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La región recoge los frutos del éxito en el manejo económico
Abril 3 de 2011 - 10:25 am
Los países latinoamericanos muestran orgullosos que la receta para blindar sus economías funcionó.
Aunque a un ritmo lento, los países latinoamericanos y del Caribe encontraron una ruta que les permite sacar provecho de sus fortalezas y lograr acumular riqueza que garantice algún grado de protección frente a los cambios económicos en el entorno global. En efecto, palabras como hiperinflación, sobreendeudamiento, crisis de deuda, cambios de moneda y exceso de gasto, entre otros temas, van quedando atrás. Basta mirar las estadísticas que maneja la Cepal para corroborarlo. En 1990, la inflación fue de 1.377 por ciento. Con ese nivel de crecimiento de los precios se generaba un círculo vicioso que condenaba las naciones al subdesarrollo. Los problemas no eran sólo de crecimiento de precios, el nivel de endeudamiento era elevado y los costos de esas deudas parecían impagables. Así, la región cayó en lo que se llamó ‘la crisis de la deuda’ de 1982. Durante los años 60 y principio de los 70, en un contexto de auge del comercio internacional, los países de América Latina registraron un notable crecimiento en sus economías, con un auge de exportaciones que derivó en mejoras sustanciales de los términos de intercambio (saldos positivos entre exportaciones e importaciones); y a el surgimiento de un mercado internacional de dinero y de capitales a los cuales los países de la región tuvieron fácil acceso por la abundante disponibilidad y tasas bajas. Esa puerta de crédito “en tiempos en los que el papel del Estado era ser empresario, inversionista y administrador, provocaron un crecimiento considerable de las inversiones. No obstante, muchas de éstas se realizaron sin una evaluación juiciosa de las necesidades y potencialidades de cada país... razón por la cual no lograron contribuir al crecimiento económico en forma proporcional”, cita un documento del Celam. CAE EL PETRÓLEO La tendencia de dicho crecimiento se frenó en la segunda mitad de 1970 como consecuencia de la crisis de los precios del petróleo. Ello trajo recesión mundial, que obligó a varios países industrializados a adoptar severas medidas a fin de controlar la inflación mediante políticas monetarias que desembocaron en alzas en los intereses de corto plazo. Esos hechos produjeron una serie de cambios desfavorables para los países en desarrollo: sufrieron un deterioro importante en los términos de intercambio, y debieron asumir mayores costos de deuda externa, originados en los altos niveles de las tasas de interés de corto plazo, situación que desató la crisis de la deuda externa de 1982-83, en la que los déficit en cuenta corriente registraron un aumento considerable. En 1982, México declara la suspensión del servicio de la deuda externa, así los organismos internacionales iniciarían la suspensión de refinanciamiento de deuda de ese país y de otros en similar situación. En años posteriores a la crisis de 1982-83, las naciones en desarrollo se vieron obligadas a adoptar rigurosos programas de ajuste económico para buscar estabilidad económica y social, poder honrar los compromisos de la deuda, y con inflaciones disparadas. A fines de los ochenta, Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica y México habían reprogramado su deuda, consiguiendo reducir el pago de las amortizaciones y de los intereses gracias a la ampliación de los plazos de las obligaciones. Pero la historia comenzó a cambiar a partir de 1990: se volvieron obligatorias palabras como programas de ajuste, reducción del gasto, austeridad fiscal, e irrumpieron los denominados programas de estabilización y reestructuración económica. El cambio no fue milagroso, ni producto de una evolución natural; la región aceptó, a ‘regañadientes’ y con muchas reservas, la necesidad de aplicar políticas de liberalización de las economías al comercio internacional como estrategia para recuperar tasas más altas de crecimiento. Esa estrategia llegó desde el Fondo Monetario Internacional, y es lo que se conoce como el ‘Consenso de Washington’. Luego de ese camino, una inflación de dos dígitos se entiende como un castigo y se trata de corregir rápidamente. Las cifras de inversión extranjera directa que hasta 1990 eran menores a 10 por ciento, comenzaron a crecer a grandes pasos.
Inflación
Las cifras de inflación en la región eran escanda- losas. Por ejemplo, en 1972 Chile registraba un crecimiento de los pre- cios al consumidor anual de 508,05 por ciento; en 1989, Argentina daba una inflación de 4.924 por ciento, y en el mismo año, Brasil tocó el 1.972 por ciento. Perú rompe todos los récord al llegar, en 1990, a 7.650 por ciento. Los datos eran producto de la debilidad de estas economías.
El corralito bancario de argentina
En diciembre de 2001 el Gobierno argentino restringió la extracción de dinero de las entidades financieras, para evitar la fuga de capitales y la quiebra del país. En el 2000 enfrentó un déficit fiscal de 7.350 millones de pesos y una gran deuda externa, que inflaba el déficit fiscal. Además, mantenía paridad fija peso-dólar.
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