llego en 1960 y me gradúo en el colegio Nueva Granada en 1968. Gran parte de mi formación educativa se hizo acá, porque mi papá fue nombrado gerente de una compañía con la que le tocaba viajar por toda Colombia. Entonces, me iba con él cada vez que llegaba el verano. Me hice muy colombiano.

Pero no se quedó a vivir en el país…

Iba a estudiar en la Universidad de los Andes, pero cuando salí del colegio tenía una novia que se fue a Estados Unidos. Yo me dije: “Voy a seguirla”. De modo que salgo de Colombia y me voy por amor al país del norte. La seguí a todas las universidades en donde estuvo y finalmente nos graduamos juntos. De allí nos fuimos a Europa, en donde terminamos la relación. Menos mal que allá me vino el amor por la ciudad, por los sistemas urbanos. Gracias a esto estudié planificación urbana y me devolví a Estados Unidos, sin dejar de sentir afecto por Colombia. Todavía me queda mucho amor por el país: vengo, por lo menos, una vez al año, al salón de arte ArtBo.

Entre esa Colombia y la de hoy, cada vez se sorprende más, supongo…

Sin duda. Aún hay en Estados Unidos miedo a Colombia. Ese temor que nos hace pensar: “no iré a Bogotá porque me van a secuestrar”. El país continúa combatiendo el problema de violencia y de inseguridad urbana, y le falta acabar con ese estigma. Pero yo creo que el futuro acá será increíble.

¿Y ha invertido en Colombia?


Estoy pensando en hacerlo. Iba a invertir en Bogotá, pero no se pudo por problemas de medioambiente. Sin embargo, en Cartagena sí lo hicimos. Hace más de diez años compramos el colegio Jorge Washington, y lo trasladamos fuera de la ciudad para disponer del terreno y hacer dos condominios. No obstante, llegó el 2008 y, en medio de la crisis, lo vendimos. Hoy veo esa decisión como un error.

Volvamos en el calendario. Usted se gradúa en Estados Unidos y se va para Europa, pero allá cambia de carrera…

Yo era un tipo muy liberal e iba a estudiar economía en la Universidad de California y tenía mi beca para Berkeley. Un cura, mucho más liberal que yo, me influencia, al punto de que decido cambiar esa carrera por la de diseño urbano. Me voy a estudiar dos años
a Harvard y allí empezó mi carrera como planificador urbano. Si alguien hubiera oído antes que Jorge Pérez iba a ser hombre de negocios, se hubiera reído mucho.

Pero primero fue empleado público…

Sí, primero fui empleado público en la ciudad, pero haciendo planificación urbana, en Miami. Duré dos años.




Tower Trump

Los negocios unieron a Pérez y Donald Trump en los últimos 10 años.

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Cuando sale del sector público, ¿qué hace?

Me hicieron una oferta como consultor de bienes raíces y me dieron un puesto increíble a mis 28 años. En una ocasión me enviaron a Chile, en donde una constructora me dice que quiere hacer unas unidades en Miami y que les cuente cómo hacerlas. Le pido a esa compañía que no me pague, sino que me contrate después de la obra.
Los convencí de que me dieran el 10 por ciento del proyecto. Ganamos el concurso y, en vez de tomar el 10 por ciento de la sociedad, acepto dos proyectos de viviendas públicas en la Pequeña Habana. Así empezó mi empresa. Comencé con un socio de Nueva York, y ya llevamos casi 40 años de trabajo juntos. Hoy, él es dueño de la parte de Nueva York y yo, de la que está en Miami.

¿Siguen siendo socios?

Seguimos siendo socios en muchas cosas. Igualmente, somos muy amigos.

Cuando uno mira esas cuatro décadas, es fácil verlas casi como una línea recta ascendente, con excepción de la crisis del 2008.

Es cierto. Yo era un golden boy (chico dorado): nunca me tocó ir a un banco a pedir prestado dinero, venían diez de ellos a ofrecerme el préstamo. Empezamos la firma en 1979 y, hasta el 2009, nunca tuvimos un proyecto que no hubiera generado utilidades. Fue una suerte impresionante.

¿Eso no lo malcría a uno?

Claro, yo siempre digo que lo que más me enseñó la crisis del 2008 fue humildad.

“Donald Trump y yo somos amigos sociales. Hicimos varios proyectos juntos y nos llevábamos muy bien, pero nunca hablamos de política”.

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¿Cómo vivió la crisis, ¿La vio venir?

Sí. La vimos venir, pero no tan fuerte, ni tan rápida ni tan grande. Yo no empezaba nunca un proyecto si no tenía asegurado el contrapago del 90 por ciento. Incluso, el porcentaje de gente que no pagaba era apenas del 3 por ciento. Teníamos 2.000 millones de dólares en ventas y 1.500 millones en préstamos. Las ventas se fueron a cero: todo el mundo se echó para atrás.

¿Llegó a pensar que no saldría adelante?

Todos los días. Yo soy un exiliado y, cada vez que gano un dólar, 20 o 30 personal y de amigos para comprar mucha finca raíz, que estaba completamente devaluada. Luego la vendimos, ganando un dineral. Entonces, en un momento en el que estaba pensando en lo negativo, al tiempo debía tener a todo el mundo viendo lo positivo al adquirir esas propiedades. Nos
fue muy bien: les pagamos todo lo que pudimos a los bancos, que perdieron muy poco.

¿Alguna lección?


Aprendimos muchas lecciones, como la humildad. Uno nunca es más importante que el mercado. La otra lección es mirar el crecimiento de una forma mucho más realista y suponer que lo malo que puede pasar, puede pasar: mirar el peor escenario y ver que este todavía puede ser peor.

Jorge Pérez 2

Argentino, de raíces cubanas, Jorge Pérez llegó a Colombia en 1960.

archivo particular

¿Sería adecuado para usted el refrán de que ‘lo que no te mata te hace más fuerte’?

Sin duda. Sobre todo porque a la par de que pasaba por eso, me encuentran un tumor. Igual, estaba distraído tratando de resolver líos con el grupo directivo y los bancos.

Cuando uno mira su perfil y carrera, ve que tiene más de lo que necesita para vivir. ¿Por qué lo sigue haciendo?

No tiene que ver con el dinero. Uno es el legado: me encanta que se me considere una persona que hizo las ciudades donde intervino (Miami, Atlanta, entre otras); que marcó una diferencia en urbes en las cuales el carro no tiene tanta importancia, que son más sostenibles, en las que hay edificios mezclados con arte. Además, me siento actualizado en el tema y no quiero retirarme aún. Estoy en proceso de escribir un libro, en el que la temática tiene que ver con ‘cómo volver de la crisis’. Lo que quería era una biografía, pero decidí que no, porque eso es para los muertos: yo todavía estoy construyendo.

Es inevitable preguntarle cómo es ser socio de Donald Trump.

Donald Trump y yo somos amigos sociales. Hicimos varios proyectos juntos y nos llevábamos muy bien, y nunca hablamos de política. Entonces él me llama para decirme que va a ser candidato y que yo lo voy a apoyar. Le contesto que lo escuché y que estoy completamente en desacuerdo con todo lo que ha dicho. Me responde que soy su amigo, pero yo le argumento que también soy muy buen amigo de los Clinton y que estoy muy metido en su campaña.

¿Y entonces?

Me llamó su hija Ivanka, y alguien de la campaña Trump, pero yo no podía aceptar jugar en ambos lados. Después, mientras estoy en un viaje a México, me dicen que Trump ganó; lo pienso y le escribo un correo contádole que estoy en desacuerdo todavía con sus propuestas, pero que quiero que triunfe, porque lo bueno para el país es lo bueno para todos. Y que lo que necesite de mí, me lo pida. No me contesta más y luego me llama: me propone ser secretario del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, pero no acepto. Después me pide que sea el subsecretario, pero tampoco accedo. Entonces me habló de otro cargo, pero le aseguré que no quería pasarme unos años de la vida en peleas constantes.

¿En qué todo?

Frente a ello, hablé con varios medios de comunicación para confirmar que no quería esos cargos y tampoco hacer el muro con México, porque es de lo más estúpido que haya oído. Desde eso, no hemos vuelto a hablar. Espero que cambie y le deseo lo mejor, pero no puedo estar de acuerdo con temas como el calentamiento global, la eliminación del sistema de seguridad social de Obama, o permitir otra vez la perforación de hidrocarburos en zonas que no deben tocarse. Por eso debe estar resentido. Es un tipo que no tiene ni idea de gobernar.

¿Cree que tiene alguna viabilidad el impuesto de frontera?


Creo que no va a pasar. Lo que yo le sugería al Presidente de México, junto con Carlos Slim, es crear una comisión entre hombres de negocio de ese país y de Estados Unidos para conversar y hacer recomendaciones. Este tributo crearía una guerra económica que impactaría a ambas economías y a las de toda la región.

Volviendo al tema del desarrollo urbano, usted viaja a muchas ciudades de América Latina y encuentra, por un lado, una región con altas tasas de urbanización, pero a la vez altos grados de insatisfacción, como en Bogotá, sobre temas de seguridad, movilidad, ¿Estas urbes nuestras tienen arreglo?

Yo creo que sí. Recuerde que, económicamente, el flujo del campo a la ciudad sigue, con todos los problemas que tienen las metrópolis. Hay grandes inconvenientes de tráfico, pero, por ejemplo, Bogotá se conoce como una urbe donde se han hecho políticas que han mejorado el sistema urbano. Tenemos que adaptarnos a sistemas nuevos: que el carro no tenga tanta relevancia y los sistemas masivos se usen más, que las personas trabajen cerca (por medio de centros urbanos). Mientras más apoyemos esas estrategias, más fácil será vivir, porque estas frustraciones y esa pérdida de tiempo generan síntomas de depresión.

¿Cuál es la fórmula del éxito?

Encontrar algo con lo que te sientas apasionado. Cuando les hablo a estudiantes, les digo que no se metan en algo que no les guste. Para mí, el urbanismo y la finca raíz me encantan, y entonces me están pagando un dineral por lo que me encanta. La pasión por lo que haces es imprescindible para lograr las metas que quieres alcanzar.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio 

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