Secuestro de marcas, otra forma de extorsión

En la última década la SIC ha conocido alrededor de 200 casos de ‘trolleo’ marcario en el país. Especialistas recomiendan denunciar y hacer monitoreo.

Con las tarjetas débito se dinamizarían las compras en línea.

Archivo Portafolio.co

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febrero 21 de 2017 - 12:02 a.m.
2017-02-21

Así como hay colombianos que contratan esquemas costosos de escoltas personales o invierten sumas importantes en asegurar bienes, ahora también deben asignar personal para cuidar que no se les roben o ‘secuestren’ sus marcas.

Este fenómeno, conocido como ‘trolleo’ (saboteo) marcario se ha convertido en un negocio ilícito y lucrativo en muchas partes del mundo y el país o es la excepción.

De hecho, de acuerdo con el delegado de Propiedad Industrial de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) –encargado de salvaguardar las marcas en el país–, José Luis Londoño, en la última década su entidad ha conocido unos 200 casos de sujetos (trolls) que dedican a identificar marcas conocidas pero que no han sido registradas en el territorio nacional y luego les piden dinero a cambio de no presentarles impedimentos para el uso.

A veces las víctimas son marcas nacionales, pero el otro modus operandi consiste en escanear, bien en viajes que hacen al extranjero o a través de internet, marcas potentes en otras plazas y que tienen probabilidad de ingresar a Colombia, de manera que cuando aquellos incursionan se les lanzan amenazando con demandas o en en petición de ‘rescate’.

Londoño señala que hay subregistro, ya que los afectados no ponen en su conocimiento la situación, pues a fin de no ver truncados sus planes de ingreso o de expansión del negocio, el pensamiento de muchos que caen en la trampa es que “mientras yo demando una acción de nulidad, voy al Consejo de Estado y pago abogados, me sale más barato negociar” directamente con el usurpador de la marca.

El caso más reciente conocido y fallado por la Súper fue el de un empresario que registró la marca de instrumentos musicales Washburn, muy famosa en Estados Unidos.

El asunto se pudo conocer porque uno de los requisitos para la obtención del derecho de usufructo sobre la marca es que se publique la petición durante 30 días con el fin de que si alguien tiene motivos para objetar el procedimiento lo haga. En ese tiempo, los verdaderos dueños se presentaron a hacer valer su derecho.

Y si bien no es extraño que personas o entidades, obrando de buena fe, traten de registrar marcas pensando que son originales, sin serlo, en esta ocasión se comprobó que la empresa de carácter unipersonal que hizo la petición no obró inocentemente, a juicio de la SIC. De hecho, desde el 2014 este ya había solicitado la propiedad de diez marcas de renombre en el país norteamericano.

Fin malicioso


En la resolución 3215, donde la directora de Signos Distintivos, María José Lamus, le niega su pretensión, argumenta que hay motivos para inferir que sabía de la existencia de la marca en el extranjero y añade: “Es posible deducir la intención … de apropiarse de esos signos pasando por alto el interés legítimo que terceros poseen sobre aquellos, teniendo como objetivo aprovecharse del prestigio de estos signos para comercializar los mismos productos”.

Londoño explica que el único fin de un ‘'troll' es impedirle la operación o buscar un acuerdo transaccional al dueño de la marca. Normalmente no desarrollan el producto sino que esperan pacientes a que llegue su víctima.

También, el año pasado, la Súper falló un caso que resulta emblemático porque le dio argumentos para buscar que el ‘trolleo’ se configure en conducta penal, pues hasta ahora lo único que pasa cuando se detecta un ‘troll’ es negarle la marca que solicita.

En el caso referido, el dueño de una compañía usó como calanchín a uno empleado al que hizo pasar por empresario, para registrar una marca de bebidas saludables, a sabiendas de que estaba próxima a arribar a Colombia.

Tan pronto se produjo su arribo al mercado local, llamaron a sus representantes a exigirles 800.000 dólares por no demandarlos. Luego los conminó a conciliación ante la Cámara de Comercio pero no asistía, y reforzaba su pedido con llamadas de supuestas personas que decían que alguien le estaba ofreciendo la marca en venta.

“Ahí habría fraude procesal, porque la persona claramente indujo en error a la Súper para tomar una decisión” errada al otorgarle la marca, anota el delegado Londoño, quien compulsó a la Fiscalía copias de la documentación relacionada con este proceso.

La búsqueda con fines maliciosos se facilita con la penetración de los medios de comunicación, que permite ver publicidad de otras latitudes.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es que, por la misma globalización, los organismos de control verificar mejor la información cuando alguien va a que le registren una marca y esta suscita sospechas.

Edwin Cifuentes, director del laboratorio forense de la firma Adalid, especializada en tramitación de marcas, advierte sobre la importancia de contar con equipos dedicados al monitoreo de posibles infracciones contra su marca, máximo cuando hoy día esta es contabilizada como parte importante de los activos de una compañía.

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