Miguel Gómez Martínez

¡Por fin!

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 28 de 2015
2015-10-28 03:08 a.m.
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Se pronunciaron en documento solemne los gremios económicos sobre la política de paz. ¡Por fin se dieron por entendidos! Hasta ahora, se habían limitado a asistir a sesiones de aplausos en Palacio y a declaraciones de apoyo al proceso. Parece ser que, finalmente, se dan cuenta de que el asunto es también con ellos. ¿Qué los hizo despertar?, ¿por qué cuando el proceso ya se encuentra en su recta final, deciden opinar sobre el mismo? Algunos creen que existe una gran división entre los gremios y que ha sido difícil lograr un consenso. Lo que está sucediendo es que al fin están entendiendo quién va a pagar por todo lo acordado en La Habana.

Mientras el tema era de buena voluntad, los empresarios prefirieron estar al margen. Pero a medida que se va conociendo la amplitud de lo negociado, empiezan a sufrir porque saben que serán años de impuestos para asumir los compromisos pactados. Porque, si en algo las Farc han sido claras, es que no pondrán un peso para la paz. Tal vez los empresarios creyeron que, en esta ocasión como en los otros procesos de paz con otros grupos, bastaría unas partidas presupuestales para cubrir las demandas de los insurgentes. Por fin entienden que el acuerdo toca temas delicados como la propiedad agraria, la responsabilidad penal del sector privado en la financiación de la guerra legal e ilegal, el sostenimiento económico de los desmovilizados, la posibilidad de renegociar tratados de comercio, las restricciones a la inversión privada en ciertos sectores de producción, el reequilibrio entre las fuerzas de capital y del trabajo, y tantos otros aspectos que están en los acuerdos y que tienen impacto sobre la vida empresarial.

Como la Iglesia, la universidad o las asociaciones profesionales, los gremios han creído que su papel en el proceso de paz es el de aplaudir lo que sucede en La Habana. Parten del supuesto, cada día más equivocado, de que estamos negociando la paz. En este proceso se ha ido muchísimo más lejos. Por ejemplo, quedó en evidencia con el show mediático de la firma del capítulo de justicia. Todavía hoy no sabemos lo que incluyen los 75 puntos negociados y firmados, pues el Gobierno no se atreve a comunicarlos porque sabe que generarían pánico en la sociedad y muchas inquietudes en las ONG y entidades internacionales de justicia.

La agenda de negociación del Gobierno es secreta. Eso es lo más peligroso. No hay un colombiano normal que conozca la realidad de lo que se ha acordado ni de las implicaciones de lo concedido. Entre el equipo negociador es evidente que hay unos que saben más que los otros.

Bien que los empresarios despierten porque se les viene un torrente de impuestos que son inevitables, pues la paz no tiene precio, pero sí tiene costo. Bien que se den cuenta de que no podrán pasar de agache, porque lo que sucede en La Habana no es un proceso de paz, sino una revolución negociada en una mesa, a espaldas del país y que deberá ser pagada por los ricos. Que no se hagan los bobos porque es con ellos –mejor dicho, con su plata– que todo esto será realidad.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com
 

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