Las diferencias le darán fortaleza a la educación superior del país

El vicerrector de Uniminuto, padre Harold Castilla, habla de los retos que tiene la formación profesional. La universidad cuenta con 120.000 alumnos. 

Vicerrector general de Uniminuto, padre Harold Castilla.

Vicerrector general de Uniminuto, padre Harold Castilla.

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Negocios
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Portafolio
julio 25 de 2016 - 05:52 p.m.
2016-07-25

Un requisito para garantizar el éxito de la educación superior en Colombia es entender las diferentes realidades de las regiones y, por ende, entregar valores agregados diferentes a los graduandos que les permitan hacer la diferencia en el mercado como profesionales o como emprendedores.

Uniminuto hace parte de las 288 instituciones de educación superior que tiene el país. Es una obra del Minuto de Dios y configura una apuesta misional para dar oportunidad de educación a más gente.

Así lo señala el vicerrector general de Uniminuto, el padre Harold Castilla: “la universidad se ha dedicado a conocer las necesidades de educación del país y buscamos responder a los temas puntuales, como lograr inclusión social con la mejor preparación posible”.

Este centro educativo es el de mayor número de estudiantes de Colombia con 120.000 jóvenes en procesos de formación; su vicerrector habló con Portafolio.

¿Dónde está Uniminuto?


Tenemos presencia en muchos sitios del país y una metodología que nos permite ofrecer un 60 por ciento de la educación virtual y 40 por ciento presencial.

Estamos en Mitú, por ejemplo, somos una universidad nacional con enfoque regional. Así hacemos presencia en Casanare, el bajo Cauca, El Bagre, Tibú, por solo mencionar algunos puntos.

Esa Colombia recibe nuestro proyecto educativo y allí somos un factor de desarrollo de profesionales integrales y con compromiso social, de esta manera construimos país desde las regiones.

EL PAÍS AVANZA EN COBERTURA 

Hoy la educación superior tiene una cobertura del 49 por ciento, ahora en lo que tenemos que trabajar es en la calidad. Nosotros queremos que los graduandos tengan un proyecto de vida, que tengan valor y que creen valor. Para ello el conocimiento debe ser con calidad.

¿En qué están hoy?


Iniciamos un proceso de acreditación de los programas en las áreas presencial, técnica, tecnológica y profesional.

El próximo año celebraremos nuestro 25 años de fundación, lo que es un orgullo, y ya hoy ofrecemos programas de posgrado y maestría en comunicación, educación, desarrollo comunitario y ciudadanía, paz y desarrollo. Estamos formando doctores en convenios con universidades de España, EE. UU., Canadá.

Nosotros, como entidad de educación superior, miramos el contexto y cómo ese talento que estamos formando puede apoyar el proceso de desarrollo y que redunde socialmente. Incluyendo en nuestros estudiantes las competencias básicas que se requieren: emocional, comunicación, humana y ética.

Y el trabajo y la generación de empresa…


El emprendimiento y la empleabilidad hicieron que la universidad creará el Centro Progresa de empleabilidad y emprendimiento y allí se incluyeron las prácticas profesionales.

Lo que buscamos es que esa práctica tenga la opción de ser el primer empleo de los graduandos, además de ser parte del proceso formativo de los estudiantes esa es una forma de conectar la academia y el mundo real. Hoy día el centro lo estamos expandiendo y llevándolo a Bello, Cali, Ibagué, Neiva y al sur de Bogotá.

Aquí se trata de aprendices con ingresos. Además tenemos una bolsa de empleo.

En cuanto al emprendimiento tenemos una unidad especializada en configurar las ideas.

Hoy el 87 por ciento de nuestros egresados están vinculados laboralmente.

¿Cómo van en acreditaciones?


Nosotros venimos haciendo el curso para acreditarnos, con programas de alta calidad. Y hace cinco años entramos en acreditación institucional.

Además, estamos en proceso de evaluación del Consejo Nacional de Acreditación.
Nos parecen importantes los programas de acreditación porque son una apuesta para garantizar calidad y pertinencia.

Allí como país vamos a aprender que tenemos diferentes realidades y, por tanto, la educación debería apuntar a establecer diferencias en los valores agregados que los nuevos profesionales tienen.