Rodolfo Segovia S.

Verdad verdadera

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
julio 03 de 2015
2015-07-03 03:38 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc35d70138.png

El acuerdo sobre la Comisión de la Verdad Histórica ha pasado desapercibido, excepto como presunto encomiable mecanismo para destrabar la mesa en La Habana. La indiferencia con la noticia es quizá consecuencia de que Colombia hace rato dejó de recontar su historia para todos. A duras penas aparece por ahí el libertador Simón Bolívar, pero José María Córdoba y el sitio de Pablo Morillo a la heroica Cartagena, cuyo bicentenario se conmemora en unos meses, dejan frío a la mayoría.

Desde la invención de la asignatura Sociales, la historia pasó a hacer parte de un revoltijo, de manera que la nación no es ya la de los próceres, que la amasaron con su sangre, sino un equipo de fútbol de irregular fortuna. Y peor, si mañana se revisase el pénsum para restablecer el estudio de historia patria, no habría docentes preparados para enseñarla. Triste realidad que ha llevado a que la sirvan al desgaire y con plazo fijo en el plato de lo negociable. No lo es.

Los países que se quedan sin historia, se topan, no con tener que repetirla, sino con que se la reinventen. Asombra que, sin mayor debate, se haya acceptado una Comisión paritaria entre el Gobierno y las Farc para que diseñe estereotipos de nuevos buenos y malos. Solo a las Farc se les ocurre que la verdad histórica sale de comités, ellos que han sido especialistas en desconocer su propia y frondia realidad.

Las víctimas claman, y perciben el comité como el instrumento para que alguien reconozca culpas y pida perdón. Recurso equivocado. Van a aprender que la historia nova comienza con que el señor ‘Marulanda’, pacífico labriego, abrazó a Marx, como Pablo en el camino de Damasco, con la luz que le trajo el señor ‘Cano’ a Marquetalia para la redempción de Colombia.

En las fases siguientes, la Comisión de la Verdad Histórica podría derivar hacia la demostración de que antes de ese instante luminoso, en las montañas no existían sino tinieblas, aquelarres orquestados por agentes de la maldad. La sucesión de mandatarios colombianos, aunque prisioneros de la dialética marxista, vapuleó al pueblo hasta obligarlo a tomar las armas para, en la rebelión, construir la sociedad perfecta. Todos los métodos de lucha, aún las más horribles matanzas, eran permisibles como excusables gajes del narcoterrorismo. Son los otros los que deben declararse culpables y presentar excusas por oponerse a la llegada de la justicia y el socialismo. ¿Alarmismo? No. Respeto por cómo la historia moldea la psiquis de un Estado Nación.

El Gran Hermano, en el ‘1984’ de George Orwell, confiscaba la historia. Era criminal conservar archivos o simplemente tener memoria propia. Su contenido se fabricaba fresquito, como refinado instrumento de control social. Orwell predecía que el totalitarismo se apoderaría del pasado, para adobarlo y distorcionarlo a su guisa. Chávez y Bolívar. La primera piedra de la paz se asienta en no dejarse robar la historia por un comité paritario. Línea roja. Menos daño haría el darle a los cabecillas de la Farc asuetos en un spa.

Don Sancho Jimeno tenía muy claro que los Reyes Católicos habían legado lo que usufructuaban. Nada tenía de que arrepentirse (en su momento histórico). En nombre de la nación española, la de él, combatió por defender Cartagena de los piratas en 1687, de esos hermanos de la costa, especialistas en tortura y en distribuir lo ajeno.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado