"Hacer la obra más emblemática del siglo XX y el XXI siempre es un buen negocio": Sacyr

El Presidente de la compañía a cago de la ampliación del canal de Panamá, Manuel Manrique, dice en confiar en que las reclamaciones salgan a su favor.

Manuel Manrique, presidente de Sacyr, firma que acabó de concluir la ampliación del canal de Panamá

Manuel Manrique, presidente de Sacyr, firma que concluyó la ampliación del canal de Panamá.

Manuel Manrique, presidente de Sacyr, firma que acabó de concluir la ampliación del canal de Panamá.

Negocios
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Portafolio
julio 14 de 2016 - 10:53 a.m.
2016-07-14

Manuel Manrique, presidente de Sacyr, empresa que lideró el Consorcio Grupo Unidos por el Canal (GUPC), que acabó de terminar la ampliación del canal de Panamá, habló con Portafolio sobre las polémicas que se crearon alrededor del proyecto.

¿Considera un buen negocio haber hecho la ampliación del canal de Panamá?

Hacer la obra más emblemática del siglo XX y el XXI siempre es un buen negocio.

¿Así hayan perdido dinero?

Todavía no se sabe, porque en los contratos anglosajones las diferencias entre el administrador y el constructor se dirimen en un arbitraje, el cual se lleva a cabo en Miami. Ya está decidido aproximadamente el 30 por ciento y falta un 70 por ciento. Si los resultados son similares a los que hemos tenido hasta ahora, saldremos bien.

Pero aún con las máximas reclamaciones ustedes perderían cerca de 500 millones de dólares...

Esas cifras no son ciertas. Yo no he visto que las cifras acierten. Las reclamaciones no se sabe cuándo finalizarán. Los presupuestos son procesos vivos, que cambian. No se cuenta que no hemos vendido la maquinaría, ni descontado todavía el coste de capital.
Créame, si las resoluciones de los arbitrajes son similares con los que tenemos al día de hoy, los cuales han sido entre 40 y 60 por ciento, y con una media ponderada del 52 por ciento hoy, la compañía saldrá bien, en cuanto a dinero.

¿Cómo son las cuentas de ustedes?

Hoy hay entre 3.500 y 4.000 millones de dólares en reclamaciones, que es lo que tiene que dirimir el tribunal de Miami. Si el resultado de esos arbitrajes es similar al de ahora, que es de 52 por ciento aproximadamente, el consorcio saldrá bien.

¿Salir bien es no perder?


Si sale bien es que sale bien, créemelo.

¿Por qué cree que hubo tanto ‘ruido’ alrededor del proyecto?


Porque cuando se planea la ampliación, lo hacen, piensan y preparan para las empresas americanas. Y venimos nosotros aquí y se lo ganamos en lo económico y lo técnico.

Hicimos un diseño que permite el paso de un barco más al día, son de 700.000 a 800.000 dólares, que al año son unos 250 millones de dólares más.

En Wikileaks se puede recoger todo lo que los americanos presionaron bajo todo punto de vista para quitarnos el contrato. La Embajada americana, las difamaciones financieras y técnicas. Que llegue un españolito y lidere el consorcio pues no es lo más fácil. Eso es un factor que hay que saber.

¿Ve mala fe en todas esas acusaciones?

Habrá de todo. No hablaron conmigo para explicar las cosas, como lo estás haciendo.

¿Por qué habla de difamaciones?

Totalmente. Fuimos difamados financiera, técnica y económicamente. Las intenciones no eran buenas.

Los acusan de que la oferta de ustedes fuera mil millones de dólares más barata para ganarse el contrato y después incluir los sobrecostos...

No fueron mil, fueron seiscientos. En la contratación había un presupuesto de referencia de 3.400 millones de dólares y ofertamos por 3.200. ¿Qué hubiera pasado si ofertamos 3.500 millones de dólares? Nos hubieran puesto en competición con Bechtel a ver quién bajaba a 3.400 millones de dólares. Hubiéramos perdido seguro, porque todo estaba pensado para los americanos.

¿Cuál es su versión del problema de comienzos de 2014, cuando la obra estuvo paralizada?

Todo mundo habla de sobrecosto, pero todavía no sabemos porque lo tiene que discutir un árbitro. ¿Sobrecosto de qué? No sabemos, si tienen que todavía resolverlo, no sabemos cuánto va a ser.

¿Entonces?


El contrato nuestro que es americano y en inglés, cuando el contratista es español y el administrador panameño, tiene un pecado y es que dice que la diferencia entre el administrador y el contratista se dirime en dos, tres o hasta cinco años. Lo que yo voy a cobrar lo sabré en el 2018 o en el 20, que es lo que ya me gasté en el 2012 o 2015.
Fue un problema de flujo de caja, no de sobrecosto. Lo que yo gasté lo voy a cobrar en dos o tres años y ese desfase es el problema.

Desde el primer día propuse que nosotros adelantábamos 800 millones de dólares para avanzar la obra y ellos otros 800, pero no lo aceptaron al principio y sí tres meses después cuando se llegó a un acuerdo. El que diga otra cosa le dice de mi parte que es mentira.

El matiz era que había un proceso electoral para elegir presidente del país.

¿Pensaron en esa época en algún momento en abandonar el proyecto?

Nunca he dejado ninguna obra en mi vida. No va en nuestros genes. La obra es de los dueños, el contratista es para construir. Hicimos una solución generosa en mi opinión. La solución que yo propuse al principio fue la que se resolvió.

¿Qué opina del reportaje del ‘New York Times’ en el que se cuestiona, entre otras cosas, la calidad del concreto?

Me gustaría tener enfrente al que escribió ese reportaje para explicarle todo. Ese artículo es de tal calaña, es de tal podredumbre, que estoy contestando entrando un poquito al trapo.

Pedro Vargas Núñez
Subeditor Portafolio